Las Buenas Noticias según Juan 4:1-54

4  Cuando el Señor se enteró de que los fariseos habían oído que él* hacía y bautizaba+ más discípulos que Juan  —aunque no era Jesús el que bautizaba, sino sus discípulos—,  salió de Judea y se dirigió otra vez a Galilea.+  Pero tenía que pasar por Samaria.  Así que llegó a una ciudad de Samaria llamada Sicar, cerca del campo que Jacob le había dado a su hijo José.+  De hecho, allí estaba el pozo de Jacob.+ Y Jesús, que estaba cansado del viaje, se sentó junto al pozo. Era alrededor de la hora sexta.  En eso llegó una mujer de Samaria a sacar agua. Jesús le dijo: “Dame de beber”.  (Sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos).  Pero la samaritana le preguntó: “¿Cómo es que tú, que eres judío, me pides agua a mí, que soy samaritana?”. (Porque los judíos no tienen trato con los samaritanos).+ 10  Jesús le respondió: “Si supieras del regalo* de Dios+ y supieras quién es el que te está diciendo ‘Dame de beber’, tú le habrías pedido agua a él, y él te habría dado agua viva”.+ 11  Ella le dijo: “Pero, señor, si ni siquiera tienes con qué sacar agua, y el pozo es profundo. ¿De dónde vas a conseguir esa agua viva? 12  ¿Acaso eres tú superior a nuestro antepasado Jacob? Él fue quien nos dio este pozo, del que bebieron él, sus hijos y su ganado”. 13  Jesús le respondió: “Todo el que beba de esta agua volverá a tener sed. 14  El que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed.+ Más bien, el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un manantial que brotará para dar vida eterna”.+ 15  La mujer le dijo: “Dame de esa agua, señor, para que no vuelva a tener sed ni tenga que estar viniendo a este lugar a sacar agua”. 16  Él le dijo: “Anda, llama a tu esposo y vuelve aquí”. 17  “No tengo esposo”, le contestó la mujer. Jesús le dijo: “Tienes razón al decir que no tienes esposo, 18  porque has tenido cinco y el hombre que tienes ahora no es tu esposo. Lo que has dicho es verdad”. 19  La mujer le dijo: “Señor, veo que eres profeta.+ 20  Nuestros antepasados adoraban a Dios en esta montaña, pero ustedes dicen que hay que adorarlo en Jerusalén”.+ 21  Jesús le dijo: “Créeme, mujer: viene la hora en que ni en esta montaña ni en Jerusalén adorarán ustedes al Padre. 22  Ustedes adoran lo que no conocen;+ nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación comienza con los judíos.+ 23  Pero viene la hora —de hecho, ha llegado ya— en que los auténticos adoradores del Padre lo adorarán con espíritu y con verdad. Porque el Padre sin duda está buscando a personas así para que lo adoren.+ 24  Dios es un espíritu,+ y los que lo adoran tienen que adorarlo con espíritu y con verdad”.+ 25  La mujer le dijo: “Yo sé que va a venir el Mesías, al que llaman Cristo. Cuando él venga, nos lo explicará todo”.+ 26  Jesús le contestó: “Ese soy yo, el que está hablando contigo”.+ 27  Justo en ese momento llegaron sus discípulos y les extrañó que él estuviera hablando con una mujer. Pero, claro, ninguno preguntó “¿Qué estás buscando?” o “¿Por qué estás hablando con ella?”. 28  Entonces la mujer dejó allí su vasija de agua y se fue a la ciudad a decirle a la gente: 29  “Vengan para que vean a un hombre que me dijo todo lo que yo he hecho. ¿No será este el Cristo?”. 30  La gente salió de la ciudad y fue a verlo. 31  Mientras tanto, los discípulos le insistían: “Rabí,+ come algo”. 32  Pero él les dijo: “Yo tengo para comer un alimento del que ustedes no saben”. 33  Así que los discípulos se decían unos a otros: “Nadie le trajo comida, ¿verdad?”. 34  Jesús les dijo: “Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió+ y completar su obra.+ 35  ¿No dicen ustedes que todavía faltan cuatro meses para la cosecha? Pues fíjense en lo que les digo: levanten la vista y miren, los campos están blancos, listos para la cosecha.+ Ya 36  el cosechador está recibiendo su paga y recogiendo fruto para vida eterna. Así, el sembrador y el cosechador pueden alegrarse juntos.+ 37  Porque en esto se cumple el refrán ‘Uno es el que siembra y otro es el que cosecha’. 38  Yo los mandé a cosechar lo que no les costó ningún trabajo. Fueron otros los que trabajaron duro, y ustedes se han beneficiado de su trabajo”. 39  Muchos samaritanos de aquella ciudad pusieron su fe en él gracias al testimonio de aquella mujer, que aseguró: “Me dijo todo lo que yo he hecho”.+ 40  Así que, cuando los samaritanos lo fueron a ver, le pidieron que se quedara con ellos, y él se quedó allí dos días. 41  Como resultado, al oír lo que enseñaba, muchos más creyeron en él, 42  y le dijeron a la mujer: “Ya no creemos solo por lo que tú nos contaste. Lo hemos oído nosotros mismos y sabemos que de verdad es el salvador del mundo”.+ 43  Después de esos dos días, salió de allí rumbo a Galilea. 44  (Jesús mismo dio testimonio de que al profeta no se le honra en su propia tierra).+ 45  Cuando llegó a Galilea, los galileos lo recibieron bien, pues ellos también habían ido a la fiesta+ y habían visto todo lo que él había hecho en Jerusalén durante la fiesta.+ 46  Entonces fue otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino.+ Y había un funcionario del rey que tenía a su hijo enfermo en Capernaúm. 47  Cuando este hombre oyó que Jesús había venido de Judea a Galilea, fue a verlo y le pidió que bajara a curar a su hijo, porque estaba a punto de morir. 48  Pero Jesús le dijo: “A menos que vean milagros* y cosas impresionantes,* ustedes nunca van a creer”.+ 49  El funcionario del rey le pidió: “Señor, baja conmigo antes de que mi niño se muera”. 50  Jesús le dijo: “Vuelve a tu casa, que tu hijo está vivo”.+ El hombre creyó lo que Jesús le dijo y se fue. 51  Y, mientras bajaba a su casa, sus esclavos salieron a su encuentro para decirle que su hijo estaba vivo.* 52  Así que él les preguntó a qué hora había empezado a sentirse mejor. Le contestaron: “La fiebre se le fue ayer a la hora séptima”.+ 53  Ahí el padre se dio cuenta de que era la misma hora en que Jesús le había dicho “Tu hijo está vivo”.+ Y él y todos los de su casa se hicieron creyentes. 54  Este fue el segundo milagro+ que Jesús hizo después de volver de Judea a Galilea.

