Hechos 28:1-31

28  Cuando ya estábamos todos a salvo, nos enteramos de que la isla se llamaba Malta.+  Y los habitantes de la isla nos mostraron una bondad extraordinaria. Encendieron un fuego y nos recibieron a todos amablemente porque estaba lloviendo y hacía frío.+  Pero, cuando Pablo juntó un manojo de ramas y lo echó al fuego, salió una víbora por el calor y se le prendió de la mano.  Cuando los habitantes de la isla vieron el animal venenoso colgando de su mano, empezaron a decirse unos a otros: “Este hombre debe ser un asesino. Y, aunque se salvó del mar, la Justicia no le ha permitido vivir”.  Pero él sacudió la mano y el animal cayó en el fuego, y él no sufrió ningún daño.  Ellos se quedaron esperando a que él se hinchara o que cayera muerto de repente. Pero, al ver que pasaba el tiempo y que no le ocurría nada malo, cambiaron de opinión y empezaron a decir que era un dios.+  Cerca del lugar, el hombre más importante de la isla tenía terrenos. Su nombre era Publio. Él nos dio la bienvenida y nos hospedó amablemente durante tres días.  Pero resultó que el padre de Publio estaba postrado en cama con fiebre y disentería, así que Pablo entró adonde él estaba y, tras orar y poner las manos sobre él, lo sanó.+  Después de esto, los demás enfermos de la isla empezaron a ir a verlo y fueron curados.+ 10  También nos honraron con muchos regalos y, cuando íbamos a zarpar, nos dieron todo lo que necesitábamos. 11  Después de pasar tres meses en la isla, zarpamos en un barco que tenía un mascarón de proa de los Hijos de Zeus. El barco era de Alejandría y había pasado el invierno en la isla. 12  Hicimos una escala de tres días en Siracusa. 13  Desde allí seguimos adelante y llegamos a Regio. Un día después se levantó un viento del sur y al segundo día pudimos llegar a Puteoli. 14  Allí encontramos hermanos y nos suplicaron que nos quedáramos con ellos siete días. Luego salimos hacia Roma. 15  Cuando los hermanos de allí tuvieron noticias nuestras, vinieron hasta la Plaza del Mercado de Apio y las Tres Tabernas para encontrarse con nosotros. Al verlos, Pablo le dio gracias a Dios y se sintió muy animado.+ 16  Cuando por fin llegamos a Roma, a Pablo se le permitió alojarse solo, con un soldado vigilándolo. 17  Sin embargo, a los tres días, llamó a los judíos más importantes. Y, cuando estaban todos reunidos, les dijo: “Hermanos, aunque no hice nada contra el pueblo ni las costumbres de nuestros antepasados,+ en Jerusalén me entregaron preso a los romanos.+ 18  Tras interrogarme,+ ellos quisieron liberarme, porque no había base para condenarme a muerte.+ 19  Como los judíos no estaban de acuerdo, me vi obligado a apelar a César,+ pero no porque yo tuviera alguna acusación contra mi nación. 20  Por eso pedí verlos y hablar con ustedes, porque llevo esta cadena debido a la esperanza de Israel”.+ 21  Entonces ellos le dijeron: “No hemos recibido ninguna carta de Judea sobre ti, ni ninguno de los hermanos que han llegado de allí nos ha traído noticias ni nos ha hablado mal de ti. 22  Pero nos parece adecuado oír de tu propia boca lo que piensas, porque sabemos que en todas partes se habla en contra de esta secta”.+ 23  Así que ellos hicieron planes para reunirse un día con él, y un número aún mayor de personas fueron adonde él se alojaba. Entonces, desde la mañana hasta el atardecer, les explicó el asunto dándoles un testimonio completo* sobre el Reino de Dios, a fin de convencerlos de que aceptaran a Jesús+ usando la Ley de Moisés+ y los Profetas.+ 24  Algunos creyeron las cosas que decía y otros no. 25  Y, como no se ponían de acuerdo entre ellos, empezaron a irse. Pablo solo hizo este comentario: “Con razón el espíritu santo les habló a sus antepasados mediante el profeta Isaías 26  y dijo: ‘Ve adonde este pueblo y di: “Ustedes van a oír, pero jamás van a entender. Van a mirar, pero jamás van a ver.+ 27  Porque el corazón de este pueblo se ha hecho insensible.* Se han tapado los oídos* y han cerrado los ojos, para que nunca vean con los ojos ni oigan con los oídos ni entiendan con el corazón ni regresen a Dios* y yo los sane”’.+ 28  Por lo tanto, sepan que esta salvación procedente de Dios ha sido enviada a las naciones.+ Ellas sí la escucharán”.+ 29  -- 30  De modo que él se quedó allí durante dos años enteros en su propia casa alquilada.+ Recibía amablemente a todos los que lo visitaban, 31  y les predicaba el Reino de Dios+ y les enseñaba acerca del Señor Jesucristo con muchísimo valor,+ sin ningún obstáculo.

