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Testigos de Jehová

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LOS JÓVENES PREGUNTAN

¿Está mal que me preocupe tanto por mi apariencia?

 ¿Cómo me veo a mí mismo?

  1. ¿Cuándo estás a gusto con tu aspecto?

    • Nunca

    • A veces

    • Siempre

  2. ¿Qué es lo que menos te gusta de tu físico?

    • Mi estatura

    • Mi peso

    • Mi figura

    • Mi pelo

    • Mi cutis

    • Mi masa muscular

    • Otra cosa

  3. Completa la siguiente oración.

    Me acomplejo muchísimo cuando...

    • ... me peso en la báscula.

    • ... me miro al espejo.

    • ... me comparo con otras personas (amigos, modelos o artistas).

  4. Completa la siguiente oración.

    Me peso...

    • ... todos los días.

    • ... todas las semanas.

    • ... un par de veces al mes.

  5. ¿Con cuál de estos dos grupos te identificas?

    • Los que no están contentos con su apariencia, como Serena, que dice: “Odio verme en el espejo; siempre pienso que estoy gorda y fea. No me importa morirme de hambre con tal de adelgazar”.

    • Los que están contentos con su apariencia, como Natanya, quien comenta: “Siempre habrá algo que no te guste de ti, pero hay cosas que simplemente tendrás que aceptar. ¿De qué te sirve pensar todo el tiempo en algo que no puedes cambiar?”.

La Biblia le aconseja a uno que “no piense más de sí mismo de lo que sea necesario pensar” (Romanos 12:3). Así que, hasta cierto grado, es necesario pensar en uno mismo. Precisamente por eso nos lavamos los dientes y cuidamos otros aspectos de nuestra higiene.

Pero ¿y si tu imagen te tiene tan mal que no puedes dejar de pensar en eso? Entonces convendría que te hicieras esta pregunta:

 “¿Por qué no me gusta cómo me veo?”

A algunos jóvenes les afecta lo siguiente:

  • Los medios. “Te llueven imágenes de chicas superflacas y perfectas. Por eso, cualquier defecto que te encuentres te hace sentir horripilante.” (Kellie)

  • Los padres. “He visto que cuando una madre vive obsesionada con su imagen, la hija hace lo mismo. Y con los varones sucede igual.” (Rita)

  • La baja autoestima. “Quienes dan demasiada importancia a su apariencia siempre esperan que les eches flores para que puedan sentirse mejor. La verdad es que eso cansa.” (Jeanne)

Sin importar la razón, tal vez te preguntes esto:

 “¿Debería cambiar de look?”

Fíjate en lo que opinan otros jóvenes.

“Hay cosas de tu apariencia que no podrás cambiar. Por eso es mejor aprender a vivir con ellas. Si lo logras, seguramente los demás ni las notarán.” (Rori)

“Cuida tu salud. Eso te ayudará a verte lo mejor posible. Y si alguien te juzga por tu apariencia, en vez de valorarte por lo que eres, ese no es tu amigo.” (Olivia)

Conclusión: Trata de verte bien. Y no te preocupes demasiado por lo que no puedes arreglar; eso te hará daño (lee “ El caso de Julia”).

Sé realista y mantén una actitud equilibrada. Fíjate en lo que dice una muchacha llamada Erin: “Es cierto que a veces me siento un poco acomplejada, pero eso solo me pasa cuando me concentro en mis defectos. He visto que si hago ejercicio y me alimento bien, las cosas mejoran”.

 La mejor transformación

Si logras tener una opinión equilibrada de tu físico, no solo te sentirás bien, hasta te verás mejor. La Biblia te puede ayudar a conseguirlo. Mira los consejos que da:

  • Trata de estar satisfecho. “Es mejor ser feliz con lo que se tiene que querer siempre tener más y más. Ese afán [...] no tiene sentido. Es como tratar de atrapar el viento.” (Eclesiastés 6:9, La Palabra de Dios para Todos.)

  • Haz ejercicio, pero sin exagerar. “El ejercicio del cuerpo sirve para algo.” (1 Timoteo 4:8, Versión Popular, 1983.)

  • Sé bello por dentro. “El simple hombre ve lo que aparece a los ojos; pero en cuanto a Jehová [Dios], él ve lo que es el corazón.” (1 Samuel 16:7.)

“Nuestro rostro refleja lo que pensamos de nosotros mismos. Cuando estás satisfecho contigo mismo, los demás lo notan y se sienten atraídos a ti.” (Sarah)

“Si eres bella por fuera, captarás de inmediato la atención. Pero lo que hará que la gente te recuerde con cariño es lo que eres por dentro, tus buenas cualidades.” (Phylicia)

También puedes leer Proverbios 11:22, Colosenses 3:10, 12 y 1 Pedro 3:3, 4.