Notas

Lit. “Jesús”.
O “de la dádiva gratuita”.
Lit. “señales”.
O “prodigios”.
O “se estaba recuperando”.

Notas de estudio

Samaria. En el siglo primero, Samaria era el nombre del distrito romano por donde Jesús viajaba ocasionalmente. Más tarde, sus discípulos llevaron allí el mensaje del cristianismo. Aunque hoy se desconocen sus límites exactos, Samaria estaba situada entre Galilea, al norte, y Judea, al sur, y se extendía hacia el oeste desde el río Jordán hasta las llanuras costeras del Mediterráneo. En su mayor parte, el distrito abarcaba los antiguos territorios de la tribu de Efraín y de la media tribu de Manasés que estaba al oeste del Jordán. Aunque Jesús pasó algunas veces por Samaria en su camino de ida y vuelta a Jerusalén (Jn 4:3-6; Lu 9:51, 52; 17:11), les dijo a sus apóstoles que evitaran predicar en las ciudades samaritanas porque su misión principal era ir “a las ovejas perdidas de la nación de Israel”, es decir, a los judíos (Mt 10:5, 6). Sin embargo, esta restricción fue solo por un tiempo limitado. Justo antes de subir al cielo, Jesús les dijo a sus discípulos que debían llevar las buenas noticias a “Samaria, y hasta la parte más lejana de la tierra” (Hch 1:8, 9). Cuando estalló la persecución en Jerusalén, algunos de los discípulos, Felipe en particular, declararon las buenas noticias por toda Samaria. Más adelante, Pedro y Juan fueron enviados allí para que los samaritanos pudieran recibir el espíritu santo (Hch 8:1-17, 25; 9:31; 15:3).

Sicar. Ciudad de Samaria que se ha identificado con la aldea de ʽAskar, cerca de la actual Nablus, a 1 km (0,6 mi) al noreste de Siquem y a 700 m (0,4 mi) al nornoreste del pozo de Jacob (ver apéns. B6 y B10). Algunos han identificado Sicar con Siquem, basándose en lo que dicen varios antiguos escritores no bíblicos y en que el Códice sinaítico siriaco usa “Siquem”. Sin embargo, los manuscritos griegos más antiguos y confiables apoyan la grafía “Sicar”, y los arqueólogos han demostrado que la ubicación de Siquem (Tell Balata) no estaba ocupada en la época en la que se desarrolla este relato.

Cerca de la hora tercera. Es decir, cerca de las 9 de la mañana. En el siglo primero, los judíos dividían el periodo de luz del día en 12 horas (Jn 11:9). Este periodo comenzaba al amanecer, alrededor de las 6 de la mañana. Por lo tanto, la hora tercera sería alrededor de las 9 de la mañana; la hora sexta sería cerca del mediodía; y la hora novena, más o menos las 3 de la tarde. En vista de que la gente no tenía relojes precisos, normalmente las horas de los acontecimientos eran aproximadas (Jn 1:39; 4:6; 19:14; Hch 10:3, 9).

el pozo de Jacob. El lugar tradicional de este pozo es Bir Yaʽqub (Beʼer Yaʽaqov), situado a unos 2,5 km (1,5 mi) al sureste de la actual Nablus, no lejos de Tell Balata, la ubicación de Siquem. Este pozo es profundo y su nivel de agua nunca llega hasta arriba. Las mediciones realizadas en el siglo diecinueve indican que su profundidad era de unos 23 m (75 ft) en aquella época. Tiene sedimentos y otros materiales en el fondo, por lo que pudo haber sido aún más profundo en la antigüedad (Jn 4:11). En vista de que suele estar seco desde finales de mayo hasta que empiezan las lluvias de otoño, más o menos a mediados de octubre, algunos creen que su agua procede de las lluvias y la filtración. Otros creen que se alimenta también de un manantial (ver la nota de estudio de al pozo en este versículo). La Biblia no afirma directamente que Jacob cavara el pozo, pero sí indica que tenía una propiedad en esa zona (Gé 33:18-20; Jos 24:32). Es probable que Jacob lo haya cavado, o lo haya hecho cavar, tal vez para abastecer de agua a todos los de su casa y sus rebaños. Así podría evitar problemas con sus vecinos, que sin duda ya eran dueños de otras fuentes de agua de la región. O puede que necesitara otro suministro de agua para cuando se secaran los demás pozos de la zona.

