Juan 7:1-52

7  Después de esto, Jesús siguió recorriendo* Galilea porque prefería no andar por Judea, ya que los judíos estaban buscando una oportunidad para matarlo.+  Ahora bien, se acercaba la fiesta judía de los Tabernáculos.+  Por eso sus hermanos+ le dijeron: “Sal de aquí y vete a Judea para que tus discípulos también vean las obras que haces.  Porque, cuando uno quiere que todos lo conozcan, no hace nada en secreto. Si tú haces estas cosas, muéstrate al mundo”.  En realidad, sus hermanos no demostraban fe en él.+  Entonces, Jesús les dijo: “Mi tiempo todavía no ha llegado,+ pero para ustedes cualquier tiempo es bueno.  El mundo no tiene motivos para odiarlos a ustedes, pero a mí me odia porque yo doy testimonio de que las cosas que hace son malas.+  Suban ustedes a la fiesta. Yo aún no voy a subir a esta fiesta, porque mi tiempo todavía no ha llegado”.+  Les dijo esto y se quedó en Galilea. 10  Sin embargo, una vez que sus hermanos subieron a la fiesta, él también subió, pero no lo hizo abiertamente, sino en secreto. 11  Así que los judíos se pusieron a buscarlo en la fiesta y a decir: “¿Dónde estará ese hombre?”. 12  Entre las multitudes había mucha gente cuchicheando sobre él. Algunos decían: “Es una buena persona”. Otros decían: “No, no lo es. Lo que hace es engañar a la multitud”.+ 13  Pero, claro, nadie se atrevía a hablar de él en público por miedo a los judíos.+ 14  A la mitad de la fiesta, Jesús subió al templo y se puso a enseñar. 15  Los judíos estaban asombrados y decían: “¿Cómo sabe este hombre tanto de las Escrituras,+ si no ha estudiado en las escuelas?”.+ 16  Entonces Jesús les contestó: “Lo que yo enseño no es mío, sino del que me envió.+ 17  Si alguien desea hacer la voluntad de Dios, sabrá si lo que yo enseño viene de Dios,+ o si son mis propias ideas. 18  El que enseña sus propias ideas busca su propia alabanza,* pero el que busca que alaben al* que lo envió+ es fiel a* la verdad, y no hay injusticia en él. 19  Moisés les dio la Ley,+ ¿no es cierto? Pero ni uno de ustedes obedece la Ley. ¿Por qué intentan matarme?”.+ 20  La multitud le contestó: “¡Tienes un demonio!*+ ¿Quién intenta matarte?”. 21  Entonces, Jesús les dijo: “Hice una sola cosa y todos ustedes se quedaron sorprendidos. 22  Piensen en esto: Moisés les dio la circuncisión+ (aunque en realidad no viene de Moisés, sino de sus antepasados)+ y ustedes circuncidan a un varón en sábado. 23  Si circuncidan a un varón en sábado para no desobedecer la Ley de Moisés, ¿cómo es que se ponen tan furiosos conmigo por curar totalmente a un hombre en sábado?+ 24  Dejen de juzgar por las apariencias: sean justos cuando juzguen”.+ 25  Entonces algunos de los habitantes de Jerusalén se pusieron a decir: “Este es el hombre a quien intentan matar, ¿no es cierto?+ 26  Pero, mira, ahí está hablando delante de todos y no le dicen nada. ¿Será que nuestros gobernantes se han convencido de que él es el Cristo? 27  Pero no; nosotros sabemos de dónde es este hombre,+ y cuando venga el Cristo nadie sabrá de dónde es”. 28  Entonces Jesús dijo con voz fuerte mientras enseñaba en el templo: “Ustedes me conocen y saben de dónde soy. Pero yo no vine por mi propia cuenta.+ El que me envió es real, y ustedes no lo conocen.+ 29  Yo sí lo conozco,+ porque vengo como representante suyo y fue él quien me envió”. 30  Por eso comenzaron a buscar la manera de atraparlo,+ pero nadie pudo ponerle las manos encima porque todavía no había llegado su hora.+ 31  Aun así, muchos de los que estaban allí pusieron su fe en él+ y decían: “Cuando venga el Cristo, él no va a hacer más milagros* de los que ya ha hecho este hombre, ¿verdad?”.+ 32  Los fariseos oyeron a la multitud cuchicheando estas cosas sobre él. De ahí que ellos y los sacerdotes principales mandaran guardias para arrestarlo. 33  Jesús entonces le dijo a la gente: “Estaré con ustedes un poco más de tiempo antes de ir a quien me envió.+ 34  Ustedes me buscarán, pero no me encontrarán. No pueden ir adonde yo esté”.+ 35  Así que los judíos comentaban entre ellos: “¿Adónde piensa ir este, para que no podamos encontrarlo? ¿No pensará irse con los judíos esparcidos entre los griegos y enseñarles a los griegos? 36  ¿A qué se refería cuando dijo ‘Ustedes me buscarán, pero no me encontrarán. No pueden ir adonde yo esté’?”. 37  El último día, el gran día de la fiesta,+ Jesús se puso de pie y dijo con voz fuerte: “Si alguien tiene sed, que venga a mí y beba.+ 38  Si alguien pone su fe en mí, ‘de lo más profundo de su ser saldrán ríos de agua viva’, tal como dicen las Escrituras”.+ 39  Ahora bien, con esto se estaba refiriendo al espíritu, que iban a recibir los que pusieran su fe en él. Y es que aún no se había recibido el espíritu,+ porque Jesús todavía no había sido glorificado.+ 40  Al oír estas palabras, algunos de la multitud se pusieron a decir: “Está claro que este es el Profeta”.+ 41  Otros decían: “Este es el Cristo”.+ Pero algunos decían: “El Cristo no puede venir de Galilea, ¿verdad?+ 42  ¿No dicen las Escrituras que el Cristo sería de la descendencia de David+ y que vendría de Belén,+ la aldea de donde era David?”.+ 43  Así que entre la multitud se produjo un desacuerdo acerca de él. 44  Y algunos de ellos querían arrestarlo, pero nadie pudo ponerle las manos encima. 45  Entonces los guardias volvieron adonde estaban los sacerdotes principales y los fariseos. Estos últimos les preguntaron: “¿Por qué no lo trajeron?”. 46  Los guardias les respondieron: “¡Nunca ha hablado así ningún hombre!”.+ 47  Pero los fariseos les dijeron: “¿No se habrán dejado engañar ustedes también? 48  ¿Acaso alguno de nuestros gobernantes o de los fariseos ha puesto su fe en él?+ 49  Pero esta multitud que no conoce la Ley es gente maldita”. 50  Nicodemo, que anteriormente había ido a ver a Jesús+ y que era uno de ellos, les dijo: 51  “Según nuestra Ley, no se puede juzgar a alguien sin antes escucharlo y saber bien lo que está haciendo, ¿no es cierto?”.+ 52  Al oír esto, ellos le dijeron: “¿Tú no serás también de Galilea, verdad? Investiga y verás que de Galilea no puede salir ningún profeta”.+

