¿Controla Dios nuestro destino, o tenemos libre albedrío?
La respuesta que da la Biblia
Dios nos ha tratado con dignidad al concedernos libre albedrío, la facultad de tomar nuestras propias decisiones. Ni él ni el destino controlan nuestra vida. Examinemos lo que la Biblia enseña sobre este tema.
Dios creó al hombre a su imagen (Génesis 1:26). A diferencia de los animales, que actúan principalmente por instinto, nosotros somos semejantes a nuestro Creador. ¿En qué sentido? Por un lado, podemos reflejar cualidades de la personalidad de Dios, como el amor y la justicia. Y, al igual que él, tenemos libre albedrío.
En buena medida, nuestro futuro depende de nosotros mismos. Dios nos invita a “escoger la vida [...] escuchando su voz”, es decir, optando por obedecer sus mandamientos (Deuteronomio 30:19, 20). Dicha invitación no tendría sentido y hasta sería cruel si no tuviéramos la libertad para elegir. En vez de obligarnos a obedecer lo que dice, Dios nos pide con cariño: “¡Si tan solo prestaras atención a mis mandamientos! Entonces, tu paz llegaría a ser igual que un río” (Isaías 48:18).
Ni el éxito ni el fracaso dependen del destino. Si queremos que nuestros planes salgan bien, debemos trabajar duro. La Biblia dice: “Todo lo que puedas hacer, hazlo con todas tus fuerzas” (Eclesiastés 9:10). También afirma que “los planes del que es trabajador tendrán buenos resultados” (Proverbios 21:5).
El libre albedrío es un valioso regalo de Dios. Gracias a ese regalo, podemos amarlo con todo el corazón, es decir, porque realmente queremos (Mateo 22:37).
¿No se supone que Dios lo controla todo?
Las Escrituras enseñan que Dios es todopoderoso. Eso quiere decir que nadie, excepto él mismo, puede ponerle límites (Job 37:23; Isaías 40:26). Ahora bien, él no utiliza su poder para controlarlo todo. Por ejemplo, la Biblia indica que en la antigüedad Dios se contuvo durante un tiempo de actuar contra los babilonios, que eran enemigos de su pueblo (Isaías 42:14). De igual modo, ha decidido tolerar a quienes usan su libre albedrío para hacer daño. Pero no va a permitir que sigan actuando así para siempre (Salmo 37:10, 11).