que estaba cansado. Este es el único lugar de las Escrituras donde se dice que Jesús “estaba cansado”. Eran cerca de las 12 del mediodía, y esa mañana Jesús probablemente había hecho el viaje desde el valle del Jordán en Judea hasta Sicar en Samaria, por un camino empinado con un desnivel de unos 900 m (3.000 ft) (Jn 4:3-5). Ver apén. A7.

al pozo. O “al manantial”, “a la fuente”. En este contexto, se utilizan dos palabras griegas diferentes para referirse al pozo de Jacob en Sicar. La palabra griega pēguḗ, que se traduce dos veces como “pozo” en este versículo, a menudo se refiere a un manantial o una fuente, que puede haber sido el origen del pozo de Jacob. En Snt 3:11 el término se usa para un manantial literal, y en Jn 4:14, donde también se traduce como “manantial”, se utiliza en sentido figurado. En Jn 4:12, se hace referencia al pozo de Jacob con la palabra griega fréar, que puede ser un pozo, una cisterna o un hoyo vertical (1Sa 19:22, Septuaginta; Lu 14:5; Ap 9:1). A menudo, el agua de los pozos proviene de manantiales. Para llegar a estos, a veces era necesario retirar tierra o cavar. Esto puede explicar por qué aquí “manantial” y “pozo” son intercambiables y pueden referirse a la misma fuente de agua. Ver la nota de estudio de el pozo de Jacob en este versículo.

alrededor de la hora sexta. Es decir, cerca de las 12 del mediodía. Ver la nota de estudio de Mt 20:3.

(Porque los judíos [...] con los samaritanos). Aunque este comentario entre paréntesis no se incluye en algunos manuscritos, cuenta con el apoyo de varios manuscritos antiguos y confiables.

los judíos no tienen trato con los samaritanos. Los primeros samaritanos que menciona la Biblia eran judíos que vivían en el reino de Israel formado por 10 tribus, antes de que fuera conquistado por los asirios (2Re 17:29). La separación de los samaritanos del resto de los judíos había comenzado antes, cuando Jeroboam estableció la adoración de ídolos en el reino de 10 tribus (1Re 12:26-30). Después de la conquista asiria, el término samaritano pasó a referirse a los descendientes de los que quedaron en la región de Samaria, así como a los extranjeros traídos allí para poblar la tierra. Aunque los samaritanos afirmaban descender solo de las tribus de Manasés y Efraín, algunos sin duda se mezclaron con los extranjeros, y las Escrituras indican que esta población mixta corrompió aún más la adoración de Samaria (2Re 17:24-41). Cuando los judíos regresaron del exilio en Babilonia, los samaritanos afirmaban ser devotos de Jehová, pero se opusieron a la reconstrucción del templo y de las murallas de Jerusalén. Luego, quizás en el siglo cuarto antes de nuestra era, construyeron su propio templo en el monte Guerizim. Este templo fue destruido por los judíos en el año 128 antes de nuestra era. Sin embargo, los samaritanos continuaron practicando su religión en esa montaña, y para el siglo primero habitaban el distrito romano de Samaria, que se encontraba entre Judea y Galilea. Solo aceptaban los cinco primeros libros de la Biblia (y tal vez el libro de Josué), pero cambiaron algunos versículos para justificar la ubicación de su templo. En la época de Jesús, el nombre samaritano tenía connotaciones tanto étnicas como religiosas, y los judíos trataban a los samaritanos con desprecio (Jn 8:48).

del agua que yo le daré. Los términos “agua” y “manantial” se utilizan aquí en sentido figurado. Un poco antes en esta conversación con la mujer samaritana, Jesús habló del “agua viva” (ver la nota de estudio de Jn 4:10). Aquí continúa explicando que el agua que él proporciona se convierte en quien la recibe en un manantial que puede dar vida eterna. La Palabra de Dios emplea el agua como símbolo de los medios que Dios ofrece para que los seres humanos puedan tener nuevamente vida perfecta. Un componente importante de esta agua simbólica es el sacrificio redentor de Jesús. En este contexto, Jesús se centra en los beneficios espirituales que reciben los que lo escuchan y se convierten en sus discípulos. A medida que llegan a conocer a Jehová Dios y a Jesucristo, y van poniendo en práctica con fe lo que aprenden, se les ofrece la posibilidad de obtener la vida eterna (Jn 17:3). Jesús dijo que esta agua simbólica se convierte en quien la acepta en un manantial que produce beneficios que dan vida. Esa persona también se siente impulsada a compartir esta “agua de vida” con los demás (Ap 21:6; 22:1, 17). Ver la nota de estudio de Jn 7:38.

agua viva. Esta expresión griega se utiliza en sentido literal para referirse a agua que fluye, a agua de manantial o a agua dulce de un pozo abastecido por manantiales. Esto está en contraste con el agua estancada de una cisterna. En Le 14:5, la expresión hebrea para “agua de una corriente” significa literalmente ‘agua viva’. En Jer 2:13 y 17:13 se describe a Jehová como “la fuente [o “el manantial”] de agua viva”, es decir, agua simbólica que da vida. Al hablar con la samaritana, Jesús utilizó la expresión “agua viva” en sentido figurado, pero parece que al principio ella tomó sus palabras de forma literal (Jn 4:11). Ver la nota de estudio de Jn 4:14.

el pozo es profundo. Ver la nota de estudio de Jn 4:6.