Notas

O “caminando por”.
Lit. “gloria”.
Lit. “la gloria del”.
O “dice”.
O “¡Estás poseído por un demonio!”, “¡Estás endemoniado!”.
Lit. “señales”.

Notas de estudio

los judíos. En el Evangelio de Juan, este término tiene sentidos diferentes dependiendo del contexto. Puede referirse tanto a los judíos o los habitantes de Judea en general como a los que vivían en Jerusalén y sus alrededores. También puede ser más específico y referirse a los judíos que seguían fanáticamente las tradiciones humanas relacionadas con la Ley mosaica, que con frecuencia eran contrarias al espíritu de esa ley (Mt 15:3-6). En este último grupo sobresalían los líderes religiosos que se oponían a Jesús. Aquí y en algunos otros casos donde aparece este término en el capítulo 7 de Juan, el contexto indica que se habla de los líderes religiosos judíos (Jn 7:13, 15, 35a). Ver glosario, judío.

la fiesta judía de los Tabernáculos. O “la fiesta judía de las Cabañas”. Esta es la única vez que se menciona esta fiesta en las Escrituras Griegas Cristianas. Aquí se refiere a la que se celebró en el otoño del año 32 de nuestra era. Ver glosario, Fiesta de las Cabañas, y apén. B15.