Notas

O “cabal”.
Lit. “se ha endurecido”, “se ha engrosado”.
O “Sus oídos han oído sin hacer caso”.
O “ni se vuelvan”.

Notas de estudio

el mar de Adria. En tiempos de Pablo, se conocía con este nombre un área más grande que el actual mar Adriático. Según el geógrafo griego Estrabón, el nombre proviene de Atria, una antigua ciudad situada en la desembocadura del río Po, en lo que hoy se conoce como golfo de Venecia (Geografía [trad. José Vela Tejada y Jesús Gracia Artal], libro V, cap. 1, sec. 8). La ciudad italiana conocida actualmente como Adria se encuentra un poco más separada de la costa. Parece que, en un principio, “el mar de Adria” se refería a las aguas cercanas a la antigua ciudad. Pero, con el tiempo, el nombre llegó a aplicarse a lo que hoy día serían el mar Adriático, el mar Jónico y las aguas del mar Mediterráneo que se encuentran al este de Sicilia (y Malta) y al oeste de Creta. Ver apén. B13.

Malta. Aquí el texto griego usa el nombre Melítē. Por siglos se ha identificado esta isla con Malta. El barco en el que viajaba Pablo fue empujado en dirección sur por vientos fuertes, desde Cnido (en el extremo suroeste de Asia Menor) hasta las aguas al sur de Creta (Hch 27:7, 12, 13, 21). En Hch 27:27 se dice que la embarcación fue llevada “de acá para allá en el mar de Adria”. En tiempos de Pablo, se conocía con el nombre de “mar de Adria” un área más grande que el actual mar Adriático. Abarcaba el mar Jónico y las aguas que se encuentran al este de Sicilia y al oeste de Creta, de modo que incluía las aguas frente a la isla de Malta de la actualidad (ver la nota de estudio de Hch 27:27). En vista de que el viento dominante de la tormenta era el euroaquilón (Hch 27:14), es probable que la embarcación fuera arrastrada hacia el oeste y naufragara en la isla de Malta, al sur de Sicilia. A lo largo de los años, algunos especialistas han propuesto que otras islas pudieran ser la Melítē que se menciona en la Biblia. Una teoría señala a una isla cerca de Corfú, frente a la costa oeste de Grecia. Otra se basa en el nombre griego Melítē para afirmar que se trataba de la isla de Melite Illyrica, conocida hoy como Mljet, que se encuentra en el mar Adriático, frente a la costa de Croacia. Sin embargo, por la descripción de la ruta que da la Biblia, no es probable que el barco girara y navegara tan al norte que llegara a Corfú o Mljet. Ver apén. B13.