el pozo de Jacob. El lugar tradicional de este pozo es Bir Yaʽqub (Beʼer Yaʽaqov), situado a unos 2,5 km (1,5 mi) al sureste de la actual Nablus, no lejos de Tell Balata, la ubicación de Siquem. Este pozo es profundo y su nivel de agua nunca llega hasta arriba. Las mediciones realizadas en el siglo diecinueve indican que su profundidad era de unos 23 m (75 ft) en aquella época. Tiene sedimentos y otros materiales en el fondo, por lo que pudo haber sido aún más profundo en la antigüedad (Jn 4:11). En vista de que suele estar seco desde finales de mayo hasta que empiezan las lluvias de otoño, más o menos a mediados de octubre, algunos creen que su agua procede de las lluvias y la filtración. Otros creen que se alimenta también de un manantial (ver la nota de estudio de al pozo en este versículo). La Biblia no afirma directamente que Jacob cavara el pozo, pero sí indica que tenía una propiedad en esa zona (Gé 33:18-20; Jos 24:32). Es probable que Jacob lo haya cavado, o lo haya hecho cavar, tal vez para abastecer de agua a todos los de su casa y sus rebaños. Así podría evitar problemas con sus vecinos, que sin duda ya eran dueños de otras fuentes de agua de la región. O puede que necesitara otro suministro de agua para cuando se secaran los demás pozos de la zona.

nuestro antepasado Jacob. Los samaritanos afirmaban descender de Jacob a través de José, una afirmación que muchos judíos de la época probablemente negaban. Para enfatizar que los samaritanos descendían de pueblos extranjeros, algunos judíos los llamaban con el término hebreo que se traduce “cuteos”, es decir, gente de Cut o Cutá. Los nombres Cut y Cutá se refieren al mismo sitio, al lugar de origen de la gente que fue trasladada por el rey de Asiria a las ciudades de Samaria después de que Israel fue llevado al destierro en el año 740 antes de nuestra era. Este lugar probablemente estaba situado a unos 50 km (30 mi) al noreste de Babilonia (2Re 17:23, 24, 30).

del agua que yo le daré. Los términos “agua” y “manantial” se utilizan aquí en sentido figurado. Un poco antes en esta conversación con la mujer samaritana, Jesús habló del “agua viva” (ver la nota de estudio de Jn 4:10). Aquí continúa explicando que el agua que él proporciona se convierte en quien la recibe en un manantial que puede dar vida eterna. La Palabra de Dios emplea el agua como símbolo de los medios que Dios ofrece para que los seres humanos puedan tener nuevamente vida perfecta. Un componente importante de esta agua simbólica es el sacrificio redentor de Jesús. En este contexto, Jesús se centra en los beneficios espirituales que reciben los que lo escuchan y se convierten en sus discípulos. A medida que llegan a conocer a Jehová Dios y a Jesucristo, y van poniendo en práctica con fe lo que aprenden, se les ofrece la posibilidad de obtener la vida eterna (Jn 17:3). Jesús dijo que esta agua simbólica se convierte en quien la acepta en un manantial que produce beneficios que dan vida. Esa persona también se siente impulsada a compartir esta “agua de vida” con los demás (Ap 21:6; 22:1, 17). Ver la nota de estudio de Jn 7:38.

saldrán ríos de agua viva. Es posible que Jesús estuviera aludiendo a una costumbre que formaba parte de la Fiesta de los Tabernáculos, o Fiesta de las Cabañas. Consistía en sacar agua del estanque de Siloam y, con un recipiente de oro, derramarla sobre el altar durante el sacrificio de la mañana al mismo tiempo que se derramaba vino (ver la nota de estudio de Jn 7:2, el glosario, Fiesta de las Cabañas, y el apén. B15). Aunque esta costumbre no se menciona en las Escrituras Hebreas porque se añadió con el tiempo, la mayoría de los expertos opina que esta ceremonia se realizaba los siete primeros días de la fiesta, pero no el octavo, cuando había una asamblea solemne. Como el primer día de la fiesta era un sábado, el agua se sacaba del estanque de Siloam el día anterior. Los demás días, el sacerdote tenía que ir al estanque a recoger el agua con una jarra de oro y volver a tiempo para derramarla cuando los sacerdotes pusieran las piezas del sacrificio sobre el altar. Cuando cruzaba la Puerta del Agua y entraba en el Patio de los Sacerdotes, tres toques de trompeta anunciaban su llegada. Luego se derramaba el agua en un recipiente que la conducía a la base del altar, al mismo tiempo que se derramaba el vino en otro recipiente. Entonces empezaba a oírse la música del templo y se cantaban los salmos de Hallel (Sl 113-118) mientras los que allí estaban agitaban hojas de palmera en dirección al altar. Puede que esta ceremonia les recordara a los alegres participantes las palabras proféticas de Isaías: “Con mucha alegría ustedes sacarán agua de los manantiales de la salvación” (Is 12:3).

agua viva. Esta expresión griega se utiliza en sentido literal para referirse a agua que fluye, a agua de manantial o a agua dulce de un pozo abastecido por manantiales. Esto está en contraste con el agua estancada de una cisterna. En Le 14:5, la expresión hebrea para “agua de una corriente” significa literalmente ‘agua viva’. En Jer 2:13 y 17:13 se describe a Jehová como “la fuente [o “el manantial”] de agua viva”, es decir, agua simbólica que da vida. Al hablar con la samaritana, Jesús utilizó la expresión “agua viva” en sentido figurado, pero parece que al principio ella tomó sus palabras de forma literal (Jn 4:11). Ver la nota de estudio de Jn 4:14.

