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 REPÚBLICA DOMINICANA

Libres, pero por poco tiempo

Libres, pero por poco tiempo

Llega la libertad de manera inesperada

Manuel Hierrezuelo murió a manos de las autoridades durante un interrogatorio

Lennart y Virginia Johnson y Roy y Juanita Brandt siguieron cumpliendo con su labor de misioneros durante los difíciles años en los que la obra de los Testigos estaba prohibida. Lennart relató: “A Roy Brandt y a mí nos convocaron a un interrogatorio. Antes de eso, los agentes del gobierno de Trujillo le habían pedido al hermano Manuel Hierrezuelo que se entrevistara con ellos”. Pero, lamentablemente, el hermano Hierrezuelo murió a manos de las autoridades durante aquel interrogatorio. Aun así, mantuvo su lealtad hasta el fin. Ahora bien, ¿cómo les fue a Lennart y Roy? Lennart prosiguió: “Nos interrogaron por separado y, por supuesto, estaban grabando nuestras respuestas. En esa ocasión no sucedió nada más, pero dos meses después, los periódicos anunciaron que se levantaba la prohibición contra los testigos de Jehová y que podíamos continuar con nuestras actividades”.

Antes de la prohibición de 1950, había 261 publicadores que participaban en la predicación en la República Dominicana. Pero en agosto de 1956, cuando se levantaron las restricciones, 522 personas proclamaban las buenas nuevas. Los hermanos se emocionaron mucho al enterarse de que podrían llevar a cabo su ministerio con libertad después de seis años de encarcelamientos, limitaciones y vigilancia constante.

¿Cómo reaccionó el pueblo de Jehová ante ese inesperado cambio de circunstancias? Los hermanos comenzaron a reorganizar sus actividades de inmediato. Buscaron lugares donde reunirse, elaboraron nuevos mapas de territorios y crearon archivos de congregación. Se alegraron de poder recibir publicaciones y aprovecharon la  libertad recién adquirida para predicar con entusiasmo. En consecuencia, apenas tres meses después, en noviembre de 1956, estaban activos en la predicación 612 publicadores.

El clero reaviva el odio contra los hermanos

El memorando de Toledano proponía impedir que nuestras publicaciones entraran al país

Los miembros de la jerarquía católica no tardaron en tramar la manera de desprestigiar a los Testigos. Ya que contaban con el respaldo del concordato que Trujillo había firmado con el Vaticano, intensificaron sus esfuerzos por influir en el gobierno para eliminarlos. Por ejemplo, el sacerdote Oscar Robles Toledano envió un memorando al secretario de Estado de Interior, Virgilio Álvarez Pina, para pedir que el gobierno lo ayudara a “despertar la conciencia del pueblo dominicano, frente a los extremados peligros que [representaba] la secta ‘Testigos de Jehová’”.

 Toledano explicó que el objetivo principal era “hacer inefectiva su campaña proselitista”, y recomendó que se prohibiera la entrada de nuestras publicaciones bíblicas al país, especialmente el libro “La verdad os hará libres” y la revista La Atalaya.

La libertad dura poco

Los líderes religiosos y sus cómplices dentro del gobierno de Trujillo se unieron a la conspiración para atacar a los Testigos. Francisco Prats-Ramírez, presidente del Partido Dominicano, escribió una carta a Trujillo en junio de 1957, en la que indicó: “Estoy planeando la celebración de [reuniones] para combatir las nefastas tendencias antipatrióticas de los Testigos de Jehová”.

La campaña difamatoria tuvo un impacto inmediato. El libro Trujillo. Pequeño césar del Caribe explica: “[A mediados] de 1957, la prensa dominicana publicó una serie de acusaciones de altos funcionarios del Gobierno a los Testigos de Jehová por actividades ‘sediciosas y perniciosas’. La cadena de reacciones comenzó el día en que el sacerdote jesuita llamado Mariano Vásquez Sanz, denunció la secta por la cadena radial de Trujillo, ‘La Voz [Dominicana]’, como servidores del comunismo y señaló a sus adherentes como ‘perversos, astutos, criminales y traidores enemigos’. Después, una carta pastoral firmada por los Arzobispos Ricardo Pittini y Octavio Antonio Beras invitó a todos los curas a protestar desde sus parroquias contra la ‘terrible herejía’”.

La cooperación entre la Iglesia y el Estado logró su objetivo. En julio, el Congreso Nacional emitió una ley que prohibía la actividad de los testigos de Jehová. De nuevo se sometió a los hermanos a golpizas y violencia policial, y unos ciento cincuenta fueron encarcelados.