los habitantes de la isla. O “las personas de habla extranjera”. Algunas versiones más antiguas de la Biblia emplean aquí “bárbaros”. El término griego original (bárbaros), al repetir bar bar, comunica la idea de tartamudear, balbucear o hablar de forma incomprensible. Por eso, los griegos al principio lo aplicaban a cualquier extranjero que hablara una lengua diferente. Para ese entonces, no se refería a una persona incivilizada, inculta o sin buenos modales, ni indicaba desprecio. Sencillamente distinguía a los griegos de los que no lo eran. Algunos escritores judíos, como Josefo, reconocían que los propios judíos también eran llamados así (Antigüedades judías [trad. Luis Farré], libro XIV, cap. X, sec. 1; Contra Apión [trad. Margarita Rodríguez de Sepúlveda], libro I, sec. 11, párr. 58). De hecho, los romanos se llamaban a sí mismos bárbaros hasta que adoptaron la cultura griega. En este versículo, el término se aplica a los malteses, que al parecer hablaban su idioma nativo (probablemente el púnico o cartaginés), que no estaba relacionado con el griego. Ver la nota de estudio de Ro 1:14.

bondad. O “bondad humana”, “humanidad”, “amabilidad”. La palabra griega filanthrōpía significa literalmente ‘amor por los seres humanos’. Esa bondad podría incluir la idea de interesarse sinceramente por otros y ser hospitalario ocupándose de sus necesidades y su bienestar. Como se ve en este relato, las personas pueden demostrar esta cualidad de Jehová aun antes de llegar a conocerlo. Se ve un ejemplo parecido en Hch 27:3, donde se emplea una palabra relacionada (filanthrṓpōs) para hablar de la forma como el oficial del ejército Julio trató a Pablo. En Tit 3:4 se utiliza la palabra filanthrōpía para referirse a los sentimientos de Jehová y se traduce como “amor por la humanidad”.

una víbora. Hoy en día no hay víboras en Malta. Pero, por lo que se ve en este relato, los malteses del siglo primero las conocían. Puede que, con el paso de los siglos, los cambios medioambientales o el crecimiento de la población humana hayan hecho desaparecer esta especie de la isla.

Justicia. La palabra en griego es díkē. Es posible que se refiera a la justicia en sentido abstracto o a la diosa que personifica la justicia vengadora. En la mitología griega, Diké era el nombre de la diosa de la justicia. Se creía que vigilaba lo que hacían los humanos y le informaba a Zeus de las injusticias que cometían en secreto, para que los culpables fueran castigados. Quizá los malteses pensaron que, aunque Pablo había sobrevivido al naufragio, finalmente lo había alcanzado algún tipo de justicia divina y se lo estaba castigando mediante una serpiente.

Hijos de Zeus. Según las mitologías griega y romana, los “Hijos de Zeus” (en griego, Dióskouroi) eran Cástor y Pólux, hijos gemelos del dios Zeus (Júpiter) y de una reina de Esparta llamada Leda. Entre otras cosas, se los consideraba protectores de los marineros y se creía que podían salvarlos cuando estaban en peligro en el mar. Este detalle sobre el mascarón del barco es otra prueba de que el relato fue escrito por un testigo presencial.

Siracusa. Ciudad con un importante puerto, situada en la costa sureste de la isla de Sicilia y conocida todavía hoy con el mismo nombre. Según el historiador griego Tucídides, fue fundada por los corintios en el año 734 antes de nuestra era. Siracusa fue el lugar de nacimiento de personajes famosos de la antigüedad, como el matemático Arquímedes. Fue conquistada por los romanos en el año 212 antes de nuestra era. Ver apén. B13.

