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La figura del padre: por qué está desapareciendo

La figura del padre: por qué está desapareciendo

 La figura del padre: por qué está desapareciendo

“No recuerdo que papá y mamá hayan peleado o discutido. Solo sé que papá estaba allí y, de repente, desapareció. Hasta el día de hoy, no sé dónde está. Lo que sí sé es que no siento nada por él.”—Bruce.

“Yo era la única muchacha de la escuela que no tenía a sus dos padres y que no vivía en una casa [...]. Siempre sentí que resaltaba, que era muy diferente de los de mi edad.”—Patricia.

LA CRISIS de las familias sin padre se originó con la revolución industrial. Atraídos por los empleos de las fábricas, los hombres empezaron a alejarse del hogar, con lo que la influencia del padre en la familia comenzó a menguar y la madre empezó a asumir mayor responsabilidad en la crianza de los hijos. * Aun así, la mayoría de los padres permanecieron junto a su familia. No obstante, a mediados de la década de los sesenta, la tasa de divorcios en Estados Unidos comenzó a experimentar un vertiginoso aumento. Las barreras religiosas, económicas y sociales que detenían el divorcio se vinieron abajo. Alentadas por los consejos de los autodenominados expertos, que no solo afirmaban que el divorcio no perjudicaba a los hijos sino que en realidad era bueno para ellos, cantidades sin precedentes de parejas optaron por la ruptura de su matrimonio. El libro Divided Families—What Happens to Children When Parents Part (Las familias divididas. Qué les ocurre a los hijos cuando los progenitores se marchan), de Frank F. Furstenberg, hijo, y Andrew J. Cherlin, dice: “En Bélgica, Francia y Suiza, las tasas [de divorcio] se han duplicado [desde la década de los sesenta], mientras que en Canadá, Inglaterra y los Países Bajos se han triplicado”.

Aunque por lo regular los hijos permanecen con la madre después del divorcio, el padre casi siempre desea conservar su relación con los hijos. Una solución frecuente es la custodia compartida. Pero es sorprendente el contacto tan limitado que en la mayoría de los casos mantiene  el padre divorciado con sus hijos. Un examen reveló que solo 1 de cada 6 hijos de padres divorciados ve a su progenitor todas las semanas. Casi la mitad de los niños no habían visto a su padre en todo un año.

El fracaso de la custodia compartida

Cuando se comparte la custodia, la pareja divorciada necesita muchísima cooperación y confianza, cualidades que frecuentemente escasean. Los investigadores Furstenberg y Cherlin lo expresaron de esta forma: “Una de las principales razones por las que el padre deja de ver a sus hijos es que no quiere tener ningún contacto con su anterior esposa, y muchas mujeres adoptan la misma postura respecto al ex esposo”.

Cierto, muchos hombres divorciados sí visitan con regularidad a sus hijos, pero puesto que ya no forman parte de su vida diaria, para algunos es difícil comportarse como padres cuando están con ellos. Muchos prefieren asumir el papel de compañero de juegos, dedicando prácticamente todo el tiempo que pasan en su compañía a la recreación o a ir de compras. Ari, de 14 años, describe así los fines de semana con su padre: “No hay horario fijo, ni reglas como ‘Tienes que estar en casa antes de las cinco y media’. No hay ninguna restricción, y mi padre siempre está comprándome regalos” (How It Feels When Parents Divorce [Qué se siente cuando los padres se divorcian], de Jill Krementz).

Por supuesto, el padre amoroso debería ‘saber dar buenos regalos a sus hijos’ (Mateo 7:11). Pero los regalos no pueden reemplazar la orientación y disciplina apropiadas (Proverbios 3:12; 13:1). Cuando se cambia el papel de padre por el de un compañero de juegos o de visitante, la relación está condenada al fracaso. Un estudio llegó a la siguiente conclusión: “El divorcio puede romper de forma permanente la relación entre padre e hijo” (Journal of Marriage and the Family [Revista del matrimonio y la familia], mayo de 1994).

Heridos y molestos por habérseles apartado de la vida de sus hijos —o quizás solo por indiferencia—, algunos hombres renuncian por completo a la familia y no le dan el apoyo económico necesario * (1 Timoteo 5:8). “No puedo pensar en nada agradable de mi padre —dice un adolescente amargado—. Está completamente al margen, no nos apoya ni hace nada por nosotros, y eso me repugna.”

Padres solteros

El aumento en la cantidad de niños sin padre se debe principalmente a las cifras récord de nacimientos ilegítimos. “Hoy día, alrededor de la tercera parte de los nacimientos que se producen en [Estados Unidos] tienen lugar fuera del matrimonio”, apunta el libro Fatherless America (Estados Unidos sin padre). Del medio millón aproximado de bebés que anualmente nacen de jóvenes de entre 15 y 19 años de edad, el 78% son hijos de madres solteras. El embarazo entre adolescentes es un problema mundial, y los programas que enseñan a usar anticonceptivos o que predican la abstinencia apenas han cambiado el comportamiento sexual de los adolescentes.