esta montaña. Es decir, el monte Guerizim (ver apén. B10). Esta montaña se menciona cuatro veces en las Escrituras Hebreas (Dt 11:29; 27:12; Jos 8:33; Jue 9:7). En ese lugar se construyó un templo samaritano, quizás en el siglo cuarto antes de nuestra era, que pretendía rivalizar con el de Jerusalén, pero que fue destruido por los judíos en el año 128 antes de nuestra era. Los samaritanos solo aceptaban los cinco primeros libros de la Biblia (y posiblemente el libro de Josué), pero solo una versión revisada por ellos, conocida como el Pentateuco samaritano. Estaba escrito en sus propios caracteres, derivados del hebreo antiguo. El texto difiere del texto masorético de la Biblia hebrea en unos 6.000 casos. La mayoría de las variaciones son detalles menores, pero hay algunas diferencias importantes. Por ejemplo, en Dt 27:4 sustituyeron “monte Ebal” por “monte Guerizim” para dar nombre al lugar donde se escribió la Ley de Moisés sobre tablas de piedra cubiertas de yeso (Dt 27:8). La razón obvia de este cambio fue apoyar la creencia de los samaritanos de que Guerizim era el monte sagrado de Dios.

la salvación comienza con los judíos. O “la salvación se origina de los judíos”. Esta declaración de Jesús implica que al pueblo judío se le habían confiado la Palabra de Dios, la adoración pura y la verdad que podía llevar a la salvación (Ro 3:1, 2). También, en cumplimiento de la promesa de Dios sobre la descendencia de Abrahán, los judíos fueron elegidos como el pueblo del que saldría el Mesías (Gé 22:18; Gál 3:16). Cuando Jesús habló con la samaritana, solo a través de ellos se podía conocer la verdad sobre Dios y lo que él pedía de sus siervos, así como los detalles sobre el Mesías. Israel seguía siendo el pueblo escogido de Dios, y cualquiera que quisiera servir a Jehová tenía que hacerlo a través de esta nación.

Dios es un espíritu. La palabra griega pnéuma se emplea en este versículo para referirse a un ser espiritual (ver glosario, espíritu). Las Escrituras muestran que Dios, Jesús glorificado y los ángeles son espíritus (1Co 15:45; 2Co 3:17; Heb 1:14). Un espíritu es una forma de vida muy diferente de los humanos y es invisible a los ojos del hombre. Los seres espirituales tienen un cuerpo, “uno espiritual”, que es muy superior al “cuerpo físico” (1Co 15:44; Jn 1:18). Aunque los escritores bíblicos hablan de Dios como si tuviera rostro, ojos, oídos, manos, etc., tales descripciones son figuras retóricas que ayudan a los humanos a entender cómo es Dios. Las Escrituras muestran claramente que Dios tiene personalidad. Además, existe en un lugar más allá del universo físico; por eso Cristo pudo decir “voy al Padre” (Jn 16:28). En Heb 9:24 se dice que Cristo entra “en el mismísimo cielo” y “se presenta delante de Dios a favor nuestro”.

adorarlo con espíritu. Como se ve en la entrada del glosario espíritu, la palabra griega pnéuma puede tener varios significados; por ejemplo, puede referirse a la fuerza activa de Dios o espíritu santo, así como a la motivación de una persona, es decir, su disposición mental. Una de las cosas que tienen en común los diferentes significados del término espíritu es que se refiere a cosas que son invisibles al ojo humano. Jesús explicó en Jn 4:21 que la adoración al Padre no se centraría en un lugar físico, como el Monte Guerizim (en Samaria) o el templo de Jerusalén. Debido a que Dios no es material y no se puede ver ni tocar, ya no sería necesario adorarlo en un templo físico ni en una montaña. En otros versículos bíblicos, Jesús mostró que, para adorar a Dios de la manera que a él le agrada, había que dejarse guiar por el espíritu santo invisible de Dios, también llamado “ayudante” (Jn 14:16, 17; 16:13). Por lo tanto, adorar con espíritu aparentemente se refiere a una adoración guiada por el espíritu de Dios, que ayuda a la persona a pensar de una forma más parecida a la de Jehová estudiando y poniendo en práctica su Palabra. Así que la declaración de Jesús acerca de adorar a Dios “con espíritu” implica mucho más que ser sincero y servir a Dios con un espíritu entusiasta.

adorarlo [...] con verdad. La adoración que Dios aprueba no puede basarse en imaginaciones, mitos ni mentiras. Tiene que estar en armonía con los hechos y ser coherente con “la verdad” que Dios ha revelado en su Palabra sobre sí mismo y sus propósitos (Jn 17:17). Esa adoración debe estar de acuerdo con “realidades que no se ven” pero que se revelan en la Palabra de Dios (Heb 9:24; 11:1). Ver también la nota de estudio de adorarlo con espíritu en este versículo.

Jesucristo. Este nombre contiene el título Cristo, que viene del griego Khristós y es equivalente al título Mesías (del hebreo, mashíaj). Las dos palabras significan ‘ungido’ o ‘elegido’. En tiempos bíblicos, a los gobernantes se les ungía ceremonialmente con aceite.

Yo sé que va a venir el Mesías. Los samaritanos aceptaban solo los cinco primeros libros de la Biblia escritos por Moisés, que hoy se conocen como el Pentateuco. Rechazaban el resto de las Escrituras Hebreas, aunque posiblemente aceptaban el libro de Josué. Aun así, como aceptaban esos escritos de Moisés, los samaritanos esperaban la llegada del Mesías, que sería un profeta más importante que Moisés (Dt 18:18, 19).