Puteoli. Hoy llamada Pozzuoli. Era un importante puerto situado a unos 10 km (6 mi) al oeste-suroeste de Nápoles, en el sureste de la actual Italia. Todavía son visibles allí grandes ruinas de un antiguo rompeolas o dique. Josefo llama a este lugar por su nombre antiguo, Dicearquía, y dice que tenía una colonia judía (Antigüedades judías [trad. Luis Farré], libro XVII, cap. XII, sec. 1). Pablo llegó a Puteoli alrededor del año 59 de nuestra era, cuando iba de camino a Roma para presentarse ante el César. El barco venía de la ciudad portuaria de Regio (hoy llamada Regio de Calabria), en el extremo sur de Italia, enfrente de Sicilia, a unos 320 km (200 mi) al sursureste de Puteoli. Los cristianos de Puteoli les suplicaron a Pablo y a quienes lo acompañaban que se quedaran una semana con ellos (Hch 28:14). Esto indica que, aunque Pablo era un prisionero, disfrutaba de cierto grado de libertad. Ver apén. B13.

Luego salimos hacia Roma. Roma estaba a 245 km (152 mi) de Puteoli, de modo que el viaje pudo tomar hasta una semana. Es probable que Pablo y sus compañeros hicieran primero escala en Capua y de allí viajaran 212 km (132 mi) a Roma por la Vía Apia (en latín, Via Appia). Esta calzada debía su nombre a un político romano llamado Apio Claudio el Ciego, que comenzó a construirla en el año 312 antes de nuestra era. Con el tiempo, llegó a enlazar Roma con el puerto de Brundisium (llamado hoy día Bríndisi), que servía de conexión con las regiones más al este. Buena parte de la vía estaba pavimentada con grandes bloques de roca volcánica. La anchura de la calzada variaba bastante: en algunos tramos tenía menos de 3 m (10 ft), mientras que en otros, más de 6 m (20 ft). El criterio que se siguió para su construcción fue que dos vehículos debían poder pasar al mismo tiempo en direcciones opuestas sin estorbarse el uno al otro. Desde algunos puntos de la vía se podía ver el mar Mediterráneo. La ruta cruzaba los pantanos Pontinos, una zona de aguas estancadas que hizo que un escritor romano se quejara de los mosquitos y el mal olor. En este tramo se construyó un canal a lo largo de la calzada, de modo que, cuando esta se inundaba, los viajeros podían cruzar esa zona en barcas. Justo al norte de los pantanos se encontraban la Plaza del Mercado de Apio, a unos 65 km (40 mi) de Roma, y la parada de descanso conocida como las Tres Tabernas, a unos 50 km (30 mi) de la ciudad.

Plaza del Mercado de Apio. O “Foro de Apio”. Este mercado (en latín, Appii Forum) se encontraba a unos 65 km (40 mi) al sureste de Roma. Era una parada muy conocida de la Vía Apia, una famosa calzada romana que iba de Roma a Brundisium (hoy Bríndisi) pasando por Capua. Tanto la calzada como el mercado debían su nombre a su fundador, Apio Claudio el Ciego, que vivió en el siglo cuarto antes de nuestra era. Por ser la parada de descanso habitual tras un día de viaje desde Roma, el Foro de Apio se convirtió en un concurrido mercado y zona comercial. También cobró importancia por su ubicación en un canal que iba a lo largo de la calzada y que atravesaba los pantanos Pontinos. Dicen que los viajeros eran transportados de noche por el canal en barcazas tiradas por mulas. El poeta romano Horacio describe las incomodidades de ese trayecto quejándose de las ranas y los mosquitos, y diciendo que el Foro de Apio era un “hormiguero de marineros y de pillos mesoneros” (Sátiras [trad. Jerónides Lozano Rodríguez], libro I, sec. 5). A pesar de todos estos inconvenientes, la delegación de hermanos de Roma esperó feliz a Pablo y sus compañeros para que ellos pudieran hacer de forma segura la última etapa del viaje. Donde antes estaba el Foro de Apio, junto a la Vía Apia, hoy día se encuentra el pequeño pueblo de Borgo Faiti. Ver apén. B13.