El libro Teenage Fathers (El padre adolescente), de Bryan E. Robinson, explica: “Debido a las actitudes más liberales en materia de sexualidad y embarazo prematrimonial, la preñez fuera  del matrimonio ya no es tan vergonzosa y humillante como en la década de los sesenta. [...] Además, a los jóvenes de ahora se les bombardea constantemente con asuntos sexuales a través de la publicidad, la música, las películas y la televisión. Los medios de comunicación estadounidenses les dicen a los adolescentes que las relaciones sexuales son románticas, apasionantes y excitantes, sin mostrarles jamás las verdaderas consecuencias del comportamiento sexual impulsivo e irresponsable”.

Una gran cantidad de jóvenes parecen estar totalmente ajenos a los efectos de las relaciones sexuales ilícitas. Fíjese en algunos comentarios que el escritor Robinson escuchó: “‘Ella no parecía ser de las que quedan encintas’. ‘Solo teníamos relaciones una vez por semana.’ ‘No creí que se pudiera quedar embarazada a la primera.’”. Por supuesto, muchos hombres jóvenes saben perfectamente que las relaciones sexuales pueden resultar en preñez. El libro Young Unwed Fathers (El padre soltero joven) hace la siguiente observación: “Para un número grande de muchachos [de las zonas urbanas deprimidas], las relaciones sexuales son un símbolo importante de posición social; cada conquista sexual es como una medalla. Muchas jóvenes ofrecen su cuerpo tratando de recibir a cambio las atenciones de un joven”. En algunas zonas marginadas, el muchacho que no haya engendrado un bebé hasta pudiera recibir la burla de los demás por ser “virgen”.

La situación resulta aún más sombría cuando analizamos los resultados de un estudio efectuado en 1993 entre madres de edad escolar de California (E.U.A.): dos terceras partes habían quedado embarazadas, no de novios adolescentes, sino de varones mayores de 20 años. De hecho, algunos estudios indican que muchas madres solteras adolescentes habían sido víctimas de violación (estupro) o incluso de abuso deshonesto en su infancia. Tan extendida explotación revela lo enferma y depravada que ha llegado a estar la sociedad del día moderno (2 Timoteo 3:13).

Por qué se desentienden de sus hijos

Es raro que los adolescentes que se convierten en padres asuman su responsabilidad por mucho tiempo. El novio de una muchacha que quedó embarazada confesó: “Simplemente le dije: ‘¡Hasta la vista!’”. Con todo, un artículo de la revista Family Life Educator (Educador familiar) dice que “en la mayoría de los casos, el padre joven expresa su deseo intenso de mantener una relación estrecha con sus hijos”. Un estudio efectuado entre padres solteros jóvenes mostró que el 70% visitaba a sus hijos una vez por semana. “No obstante —puntualiza el artículo—, las visitas disminuyen conforme crecen los niños.”

Un padre de 17 años de edad resumió con estas palabras la razón: “Si hubiera sabido lo difícil que es, nunca habría permitido que ocurriera”. Pocos jóvenes tienen la madurez emocional o el conocimiento necesarios para afrontar las exigencias de la paternidad. De igual modo, pocos cuentan con la educación o la experiencia laboral que se requieren para ganarse el sustento. Así que, ante el temor de sufrir un fracaso humillante, muchos jóvenes sencillamente se desentienden de sus hijos. “Mi vida es un desastre”, confiesa un joven padre. Otro reconoce con pesar: “A duras penas puedo cuidar de mí; no sé qué haría si también tuviera que cuidar de [mi hijo]”.

Uvas amargas

Los judíos de tiempos bíblicos tenían el siguiente refrán: “Los padres comieron uvas amargas y a los hijos les toca el amargor” (Ezequiel 18:2, Biblia de América). Pero Dios les dijo que no tenía por qué ser así, que los errores del pasado no tenían por qué repetirse en el futuro (Ezequiel 18:3). A pesar de eso, parece que a millones de niños de hoy día les ha tocado “el amargor” de las “uvas amargas” de sus progenitores, pues tienen que sufrir las consecuencias de la inmadurez, la irresponsabilidad y los fracasos matrimoniales de ellos. Los estudios realizados demuestran una y otra vez que los hijos que crecen sin padre están expuestos a un sinfín de riesgos físicos y emocionales (véase el recuadro de la pág. 7). Y especialmente triste es el hecho de que el legado del hogar sin el padre se pasa de generación en generación, creando un círculo vicioso de dolor y sufrimiento.