Mesías. La palabra griega Messías (una transliteración del término hebreo mashíaj) aparece solo dos veces en las Escrituras Griegas Cristianas (aquí y en Jn 1:41). El término hebreo mashíaj viene del verbo masháj, que significa ‘untar’ y ‘ungir’ (Éx 29:2, 7). En tiempos bíblicos, se ungía ceremonialmente con aceite a los sacerdotes, los gobernantes y los profetas (Le 4:3; 1Sa 16:3, 12, 13; 1Re 19:16). El título Cristo (en griego, Khristós) aparece más de 500 veces en las Escrituras Griegas Cristianas y es equivalente al título Mesías. Los dos títulos significan ‘ungido’. Ver la nota de estudio de Mt 1:1.

Ese soy yo. Lit. “Yo soy” (en griego, egṓ eimi). Algunos consideran que esta expresión alude a la que usa la Septuaginta en Éx 3:14 y se valen de eso para decir que Jesús es Dios. Sin embargo, la expresión que se usa en Éx 3:14 (egṓ eimi ho ōn, que significa ‘yo soy el ser’ o ‘yo soy el existente’) es diferente a la que se encuentra en Jn 4:26. Además, la Septuaginta utiliza egṓ eimi para traducir palabras dichas por Abrahán, Eliezer, Jacob, David y otros (Gé 23:4; 24:34; 30:2; 1Cr 21:17). Y en las Escrituras Griegas Cristianas, la frase egṓ eimi no se emplea solamente para traducir palabras pronunciadas por Jesús. Estas mismas palabras griegas aparecen en Jn 9:9 como parte de la respuesta de un hombre a quien Jesús había curado. Sencillamente comunican la idea de ‘soy yo’. El ángel Gabriel, Pedro, Pablo y otros también usan estas palabras (Lu 1:19; Hch 10:21; 22:3). Es obvio que tales declaraciones no tienen nada que ver con Éx 3:14. Al comparar los relatos paralelos de los Evangelios sinópticos, se ve que la frase egṓ eimi que se encuentra en Mr 13:6 y Lu 21:8 (“ese soy yo”) es una forma abreviada de expresar la idea completa que se halla en Mt 24:5 y que se traduce “yo soy el Cristo”.

Ese soy yo, el que está hablando contigo. Parece que esta es la primera vez que Jesús se identifica abiertamente como el Mesías o Cristo. Y se lo dice a una mujer que ni siquiera es judía, sino que es samaritana (Jn 4:9, 25). La mayoría de los judíos despreciaban a los samaritanos y ni los saludaban, y muchos hombres judíos menospreciaban a las mujeres. Pero más adelante Jesús dignificó a otras mujeres de forma parecida al concederles el honor de ser las primeras testigos de su resurrección (Mt 28:9, 10).

hablando con una mujer. En contra del espíritu de la Ley mosaica, la tradición judía decía que los hombres no debían hablar con las mujeres en público. Y parece que ese punto de vista estaba muy difundido en los días de Jesús. Eso explicaría por qué a sus discípulos “les extrañó” verlo hablando con una mujer samaritana. Según el Talmud, algunos rabinos de la antigüedad advertían que un erudito “no debe [...] conversar en la calle con una mujer”. Y, de acuerdo con la Misná judía, un rabino afirmó: “No converses demasiado con la mujer. [...] Todo el que participa mucho en conversación inútil con la mujer, trae el mal a sí mismo, deja de lado su estudio de la Torá [o Ley] y finalmente se hará merecedor del Gueinóm [o de la Gehena]” (Pirké Avot 1:5).

todavía faltan cuatro meses para la cosecha. La cosecha de la cebada comenzaba en el mes judío de nisán (entre marzo y abril), alrededor de la época de la Pascua (ver apén. B15). Si se cuentan cuatro meses hacia atrás, se ve que Jesús dijo estas palabras en el mes de kislev (entre noviembre y diciembre). Esa era la temporada en la que las lluvias se hacían más intensas y las temperaturas iban bajando. Así que parece que las palabras de Jesús sobre la cosecha que ya se estaba llevando a cabo se refieren a una cosecha simbólica, a una recolección de personas, más bien que a una cosecha literal (Jn 4:36).

blancos. Es decir, llenos de grano maduro. La palabra griega leukós se refiere al color blanco o a diferentes tonos de colores pálidos, como el amarillo claro. Esto indicaría que el grano estaba maduro y listo para ser cosechado. En vista de que aquí Jesús dice que faltaban “cuatro meses para la cosecha”, es probable que los campos que tenía a la vista estuvieran verdes, el color de la cebada que está brotando. De modo que, cuando Jesús dijo que los campos estaban “listos para la cosecha”, sin duda estaba pensando en una cosecha espiritual, no literal. Algunos especialistas han planteado que, cuando Jesús pidió a quienes lo escuchaban que miraran los campos, quizá se estaba refiriendo a la multitud de samaritanos que se acercaban y, al decir que estaban “blancos”, podía referirse a las túnicas que quizá ellos llevaban puestas. O puede que su comentario fuera una metáfora que indicaba que ellos estaban listos para aceptar el mensaje (Jn 4:28-30).