Tres Tabernas. Este lugar, que tenía el mismo nombre en latín, también se menciona en otros escritos antiguos. Se encontraba en la Vía Apia, a unos 50 km (30 mi) al sureste de Roma y a unos 15 km (9,5 mi) de la Plaza del Mercado de Apio. Hoy día todavía quedan allí algunas ruinas romanas. Ver apén. B13.

César O “el emperador”. El emperador romano para ese tiempo era Nerón. Gobernó desde el año 54 hasta el 68 de nuestra era, cuando se suicidó a los 31 años. Todas las referencias que se hacen a César en los capítulos 25 a 28 de Hechos se refieren a Nerón. Ver las notas de estudio de Mt 22:17; Hch 17:7 y el glosario.

secta. Aquí se usa la palabra griega háiresis (de donde proviene la palabra herejía). Al parecer, originalmente significaba ‘una elección’. Así es como la emplea la Septuaginta en Le 22:18, donde se habla de ofrendas voluntarias, las ofrendas que hacían los israelitas “de acuerdo con su propia elección”. En las Escrituras Griegas Cristianas, el término se refiere a un grupo de personas con una doctrina o punto de vista particular. Se usa para hablar de las dos ramas principales del judaísmo: los fariseos y los saduceos (Hch 5:17; 15:5; 26:5). A los cristianos se los llamaba “secta” o “secta de los nazarenos”, tal vez porque los que no eran cristianos los consideraban un grupo que se había separado del judaísmo (Hch 24:5, 14; 28:22). La palabra griega háiresis también se aplicó a grupos que se formaron dentro de la congregación cristiana. Jesús destacó que debía haber unidad entre sus discípulos y le pidió a Dios que así fuera (Jn 17:21). Los apóstoles también se esforzaron por conservar la unidad de la congregación cristiana (1Co 1:10; Jud 17-19). Esta unidad se rompería si se formaban grupos aparte o facciones dentro de la congregación. Por eso, al usarse háiresis para referirse a esos grupos, a esta palabra griega se le dio el sentido negativo de una facción, una división o una secta. La falta de unidad en las creencias podría provocar fuertes discusiones, divisiones e incluso enemistades (comparar con Hch 23:7-10). Así que las sectas se consideraban una manifestación de “las obras de la carne” y debían evitarse (Gál 5:19-21; 1Co 11:19; 2Pe 2:1).

esta secta. Ver la nota de estudio de Hch 24:5.

como testigo. O “para testimonio”. El sustantivo griego que se traduce como “testimonio” (martyría) aparece el triple de veces en el Evangelio de Juan que en los otros tres Evangelios juntos. Y el verbo relacionado, que se traduce como “dar testimonio” (martyréō), se usa 39 veces en el Evangelio de Juan y solo 2 veces en los otros tres Evangelios (Mt 23:31; Lu 4:22). Este verbo se usa tan frecuentemente con Juan el Bautista que algunos han sugerido llamarlo “Juan el Testigo” (Jn 1:8, 15, 32, 34; 3:26; 5:33; ver la nota de estudio de Jn 1:19). En el Evangelio de Juan también se usa mucho en relación con el ministerio de Jesús. A menudo se dice que Jesús daba testimonio (Jn 8:14, 17, 18). Son muy interesantes las palabras del propio Jesús a Poncio Pilato: “Para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad” (Jn 18:37). Y, en el libro de Apocalipsis, una revelación que recibió Juan, se llama a Jesús “el Testigo Fiel” y “el testigo fiel y verdadero” (Ap 1:5; 3:14).