¿Están las familias sin padre condenadas al fracaso? De ningún modo. Puede romperse ese círculo vicioso. Examinaremos cómo en el siguiente artículo.

[Notas]

^ párr. 4 Es interesante notar que, antes de la industrialización, las publicaciones estadounidenses de consejos para la educación de los hijos por lo general iban dirigidas a los padres, no a las madres.

^ párr. 10 Según los investigadores Sara McLanahan y Gary Sandefur, “a un 40% de los niños [estadounidenses] que en teoría tienen derecho a una pensión, [el tribunal] no se la ha concedido, y una cuarta parte de aquellos a quienes sí se les ha concedido, no reciben nada. Menos de un tercio de los niños recibe la cantidad completa que se ha estipulado”.

 [Ilustración y recuadro de la página 7]

LOS PELIGROS DE CRECER SIN PADRE

Criarse sin el padre presenta serios riesgos para los niños. Aunque algunas personas pudieran considerar dolorosos los datos que se ofrecen a continuación, el primer paso para evitar el daño, o por lo menos reducirlo, es estar informado. Obsérvese asimismo que las estadísticas corresponden a grupos de personas y no a individuos. Muchos niños sin padre crecen sin pasar por estos problemas. Por otra parte, el último artículo de esta serie indicará cómo la intervención de los padres y la aplicación de los principios bíblicos pueden contribuir en gran medida a atenuar los peligros. Analicemos, pues, algunos de los riesgos.

Mayor probabilidad de abusos sexuales

Las investigaciones muestran claramente que la ausencia del padre aumenta la posibilidad de que un menor sufra abuso sexual. Según un estudio, de 52.000 casos de abuso de menores, “el 72% eran niños de hogares sin uno o ambos padres biológicos”. El libro Fatherless America afirma: “El aumento de las probabilidades de que un menor sufra abusos sexuales en nuestra sociedad se debe principalmente a la creciente ausencia del padre en la familia, aunada a la presencia cada vez mayor de padrastros, novios y otros varones ajenos a la familia o pasajeros”.

Mayor probabilidad de actividad sexual a edad temprana

Debido a que suele haber menos supervisión materna en un hogar monoparental, los jóvenes tienen mayor oportunidad de participar en conducta inmoral. También puede contribuir el hecho de que reciben menos orientación de parte de los padres. “Las muchachas en cuya vida no interviene el padre tienen dos veces y media más probabilidades de quedar embarazadas”, informa el Departamento de Sanidad y Servicios Humanos de Estados Unidos.

Pobreza

Un estudio entre adolescentes negras de Sudáfrica concluyó que la pobreza es un resultado frecuente de la maternidad fuera del matrimonio. “En un 50% de los casos —aclararon los autores del estudio— es poco probable que la adolescente regrese a la escuela.” Muchas madres solteras acaban siendo prostitutas o traficantes de drogas. La situación en Occidente no parece ser mucho mejor. En Estados Unidos, “el 10% de los niños de familias con ambos progenitores estaba en la pobreza [en 1995], en contraste con el 50% de familias en las que solo se encuentra la madre” (America’s Children: Key National Indicators of Well-Being 1997 [Los niños estadounidenses: indicadores nacionales clave de bienestar 1997]).

Descuido

Obligadas a valerse por sí mismas y abrumadas por las responsabilidades, algunas madres solteras no pueden pasar suficiente tiempo con sus hijos. Una divorciada recuerda: “Trabajaba de día e iba a la escuela de noche; me estaba consumiendo. No hay duda de que descuidé a los niños”.

Daño emocional

Aunque algunos expertos afirman que los niños se recuperan rápidamente después del divorcio de los padres, otros, como la doctora Judith Wallerstein, han descubierto que sufren heridas emocionales que tardan mucho en sanar. “Más de la tercera parte de los hombres y mujeres jóvenes entre las edades de 19 y 29 años tienen pocas ambiciones, o ninguna, diez años después del divorcio de sus padres. Van por la vida sin rumbo fijo [...], presas de un sentimiento de impotencia.” (Second Chances [Una segunda oportunidad], de la doctora Judith Wallerstein y Sandra Blakeslee.) Se observó falta de amor propio, depresión, comportamiento delictivo e ira persistente entre muchos niños de padres divorciados.

El libro The Single-Parent Family (La familia monoparental) dice: “Numerosos estudios demuestran que los muchachos que se crían sin una fuerte influencia masculina en su vida reflejan inseguridad respecto a su identidad sexual, además de falta de amor propio y, cuando crecen, tienen problemas para establecer lazos íntimos. Por lo general, las complicaciones que pueden desarrollarse en las niñas por carecer de modelos de conducta masculinos no se manifiestan sino hasta la adolescencia o después, y entre estas se encuentra la dificultad de establecer buenas relaciones hombre-mujer en la edad adulta”.