Ir al contenido

Ir al índice

 REPÚBLICA DOMINICANA

¿Quién es el líder?

¿Quién es el líder?

“Sin cabeza no triunfan las ideas”

El 13 de julio de 1957, el inspector Colón escribió al secretario de Estado: “Dice un viejo [refrán] popular que ‘a la culebra se le da por la cabeza’”. Luego indicó que para lograr la “erradicación de [la] llamada Secta ‘Testigos de Jehová’”, había que buscar la forma de sacar del país a los misioneros. Tal medida dejaría sin cabeza a la organización y, según escribió él, “sin cabeza no triunfan las ideas”.

Poco después, el secretario de Seguridad, Arturo Espaillat, les ordenó que abandonaran el país a los 10 misioneros que quedaban. El 21 de julio de 1957, Roy Brandt escribió a Trujillo para pedirle reunirse con él y explicarle nuestra situación. La carta decía en parte: “La campaña de odio que ciertas personas están haciendo en el país contra el nombre de Jehová Dios es igual a la que personas mal informadas hicieron contra los apóstoles de Jesús”. El hermano Brandt recomendó a Trujillo que leyera los capítulos 2 a 6 del libro de Hechos y explicó: “El consejo sabio y directo que dio el juez Gamaliel en aquella ocasión es tan oportuno ahora como lo fue entonces”. A continuación, citó de Hechos 5:38, 39 en letras mayúsculas: “DEJAD A  ESTOS HOMBRES [...]; PORQUE SI ESTO [...] VIENE DE DIOS, NO PODRÉIS DISOLVERLO, Y QUIZÁ ALGÚN DÍA OS HALLÉIS CON QUE HABÉIS HECHO LA GUERRA A DIOS”. Pero la petición cayó en saco roto, pues el 3 de agosto de 1957 llevaron a los misioneros al aeropuerto y los deportaron.

Jesús “es la cabeza”

Donald Nowills tenía solo 20 años cuando se encargó del trabajo de la sucursal

¿Qué pasaría con los hermanos del país tras la partida de los misioneros? ¿Quedarían “sin cabeza”, tal como había dicho el inspector Colón? De ningún modo, porque Jesús “es la cabeza” de la congregación (Col. 1:18). El pueblo de Dios de la República Dominicana no quedó abandonado. Jehová siguió cuidándolo y guiándolo.

Donald Nowills se tuvo que encargar del trabajo de la sucursal después que deportaron a los misioneros. Tenía  solo 20 años y se había bautizado hacía cuatro. Había sido superintendente de circuito por unos meses, pero el trabajo que se hace en una sucursal era algo nuevo para él. Vivía en una casa de madera y hierro galvanizado, con piso de tierra, ubicada en Gualey, un barrio muy peligroso de Ciudad Trujillo. Allí tenía una rudimentaria y pequeña oficina. Félix Marte lo ayudaba a hacer copias de La Atalaya para los hermanos del país.

Un número de La Atalaya de 1958 mimeografiado

Mary Glass también ayudaba al hermano Nowills. Su esposo, Enrique, estaba en prisión. Ella explica: “Salía del trabajo a las cinco de la tarde y me iba a la oficina del hermano Nowills a mecanografiar La Atalaya. Entonces él hacía copias con el mimeógrafo. Luego, una hermana de Santiago, a quien le dimos el nombre clave de ‘el ángel’, ponía las copias en el fondo de una lata grande de aceite vegetal vacía. Tapaba las publicaciones con un paño y colocaba encima yuca, papas o yautías.  Y por último, cubría todo con una tela de saco (arpillera). Después, la hermana se iba al norte del país en transporte público para entregar una copia a cada congregación. Los hermanos se la prestaban unos a otros para estudiarla en familia”.

Mary añade: “Teníamos que ser muy cautelosos porque las calles estaban llenas de agentes del gobierno que intentaban averiguar dónde imprimíamos La Atalaya. Pero nunca lo supieron. Jehová siempre nos protegió”.