mis testigos. Como eran judíos fieles, los primeros discípulos de Jesús ya eran testigos de Jehová y daban testimonio de que Jehová es el único Dios verdadero (Is 43:10-12; 44:8). Sin embargo, ahora iban a ser testigos no solo de Jehová, sino también de Jesús. Darían a conocer el papel clave que desempeñaría Jesús en la santificación del nombre de Jehová mediante su Reino mesiánico, que sería un nuevo rasgo del propósito de Dios. A excepción del Evangelio de Juan, el libro de Hechos emplea más que ningún otro libro bíblico las palabras griegas para “testigo” (mártys), “dar testimonio” (martyréō), “dar testimonio completo” (diamartýromai) y otros términos relacionados (ver la nota de estudio de Jn 1:7). La idea de ser un testigo y dar testimonio completo de los propósitos de Dios —que incluyen su Reino y el papel fundamental de Jesús— se repite a lo largo de todo el libro de Hechos (Hch 2:32, 40; 3:15; 4:33; 5:32; 8:25; 10:39; 13:31; 18:5; 20:21, 24; 22:20; 23:11; 26:16; 28:23). Algunos cristianos del siglo primero dieron testimonio al dar a conocer o confirmar hechos históricos sobre la vida, muerte y resurrección de Jesús por lo que sabían de primera mano (Hch 1:21, 22; 10:40, 41). Y los que más adelante pusieron su fe en Jesús dieron testimonio al proclamar la importancia de su vida, muerte y resurrección (Hch 22:15). Ver la nota de estudio de Jn 18:37.

dándoles un testimonio completo sobre el Reino de Dios. A excepción del Evangelio de Juan, el libro de Hechos emplea más que ningún otro libro bíblico las palabras griegas para “testigo” (mártys), “dar testimonio” (martyréō), “dar testimonio completo” (diamartýromai) y otros términos relacionados (ver las notas de estudio de Jn 1:7; Hch 1:8). La idea de ser un testigo y dar testimonio completo de los propósitos de Dios —que incluyen su Reino y el papel fundamental de Jesús— es el tema que se repite a lo largo de todo el libro de Hechos (Hch 2:32, 40; 3:15; 4:33; 5:32; 8:25; 10:39; 13:31; 18:5; 20:21, 24; 22:20; 23:11; 26:16).

esta salvación procedente de Dios. O “esto, el medio por el que Dios salva”. La palabra griega sōtḗrion puede referirse tanto a la salvación como al medio que se usa para traer salvación o liberación (Lu 2:30; nota; 3:6; nota). Por extensión, también puede referirse al mensaje que explica la manera como Dios salvará a la humanidad.

Algunos manuscritos griegos más recientes y ciertas traducciones antiguas a otros idiomas añaden las siguientes palabras: “Y después de decir esto, los judíos se fueron discutiendo mucho entre ellos”. Sin embargo, estas palabras no aparecen en los manuscritos más antiguos y confiables, y al parecer no son parte del texto original de Hechos. Ver apén. A3.

él se quedó allí durante dos años enteros. Durante este periodo de dos años, Pablo escribió las Cartas a los Efesios (Ef 4:1; 6:20), a los Filipenses (Flp 1:7, 12-14), a los Colosenses (Col 4:18), a Filemón (Flm 9) y, al parecer, también a los Hebreos. Es posible que su arresto domiciliario haya terminado alrededor del año 61 de nuestra era, cuando aparentemente fue juzgado —quizás ante el emperador Nerón o uno de sus representantes— y declarado inocente. Después de ser liberado, Pablo siguió activo, como era de esperar. Puede que en esta época hiciera el viaje a España que tenía planeado (Ro 15:28). Según Clemente de Roma, que escribió alrededor del año 95 de nuestra era, Pablo viajó “hasta el límite del Occidente”, refiriéndose al extremo oeste del Imperio romano (Carta primera de San Clemente [trad. Daniel Ruiz Bueno], cap. V, sec. 7). Las tres cartas de Pablo fechadas en los años posteriores a su liberación (1 y 2 Timoteo y Tito) revelan que probablemente visitó Creta, Éfeso, Macedonia, Mileto, Nicópolis y Troas (1Ti 1:3; 2Ti 4:13, 20; Tit 1:5; 3:12). Algunos sugieren que fue en Nicópolis (Grecia) donde Pablo fue arrestado de nuevo y enviado preso una vez más a Roma, alrededor del año 65 de nuestra era. En esa ocasión, parece que Nerón no tuvo misericordia. Un incendio había destruido una gran parte de Roma el año anterior y, según el historiador romano Tácito, Nerón culpó falsamente a los cristianos. Luego inició una feroz campaña de persecución contra ellos. Cuando Pablo escribió su segunda y última carta a Timoteo, contaba con que sería ejecutado pronto, de modo que les pidió a Timoteo y a Marcos que fueran a él lo antes posible. En ese entonces, Lucas y Onesíforo demostraron gran valor y arriesgaron su vida para visitar a Pablo y consolarlo (2Ti 1:16, 17; 4:6-9, 11). Es probable que el apóstol fuera ejecutado alrededor del año 65 de nuestra era. A lo largo de su vida y hasta su muerte, fue un sobresaliente testigo de “todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar” (Hch 1:1).