Muchos samaritanos [...] pusieron su fe en él. La conversación de Jesús con la samaritana tuvo buenos resultados. Gracias al testimonio de ella, muchos samaritanos empezaron a creer en Jesús. Aunque es cierto que la cosecha espiritual comenzó principalmente entre los judíos, pronto tendría lugar una cosecha aún mayor que incluiría a los samaritanos, como se ve en el registro inspirado por Dios. La predicación de Jesús a la samaritana probablemente sirvió de base para que muchos de aquellos samaritanos luego respondieran a la predicación de Felipe (Jn 4:34-36; Hch 1:8; 8:1, 14-17).

mundo. La palabra griega kósmos está muy relacionada con la humanidad en las obras griegas seglares y en particular en la Biblia. En este contexto y en Jn 3:16, kósmos alude a todos los seres humanos redimibles, a quienes se les describe como pecadores por haber heredado el pecado de Adán.

salvador del mundo. Esta expresión, que solo aparece en este versículo y en 1Jn 4:14, indica que Jesús salvaría del pecado a los seres humanos (el “mundo”) que demostraran su fe en él. Ver las notas de estudio de Jn 1:29; 3:17.

juzgue. O “condene”. Jehová no envió a su Hijo a juzgar al mundo, es decir, a la humanidad, con el sentido de emitir un juicio condenatorio. Al contrario, por amor, envió a Jesús a salvar a los que demostraran fe (Jn 3:16; 2Pe 3:9).

el Cordero de Dios. Después de que Jesús fue bautizado y tentado por el Diablo, Juan el Bautista lo presentó como “el Cordero de Dios”. Esta expresión solo aparece aquí y en Jn 1:36 (ver apén. A7). La comparación de Jesús con un cordero es muy apropiada. En toda la Biblia se habla de corderos que se sacrifican para admitir un pecado y acercarse a Dios. Estos sacrificios prefiguraron el que haría Jesús al ofrecer su vida humana perfecta a favor de la humanidad. La expresión “el Cordero de Dios” puede referirse a varios pasajes de las Escrituras inspiradas. Como Juan el Bautista conocía muy bien las Escrituras Hebreas, puede que estuviera aludiendo a uno o más de los siguientes casos: el carnero que ofreció Abrahán en vez de su propio hijo Isaac (Gé 22:13), el cordero de Pascua que se sacrificó en Egipto para liberar a los esclavos israelitas (Éx 12:1-13) o el carnero joven que se ofrecía todas las mañanas y al anochecer en el altar de Dios (Éx 29:38-42). También es posible que Juan estuviera pensando en la profecía de Isaías donde se dice que alguien a quien Jehová llama “mi siervo” sería “llevado como oveja al matadero” (Is 52:13; 53:5, 7, 11). Cuando el apóstol Pablo les escribió su primera carta a los corintios, llamó a Jesús “nuestro cordero de Pascua” (1Co 5:7). El apóstol Pedro habló de la sangre de Cristo, “sangre valiosa, como la de un cordero sin ningún defecto ni mancha” (1Pe 1:19). Y en el libro de Apocalipsis, en sentido figurado, se llama a Jesús glorificado “el Cordero” más de 25 veces, por ejemplo, en Ap 5:8; 6:1; 7:9; 12:11; 13:8; 14:1; 15:3; 17:14; 19:7; 21:9; 22:1.

su propia tierra. Lit. “el lugar de su padre”. La palabra griega empleada aquí se puede traducir como “tierra” o “propia tierra”. También aparece en Mt 13:54; Mr 6:1 y Lu 4:24, y se refiere a la ciudad donde se crio Jesús, Nazaret. Sin embargo, en este versículo, por el contexto parece referirse a toda Galilea (Jn 4:43).

Caná de Galilea [...] Capernaúm. El camino entre Caná (Khirbet Qana) y Capernaúm recorría unos 40 km (25 mi). Ver la nota de estudio de Jn 2:1.

un funcionario del rey. O “cierto servidor del rey”. El término griego basilikós se refiere a alguien que tiene relación con el rey (basiléus), bien por parentesco, o bien por su trabajo. Aquí parece referirse a un servidor del rey, un miembro de la corte de Herodes Antipas, el tetrarca de Galilea, a quien el pueblo llamaba “rey”. Ver las notas de estudio de Mt 14:9; Mr 6:14.

el rey Herodes. Es decir, Herodes Antipas, hijo de Herodes el Grande (ver glosario, Herodes). Mateo y Lucas usan el título oficial romano de Antipas: “tetrarca” o “gobernante de distrito” (ver las notas de estudio de Mt 14:1; Lu 3:1). Su tetrarquía abarcaba Galilea y Perea. Sin embargo, el pueblo lo llamaba “el rey”, único título que Marcos usó con Herodes (Mr 6:22, 25, 26, 27). Mateo utilizó ese título solo una vez (Mt 14:9).

El rey. El título oficial romano de Herodes Antipas era “tetrarca”, como se explica en la nota de estudio de Mt 14:1. Sin embargo, la gente lo llamaba “rey”.

Caná. Nombre que probablemente proviene del hebreo qanéh, que significa ‘caña’. Por lo tanto, Caná significa ‘cañaveral’. Solo Juan menciona este pueblo, y siempre lo llama “Caná de Galilea” (Jn 2:11; 4:46; 21:2), puede que para distinguirlo de la Caná (o Qaná, en hebreo, Qanáh) del territorio de la tribu de Aser (Jos 19:24, 28; nota). Muchos especialistas apoyan la idea de que se encontraba en Khirbet Qana, donde se han hallado las ruinas de una antigua población sobre una colina en el extremo norte del valle de Bet Netofa (llanura de el-Battuf), a unos 13 km (8 mi) al norte de Nazaret. En árabe, este sitio todavía recibe el nombre de Qana el-Jelil, equivalente de Caná de Galilea. Cerca hay una zona pantanosa con abundancia de cañas, de ahí que sea apropiado el nombre de Caná. En el lugar se han hallado restos de cisternas antiguas y lo que se piensa que son las ruinas de una sinagoga (de finales del siglo primero, o del siglo segundo de nuestra era). También se han encontrado allí fragmentos de vasijas de barro y monedas que se cree que son del siglo primero de nuestra era. La tradición eclesiástica ha promovido la idea de que Caná es Kafr Kanna, ubicada a 6,5 km (4 mi) al noreste de Nazaret, quizá porque es más accesible para los peregrinos que vienen de Nazaret. Sin embargo, el nombre de este sitio no tiene ninguna relación lingüística con el de Caná de Galilea que se menciona en la Biblia.