los judíos. En el Evangelio de Juan, este término tiene sentidos diferentes dependiendo del contexto. Puede referirse tanto a los judíos o los habitantes de Judea en general como a los que vivían en Jerusalén y sus alrededores. También puede ser más específico y referirse a los judíos que seguían fanáticamente las tradiciones humanas relacionadas con la Ley mosaica, que con frecuencia eran contrarias al espíritu de esa ley (Mt 15:3-6). En este último grupo sobresalían los líderes religiosos que se oponían a Jesús. Aquí y en algunos otros casos donde aparece este término en el capítulo 7 de Juan, el contexto indica que se habla de los líderes religiosos judíos (Jn 7:13, 15, 35a). Ver glosario, judío.

los judíos. Aquí el término puede tener un sentido más general y referirse a la gente que estaba en Jerusalén para la Fiesta de los Tabernáculos. Pero también puede referirse a los líderes religiosos judíos. Ver la nota de estudio de Jn 7:1.

los judíos. En el Evangelio de Juan, este término tiene sentidos diferentes dependiendo del contexto. Puede referirse tanto a los judíos o los habitantes de Judea en general como a los que vivían en Jerusalén y sus alrededores. También puede ser más específico y referirse a los judíos que seguían fanáticamente las tradiciones humanas relacionadas con la Ley mosaica, que con frecuencia eran contrarias al espíritu de esa ley (Mt 15:3-6). En este último grupo sobresalían los líderes religiosos que se oponían a Jesús. Aquí y en algunos otros casos donde aparece este término en el capítulo 7 de Juan, el contexto indica que se habla de los líderes religiosos judíos (Jn 7:13, 15, 35a). Ver glosario, judío.

los judíos. Al parecer, aquí se refiere a los líderes religiosos judíos. Ver la nota de estudio de Jn 7:1.

los judíos. En el Evangelio de Juan, este término tiene sentidos diferentes dependiendo del contexto. Puede referirse tanto a los judíos o los habitantes de Judea en general como a los que vivían en Jerusalén y sus alrededores. También puede ser más específico y referirse a los judíos que seguían fanáticamente las tradiciones humanas relacionadas con la Ley mosaica, que con frecuencia eran contrarias al espíritu de esa ley (Mt 15:3-6). En este último grupo sobresalían los líderes religiosos que se oponían a Jesús. Aquí y en algunos otros casos donde aparece este término en el capítulo 7 de Juan, el contexto indica que se habla de los líderes religiosos judíos (Jn 7:13, 15, 35a). Ver glosario, judío.

Los judíos. Aquí parece que se habla de los líderes religiosos judíos, en vista de lo que Jesús les pregunta en el versículo 19: “¿Por qué intentan matarme?”. Ver la nota de estudio de Jn 7:1.

Escrituras. Lit. “escritos” o “letras”, es decir, las letras del alfabeto. La expresión literal “saber letras” es una frase hecha que significa tener conocimientos de los escritos, los libros o la literatura en general. En este contexto, parece referirse a saber de las Escrituras inspiradas.

si no ha estudiado en las escuelas. O “si no ha recibido instrucción”. Lit. “no habiendo aprendido”. No era que Jesús no tuviera ninguna instrucción, sino que no había estudiado en las escuelas rabínicas de educación superior.

son mis propias ideas. O “hablo por mi propia iniciativa”. Lit. “hablo por mí mismo”. Jesús era el principal representante de Dios, así que siempre escuchaba la voz de Jehová y decía lo que él le mandaba.

circuncidan [...] en sábado. Bajo la Ley mosaica, era obligatorio circuncidar a los varones al octavo día de nacer (Le 12:2, 3). Este mandato se cumplía aun si tocaba hacerlo en un día tan sagrado como el sábado. Ver glosario, circuncisión.

nuestros gobernantes. Aquí se refiere a los gobernantes judíos. Cuando Jesús estaba predicando en la tierra, Israel estaba bajo el control del Imperio romano. Aun así, los romanos les concedían a los judíos cierto grado de autoridad sobre sus asuntos. El principal grupo de gobernantes judíos era el Sanedrín, que era un consejo compuesto de 71 ancianos, entre los que se encontraba el sumo sacerdote. Ver glosario, Sanedrín.

vengo como representante suyo. Lit. “estoy a su lado”. Aquí se usa la preposición pará (lit. “al lado de”, “de parte de”), que destaca que Jesús no solo viene de parte de Dios, sino que está muy cerca de él. Por eso se puede decir que Jesús es un “representante” de Dios.