predicaba. La palabra griega básicamente significa ‘proclamar como heraldo’. Destaca la manera como se hace la proclamación: por lo común, de forma abierta y pública para que todo el mundo la oiga, más bien que con un sermón a un grupo limitado de personas. El tema de esta predicación fue “el Reino de Dios”. En el libro de Hechos, la expresión “el Reino de Dios” se usa seis veces. La primera es en Hch 1:3, donde se indica de qué habló Jesús durante los 40 días que pasaron entre su resurrección y su ascensión al cielo. El Reino de Dios siguió siendo el tema principal de la predicación de los apóstoles (Hch 8:12; 14:22; 19:8; 28:23).

con muchísimo valor. O “con total libertad”, “abiertamente”, “sin temor”. La palabra griega parrēsía empleada aquí también se ha traducido como “con franqueza” (Hch 4:13, nota). Este sustantivo y el verbo relacionado parrēsiázomai (con frecuencia traducido como “hablar con valor”) aparecen varias veces en el libro de Hechos. Como se ve desde el principio de este relato de Lucas hasta el final, el valor fue una marca distintiva de la predicación de los primeros cristianos (Hch 4:29, 31; 9:27, 28; 13:46; 14:3; 18:26; 19:8; 26:26).

sin ningún obstáculo. O “sin ningún impedimento”. El libro de Hechos termina con una nota positiva. Aunque Pablo estaba bajo arresto domiciliario, siguió predicando y enseñando abiertamente. Nada pudo frenar la difusión del mensaje del Reino en Roma. Esta es una magnífica conclusión para el libro de Hechos. Muestra cómo el espíritu santo dio fuerzas a los cristianos del primer siglo para iniciar la mayor campaña de predicación de la historia, que llevó las buenas noticias del Reino de Dios “hasta la parte más lejana de la tierra” (Hch 1:8).

Multimedia

Construcción de una calzada romana
Construcción de una calzada romana

La extensa red de calzadas romanas contribuyó a que los primeros cristianos difundieran las buenas noticias por todo el Imperio. El apóstol Pablo sin duda recorrió muchos kilómetros por estos caminos (Col 1:23). En este dibujo se puede ver cómo se solían construir las calzadas de piedra romanas. Para empezar, se marcaba por dónde iría el camino. Luego se cavaba una fosa y se llenaba con diferentes capas de piedra, mortero y arena que servían de base. Encima se colocaban grandes losas de piedra y en los bordes se ponían piedras que ayudaban a mantener el pavimento en su sitio. Los materiales que se usaban y la forma de la calzada, más elevada en el centro, evitaban que el agua se acumulara en la superficie. En las piedras de los bordes también se hacían desagües a intervalos regulares para escurrir el agua hacia las zanjas que había a ambos lados del camino. Los constructores de estas calzadas hicieron tan buen trabajo que algunas de ellas han sobrevivido hasta la actualidad. Pero la mayoría de las calzadas del Imperio romano no eran tan elaboradas. Las vías más comunes estaban hechas sencillamente de gravilla apisonada.

