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Los niños de un orfanato van a las reuniones

Angela, que vive en Surinam, fue a visitar un orfanato que hay cerca de su casa. La directora era una hermana inactiva, así que enseguida le dio permiso para que predicara dentro de la institución. Angela habló con 85 niños y les mostró videos de jw.org. Como resultado, empezó a estudiar la Biblia con muchos de ellos. Dos precursoras se sumaron,  y cada una se encargaba de un grupo. La hermana inactiva les contó que les había enseñado a los niños canciones de uno de nuestros cancioneros y que les leía historias bíblicas por las noches. También dijo que quería ir a las reuniones, pero que no podía dejar a los 85 niños solos en el orfanato. Así que se hicieron planes para que todos pudieran asistir. Como el orfanato está cerca del Salón del Reino, los hermanos acompañaron a los niños hasta el salón. En la actualidad, tanto la hermana como los 85 niños asisten a las reuniones.

Un pequeño de seis años le enseña a su abuelo

Paraguay: Gabriel hablando con su abuelo

Mientras Gabriel, un niño de seis años que vive en Paraguay, volvía de la asamblea a su casa, pensaba en lo importante que es anunciar el mensaje del Reino. Entonces se dio cuenta de que había alguien muy especial con quien él quería estar en el Paraíso: su abuelo. Pero el abuelo de Gabriel nunca se había interesado en la verdad y estaba en contra de que su esposa y sus hijos fueran testigos de Jehová.

Ese mismo día, Gabriel les dijo a sus padres que quería llamar por videoconferencia a sus abuelos, que viven en la Argentina. Entonces, Gabriel le explicó a su abuelo por qué es tan importante estudiar la Biblia y le preguntó directamente: “Abue, ¿querés que te enseñe algo de la Biblia?”. El abuelo le dijo que sí. De modo que Gabriel le sugirió estudiar el folleto Escuche a Dios y vivirá para siempre. A partir de ahí estudiaron juntos el folleto por meses. Como a los dos les costaba leer bien, practicaban la lectura antes de estudiar. Gabriel se  preparaba todas las lecciones, y antes de cada sesión se ponía una camisa y una corbata.

Más adelante, los abuelos decidieron visitar a la familia de Gabriel por unas semanas. Durante el tiempo que estuvo allí, el abuelo acompañó a la familia a todas las reuniones. Al regresar a la Argentina, siguió estudiando la Biblia con un hermano y progresó hasta hacerse publicador no bautizado. Además, ora con su esposa todos los días y ha expresado el deseo de bautizarse. Gabriel, por su parte, también ha progresado mucho, pues ya es publicador.

“No fue una casualidad”

En Brasil, Jennifer llamó a una puerta para ofrecer el tratado ¿Será posible que los muertos vuelvan a vivir? La señora de la casa tenía prisa porque debía llegar al funeral de una amiga. Así que Jennifer le dijo que precisamente  quería dejarle un tratado que hablaba de la esperanza de que nuestros seres queridos vuelvan a vivir. La mujer se sorprendió al ver el título, pero aceptó leerlo. Cuando la hermana le preguntó si quería algunos más para llevárselos a los familiares de la fallecida, a la mujer le pareció buena idea, y le pidió nueve tratados más.

Días después, Jennifer fue a visitar de nuevo a la mujer, quien le dijo: “El que viniera el otro día a mi casa no fue una casualidad. Luego me di cuenta de que Dios la envió para que me consolara con aquel mensaje que tanto necesitaba”. La mujer le contó que había distribuido todos los tratados y que el familiar que pronunció el sermón de funeral se lo leyó a los presentes. A todos les encantó, y le dieron las gracias a ella por haberles llevado ese mensaje tan consolador. La mujer ahora estudia la Biblia.

Predican en los tap-taps

En enero de 2014, tres betelitas de Haití hicieron un viaje en un colorido tap-tap, un autobús típico de la zona. En las dos horas y media que duró el trayecto, hablaron del mensaje del Reino con otros viajeros y dejaron 50 revistas y 30 tratados. Uno de los betelitas, Gurvitch, le leyó a un hombre algunos párrafos de la revista ¡Despertad! Al escucharlos hablar, un joven llamado Pépé intervino en la conversación. Solicitó un curso bíblico y cuando le dio la dirección a Gurvitch, resulta que vivía en el territorio de su congregación. Desde entonces, Pépé ha asistido a prácticamente todas las reuniones y asambleas, y les habla a otros de su nueva fe. También ha expresado su deseo de ser publicador pronto.