guardias. Eran agentes de una policía religiosa que había en el templo de Jerusalén. Es probable que trabajaran para el Sanedrín y que estuvieran bajo la autoridad de los sacerdotes principales.

los judíos. En el Evangelio de Juan, este término tiene sentidos diferentes dependiendo del contexto. Puede referirse tanto a los judíos o los habitantes de Judea en general como a los que vivían en Jerusalén y sus alrededores. También puede ser más específico y referirse a los judíos que seguían fanáticamente las tradiciones humanas relacionadas con la Ley mosaica, que con frecuencia eran contrarias al espíritu de esa ley (Mt 15:3-6). En este último grupo sobresalían los líderes religiosos que se oponían a Jesús. Aquí y en algunos otros casos donde aparece este término en el capítulo 7 de Juan, el contexto indica que se habla de los líderes religiosos judíos (Jn 7:13, 15, 35a). Ver glosario, judío.

los judíos. Como en este contexto se menciona a los sacerdotes principales y a los fariseos (Jn 7:32, 45), parece que aquí “los judíos” son los líderes religiosos. Ver la nota de estudio de Jn 7:1.

los judíos esparcidos. Lit. “la diáspora”, “la dispersión”. En este contexto, se usa la palabra griega diasporá para referirse a los judíos que vivían fuera de Israel. Esta dispersión o diáspora se produjo cuando los judíos fueron desterrados por las naciones que los conquistaron: primero los asirios en el siglo octavo antes de nuestra era, y luego los babilonios en el siglo séptimo antes de nuestra era (2Re 17:22, 23; 24:12-17; Jer 52:28-30). Solo un pequeño grupo regresó a Israel; el resto permaneció esparcido (Is 10:21, 22). Para el siglo quinto antes de nuestra era, parece que había comunidades judías en las 127 provincias del Imperio persa (Est 1:1; 3:8). En Jn 7:35, se usa esta expresión para hablar específicamente de los que se encontraban “entre los griegos”. En el siglo primero, había judíos en muchas comunidades de habla griega fuera de Israel, como por ejemplo en Siria, Asia Menor y Egipto, así como en la parte europea del Imperio romano, lo que incluía Grecia y Roma. Gracias a los esfuerzos de los judíos por hacer conversos, con el tiempo muchas personas llegaron a conocer a Jehová y la Ley que él les dio (Mt 23:15). Para el Pentecostés del año 33 de nuestra era, había en Jerusalén judíos y prosélitos de muchas naciones que pudieron escuchar las buenas noticias acerca de Jesús. De modo que la dispersión de los judíos por todo el Imperio romano contribuyó a la rápida expansión del cristianismo.

la fiesta judía de los Tabernáculos. O “la fiesta judía de las Cabañas”. Esta es la única vez que se menciona esta fiesta en las Escrituras Griegas Cristianas. Aquí se refiere a la que se celebró en el otoño del año 32 de nuestra era. Ver glosario, Fiesta de las Cabañas, y apén. B15.

El último día. Se refiere al séptimo día de la Fiesta de los Tabernáculos (o la Fiesta de las Cabañas), es decir, el 21 de tisri. Lo llamaban “el gran día de la fiesta” (Dt 16:13). Ver la nota de estudio de Jn 7:2, el glosario, Fiesta de las Cabañas, y el apén. B15.

la fiesta judía de los Tabernáculos. O “la fiesta judía de las Cabañas”. Esta es la única vez que se menciona esta fiesta en las Escrituras Griegas Cristianas. Aquí se refiere a la que se celebró en el otoño del año 32 de nuestra era. Ver glosario, Fiesta de las Cabañas, y apén. B15.