La ciudad de Roma
La ciudad de Roma

Roma era la capital del Imperio romano y fue construida en una zona que tenía siete colinas, al lado del río Tíber. A medida que crecía el Imperio, la ciudad se extendía. A mediados del siglo primero de nuestra era puede que Roma tuviera una población de más o menos un millón de personas, que incluía una importante comunidad judía. Es probable que los primeros cristianos de Roma fueran judíos y prosélitos que habían estado en Jerusalén en el Pentecostés del año 33 y habían escuchado a Pedro y otros discípulos. Y puede que estos nuevos discípulos hayan predicado las buenas noticias cuando regresaron a Roma (Hch 2:10). En su Carta a los Romanos, que se escribió alrededor del año 56, el apóstol Pablo escribió que por todo el mundo se hablaba de la fe de los discípulos de Roma (Ro 1:7, 8). En este video se ve una representación artística de algunos elementos característicos de esta ciudad, como puede que fueran en los días de Pablo.

1. Vía Apia

2. Circo Máximo

3. Monte Palatino y palacio de César

4. Templo de César

5. Teatros

6. Panteón

7. Río Tíber

Vía Apia
Vía Apia

Como se ve en la fotografía, en Italia todavía sobreviven restos de la Vía Apia (en latín, Via Appia). Aunque en la Biblia no se menciona directamente esta calzada, es probable que fuera la que Pablo tomó en su viaje hacia Roma. Empezó a construirse en el año 312 antes de nuestra era, pero las obras continuaron, y más o menos para el año 244 antes de nuestra era unía Roma con Brundisium (ver mapa). Para encontrarse con Pablo, algunos hermanos de Roma viajaron en dirección sur a las Tres Tabernas y a la Plaza del Mercado de Apio, que eran dos paradas de la Vía Apia (Hch 28:15). La Plaza del Mercado de Apio se encontraba a unos 65 km (40 mi) de Roma, y las Tres Tabernas, a unos 50 km (30 mi).

1. Roma

2. Tres Tabernas

3. Plaza del Mercado de Apio

4. Vía Apia

5. Brundisium (hoy Bríndisi)

Las cadenas de prisión de Pablo durante su arresto domiciliario
Las cadenas de prisión de Pablo durante su arresto domiciliario

Durante el tiempo que estuvo preso en Roma por primera vez, el apóstol Pablo recibió permiso para vivir en una casa alquilada vigilado por un guardia (Hch 28:16, 30). Los vigilantes romanos normalmente usaban cadenas con sus presos. La muñeca derecha del preso solía encadenarse a la muñeca izquierda del guardia, que así tenía la mano derecha libre. Pablo menciona sus cadenas y su cautiverio en la mayoría de las cartas inspiradas que escribió durante su arresto domiciliario en Roma (Ef 3:1; 4:1; 6:20; Flp 1:7, 13, 14, 17; Col 4:3, 18; Flm 1, 9, 10, 13).

Nerón
Nerón

En esta moneda de oro, que fue acuñada alrededor del año 56 o del 57 de nuestra era, se ve una imagen de Nerón, el emperador romano que gobernó entre los años 54 y 68 de nuestra era. Nerón fue el César a quien Pablo apeló después de que lo arrestaran injustamente en Jerusalén y estuviera encarcelado en Cesarea desde más o menos el año 56 a más o menos el año 58. Pablo estuvo preso por primera vez en Roma desde alrededor del año 59 y parece que fue declarado inocente y liberado aproximadamente en el año 61. Sin embargo, en el año 64, un incendio quemó una cuarta parte de la ciudad de Roma y algunos le echaron la culpa a Nerón. Para desviar las sospechas, Nerón acusó a los cristianos y esto provocó que el gobierno los persiguiera con mucha violencia. Es probable que Pablo estuviera preso por segunda vez en Roma en esa época (el año 65) y que fuera condenado a muerte poco después.