que bajara. Es decir, que bajara a Capernaúm. En la antigüedad había un camino que pasaba por Khirbet Qana, que muy probablemente era la Caná de la Biblia (ver la nota de estudio de Jn 2:1). Este camino bajaba hasta la orilla del mar de Galilea y bordeaba la costa hasta Capernaúm, situada a más de 200 m (650 ft) bajo el nivel del mar. De ahí que le pidieran a Jesús “que bajara” a Capernaúm.

Caná. Nombre que probablemente proviene del hebreo qanéh, que significa ‘caña’. Por lo tanto, Caná significa ‘cañaveral’. Solo Juan menciona este pueblo, y siempre lo llama “Caná de Galilea” (Jn 2:11; 4:46; 21:2), puede que para distinguirlo de la Caná (o Qaná, en hebreo, Qanáh) del territorio de la tribu de Aser (Jos 19:24, 28; nota). Muchos especialistas apoyan la idea de que se encontraba en Khirbet Qana, donde se han hallado las ruinas de una antigua población sobre una colina en el extremo norte del valle de Bet Netofa (llanura de el-Battuf), a unos 13 km (8 mi) al norte de Nazaret. En árabe, este sitio todavía recibe el nombre de Qana el-Jelil, equivalente de Caná de Galilea. Cerca hay una zona pantanosa con abundancia de cañas, de ahí que sea apropiado el nombre de Caná. En el lugar se han hallado restos de cisternas antiguas y lo que se piensa que son las ruinas de una sinagoga (de finales del siglo primero, o del siglo segundo de nuestra era). También se han encontrado allí fragmentos de vasijas de barro y monedas que se cree que son del siglo primero de nuestra era. La tradición eclesiástica ha promovido la idea de que Caná es Kafr Kanna, ubicada a 6,5 km (4 mi) al noreste de Nazaret, quizá porque es más accesible para los peregrinos que vienen de Nazaret. Sin embargo, el nombre de este sitio no tiene ninguna relación lingüística con el de Caná de Galilea que se menciona en la Biblia.

Cerca de la hora tercera. Es decir, cerca de las 9 de la mañana. En el siglo primero, los judíos dividían el periodo de luz del día en 12 horas (Jn 11:9). Este periodo comenzaba al amanecer, alrededor de las 6 de la mañana. Por lo tanto, la hora tercera sería alrededor de las 9 de la mañana; la hora sexta sería cerca del mediodía; y la hora novena, más o menos las 3 de la tarde. En vista de que la gente no tenía relojes precisos, normalmente las horas de los acontecimientos eran aproximadas (Jn 1:39; 4:6; 19:14; Hch 10:3, 9).

la hora séptima. Es decir, cerca de la 1 de la tarde. Ver la nota de estudio de Mt 20:3.

el segundo milagro. Esta frase se refiere al segundo de dos milagros que Jesús efectuó en Galilea al volver de Judea. El primer milagro o señal se menciona en Jn 2:11. Jesús realizó otras obras poderosas en Jerusalén antes de hacer este segundo milagro en Galilea (Jn 2:23).

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Monte Guerizim
Monte Guerizim

En este video se ven el monte Guerizim (1) cerca del posible lugar del pozo de Jacob (2), donde Jesús habló con una samaritana (Jn 4:6, 7), y el monte Ebal (3). El monte Guerizim se encuentra en el corazón del distrito de Samaria. Su cima se eleva unos 850 m (2.800 ft) sobre el nivel del mar Mediterráneo. La ciudad moderna de Nablus se ubica entre estas dos montañas en el fértil valle de Siquem. En el monte Guerizim se construyó un templo samaritano, quizás en el siglo cuarto antes de nuestra era, pero fue destruido en el año 128 antes de nuestra era. Parece que la samaritana se refirió al monte Guerizim cuando le dijo a Jesucristo: “Nuestros antepasados adoraban a Dios en esta montaña, pero ustedes dicen que hay que adorarlo en Jerusalén”. Para demostrarle que la adoración verdadera no debía depender de ningún lugar físico, Jesús le respondió: “Viene la hora en que ni en esta montaña ni en Jerusalén adorarán ustedes al Padre” (Jn 4:20, 21).

Cosechadores
Cosechadores

En tiempos bíblicos, los cereales se cosechaban a veces arrancando los tallos del suelo. Pero lo más habitual era cortar los tallos con una hoz (Dt 16:9; Mr 4:29). La cosecha solía ser un trabajo en equipo, en el que varios grupos de cosechadores recogían el grano maduro de un campo (Rut 2:3; 2Re 4:18). Varios escritores bíblicos, como el rey Salomón, el profeta Oseas y el apóstol Pablo, usaron este trabajo para enseñar verdades importantes (Pr 22:8; Os 8:7; Gál 6:7-9). El propio Jesús usó esta labor tan conocida para explicar el papel de sus seguidores y de los ángeles en la obra de hacer discípulos (Mt 13:24-30, 39; Jn 4:35-38).