saldrán ríos de agua viva. Es posible que Jesús estuviera aludiendo a una costumbre que formaba parte de la Fiesta de los Tabernáculos, o Fiesta de las Cabañas. Consistía en sacar agua del estanque de Siloam y, con un recipiente de oro, derramarla sobre el altar durante el sacrificio de la mañana al mismo tiempo que se derramaba vino (ver la nota de estudio de Jn 7:2, el glosario, Fiesta de las Cabañas, y el apén. B15). Aunque esta costumbre no se menciona en las Escrituras Hebreas porque se añadió con el tiempo, la mayoría de los expertos opina que esta ceremonia se realizaba los siete primeros días de la fiesta, pero no el octavo, cuando había una asamblea solemne. Como el primer día de la fiesta era un sábado, el agua se sacaba del estanque de Siloam el día anterior. Los demás días, el sacerdote tenía que ir al estanque a recoger el agua con una jarra de oro y volver a tiempo para derramarla cuando los sacerdotes pusieran las piezas del sacrificio sobre el altar. Cuando cruzaba la Puerta del Agua y entraba en el Patio de los Sacerdotes, tres toques de trompeta anunciaban su llegada. Luego se derramaba el agua en un recipiente que la conducía a la base del altar, al mismo tiempo que se derramaba el vino en otro recipiente. Entonces empezaba a oírse la música del templo y se cantaban los salmos de Hallel (Sl 113-118) mientras los que allí estaban agitaban hojas de palmera en dirección al altar. Puede que esta ceremonia les recordara a los alegres participantes las palabras proféticas de Isaías: “Con mucha alegría ustedes sacarán agua de los manantiales de la salvación” (Is 12:3).

tal como dicen las Escrituras. No parece que Jesús estuviera citando de un versículo específico, sino aludiendo a versículos como Is 44:3; 58:11 y Zac 14:8. Más de dos años antes, cuando habló con la samaritana del “agua viva”, Jesús se concentró en los beneficios de recibirla (Jn 4:10, 14). Pero en este versículo Jesús explica que esa agua saldría de los que pusieran su fe en él y la compartieran con otros (Jn 7:37-39). En las Escrituras Griegas Cristianas, hay muchas pruebas de que los discípulos de Jesús, a partir del momento en que recibieron espíritu santo en el Pentecostés del año 33, se sintieron motivados a compartir esta agua que da vida con todos los que quisieran escuchar (Hch 5:28; Col 1:23).

Y es que aún no se había recibido el espíritu. Lit. “Y es que aún no había espíritu”. En este versículo aparece dos veces la palabra griega para “espíritu” (pnéuma) y se refiere al espíritu santo de Dios, o su fuerza activa. Jesús y los que lo escuchaban sabían que Dios llevaba mucho tiempo usando su espíritu santo (Gé 1:2, nota; 2Sa 23:2; Hch 28:25) y que se lo había dado a siervos fieles suyos como Otniel, Jefté y Sansón (Jue 3:9, 10; 11:29; 15:14). Así que está claro que Juan tenía que referirse a una nueva manera en la que el espíritu beneficiaría a seres humanos imperfectos. Nunca antes los siervos de Dios habían sido llamados mediante el espíritu para vivir en el cielo. En el Pentecostés del año 33 de nuestra era, Jesús, que ya era un espíritu glorificado, derramó sobre sus discípulos el espíritu santo que había recibido de Jehová (Hch 2:4, 33). Esta fue la primera vez que seres humanos imperfectos recibieron la esperanza de vivir en el cielo como seres espirituales. Después de ser ungidos, los cristianos tuvieron la capacidad de entender muchas cosas que antes no habían entendido.

gente maldita. Los fariseos y los líderes religiosos judíos, que eran orgullosos y se creían muy justos, despreciaban a la gente sencilla que escuchaba a Jesús y los llamaban “gente maldita”. Aquí se usa la palabra griega epáratos, que es un término despectivo y se empleaba para hablar de quienes habían sido maldecidos por Dios. Los líderes religiosos judíos también demostraban su desprecio por la gente común usando el término hebreo ʽam haʼárets (“gente de la tierra”). Originalmente, este era un término respetuoso que se les aplicaba a los ciudadanos de una región en particular, no solo a los pobres y humildes sino también a los más importantes (Gé 23:7; 2Re 23:35; Eze 22:29). Pero en los días de Jesús se aplicaba a los que eran considerados ignorantes de la Ley mosaica y no eran capaces de cumplir hasta el más mínimo detalle de las tradiciones rabínicas. Los escritos rabínicos posteriores confirman esta actitud. Muchos líderes religiosos despreciaban a esas personas hasta el punto de no querer comer con ellas, no comprar en sus negocios ni juntarse con ellas.

¿Tú no serás también de Galilea, verdad? Esta fue la respuesta de los fariseos a Nicodemo cuando habló en defensa de Jesús (Jn 7:51). La pregunta parece reflejar el desprecio que sentían estos habitantes de Judea por los galileos. Era como si estuvieran diciendo: “¿Lo estás defendiendo? ¿Te estás poniendo al mismo nivel que un ignorante galileo?”. Como en Jerusalén estaban el Sanedrín y el templo, sin duda allí había muchos maestros de la Ley. Esto probablemente hizo que surgiera el dicho judío: “Vete al norte [a Galilea] para hacer fortuna, vete al sur [a Judea] para ser sabio”. Sin embargo, las pruebas indican que los galileos no desconocían la Ley. Por toda Galilea había maestros de la Ley y sinagogas, que eran centros educativos (Lu 5:17). La arrogante respuesta de los fariseos a Nicodemo indica que no se molestaron en averiguar si Jesús había nacido en Belén (Miq 5:2; Jn 7:42). Tampoco tuvieron en cuenta que la profecía de Isaías comparaba la predicación del Mesías a “una gran luz” que brillaría en Galilea (Is 9:1, 2; Mt 4:13-17).

de Galilea no puede salir ningún profeta. Esta afirmación pasa por alto las palabras de Is 9:1, 2, donde se profetiza que una gran luz saldría de Galilea. Algunos expertos también opinan que los fariseos estaban generalizando cuando dijeron que nunca había salido ni nunca saldría un profeta de la humilde Galilea. Después de todo, el profeta Jonás era de la ciudad galilea de Gat-Héfer, que estaba a solo 4 km (2,5 mi) al nornoreste de Nazaret, donde se crio Jesús (2Re 14:25).

7:53

Los manuscritos más antiguos y confiables no incluyen los versículos de Jn 7:53 a 8:11. Es evidente que estos 12 versículos fueron añadidos al texto original del Evangelio de Juan (ver apén. A3). No aparecen en los dos papiros más antiguos y confiables que contienen el Evangelio de Juan: el Papiro Bodmer 2 (P66) y el Papiro Bodmer 14, 15 (P75), los dos del siglo segundo de nuestra era. Tampoco aparecen en el Códice sinaítico ni en el Códice vaticano, del siglo cuarto. Aparecen por primera vez en un manuscrito griego del siglo quinto (Códice de Beza), pero no vuelven a aparecer en ningún otro manuscrito griego hasta el siglo noveno. La mayoría de las traducciones antiguas a otros idiomas los omiten. Un grupo de manuscritos griegos añade estos versículos al final del Evangelio de Juan; otro grupo los añade después de Lu 21:38. El hecho de que aparezcan en diferentes lugares en los distintos manuscritos apoya la conclusión de que no formaban parte del texto original. Una abrumadora mayoría de expertos concuerda con esta idea.

Los manuscritos griegos y las traducciones a otros idiomas que incluyen este pasaje dicen como sigue (con algunas variantes):

53 Entonces se fueron cada uno a su casa.

8 Pero Jesús se fue al monte de los Olivos. 2 Al amanecer, sin embargo, se presentó otra vez en el templo, y todo el pueblo empezó a venir a él, y se sentó y se puso a enseñarles. 3 Entonces los escribas y los fariseos trajeron a una mujer sorprendida en adulterio, y, después de ponerla de pie en medio de ellos, 4 le dijeron a él: “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto de cometer adulterio. 5 En la Ley Moisés prescribió que apedreáramos a mujeres de esta clase. Tú, pues, ¿qué dices?”. 6 Por supuesto, decían esto para ponerlo a prueba, a fin de tener algo de qué acusarlo. Pero Jesús se inclinó y empezó a escribir en la tierra con el dedo. 7 Como persistieron en preguntarle, se enderezó y les dijo: “El que de ustedes esté sin pecado sea el primero en tirarle una piedra”. 8 E inclinándose de nuevo, siguió escribiendo en la tierra. 9 Pero los que oyeron esto empezaron a irse, uno a uno, comenzando por los ancianos, y lo dejaron solo, y a la mujer que estaba en medio de ellos. 10 Enderezándose, Jesús le dijo: “Mujer, ¿dónde están? ¿No te condenó nadie?”. 11 Dijo ella: “Nadie, señor”. Jesús dijo: “Tampoco yo te condeno. Vete; desde ahora ya no practiques pecado”.

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