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Visita a la “montaña del Fuego”

Visita a la “montaña del Fuego”

 Visita a la “montaña del Fuego”

DE NUESTRO CORRESPONSAL EN ITALIA

HAY pocos lugares en el mundo que ofrezcan vistas espectaculares del mismo volcán desde cualquier punto, sea en el campo, la costa o las calles del centro urbano. En caso de que la observación se haga desde la ciudad de Catania, solo puede tratarse del monte Etna, de 3.300 metros [11.000 pies] de altura, el volcán activo más elevado de Europa, que está situado junto a la costa nordeste de la isla de Sicilia.

Un volcán observado por siglos

Los árabes, que dominaron Sicilia durante mucho tiempo, llamaron al Etna “montaña del Fuego”, y realmente ha hecho honor a ese nombre, pues cada cierto tiempo expulsa lava candente desde sus entrañas. Dos de los testimonios más antiguos que se conservan de la actividad del Etna se encuentran en los escritos de Píndaro y Esquilo, quienes describen la erupción del año 475 antes de la era común. En más de una ocasión, la lava ha ofrecido espectáculos asombrosos al trazar serpenteantes caminos de fuego que se deslizan montaña abajo hasta precipitarse en el mar. Así ocurrió tanto antes de nuestra era, en el año 396, como en la era actual, en 1329 y 1669. En esta última ocasión, que se considera la más famosa de sus erupciones “modernas”, una lengua de lava de 2 kilómetros [1 milla] de ancho y 25 [15 millas] de largo rebasó las murallas de Catania, engulló los hogares de más de veintisiete mil personas y llenó parcialmente el puerto.

La opinión general es que la actividad del volcán se intensificó en el siglo XX, durante el cual se produjeron muchas erupciones. La más violenta, en 1928, destruyó el pueblo de Mascali. En los últimos años, las emisiones de lava y cenizas han seguido causando problemas y ansiedad a la gente del lugar.

Perfil de la Grande Mamma

Algunas teorías afirman que el cono principal comenzó a formarse hace ciento setenta mil años debido a una emisión de magma (roca fundida). Unos doscientos cincuenta conos secundarios situados en las laderas del cono principal son producto de diferentes fases eruptivas. Se asemejan un poco a niños alrededor de su madre, razón por la cual el volcán recibe el apodo de Grande Mamma.

Si rodeamos el Etna en automóvil o en el pintoresco tren que hace ese recorrido, contemplaremos diferentes vistas encantadoras, como las de los Monti Rossi cerca de Nicolosi, los cráteres Silvestri y la gran depresión del valle del Bove, que se divisa desde Giarre y Zafferana.

Aunque se desconocen muchos detalles de su historia geológica, el volcán es antiquísimo. Las emisiones de magma en el fondo submarino costero formaron el litoral norte de Catania, parte del cual se conoce como la Riviera dei Ciclopi, y se caracteriza por sus negros acantilados de lava. Justo enfrente del acantilado de Aci Trezza, emergen del mar formaciones rocosas de aspecto singular, denominadas farallones.

 Un apego poco usual

Quizás se pregunte si la gente que vive al pie del volcán tiene miedo de que entre en erupción en cualquier momento. Cuando el Etna está en calma, los etneos —nombre que reciben los naturales del lugar— se olvidan incluso de que existe. El autor francés del siglo XIX Guy de Maupassant escribió en una crónica sobre su viaje a Sicilia: “La fiera está tranquila. Duerme allá en el fondo, muy abajo”. Si aparece una columna de humo, los etneos quizás dirijan una mirada rápida a la montaña. No obstante, si escuchan un estruendo en mitad de la noche, ven los balcones y carreteras cubiertos de cenizas, o les entra ceniza en la nariz, la cosa cambia. Entonces muestran un temor respetuoso al Etna, en especial cuando ven un río de lava roja que desciende lenta pero implacablemente de la montaña, devorando todo a su paso.

A pesar de lo anterior, la gente de la zona considera al Etna un “gigante amistoso”, pues si bien es cierto que ha causado grandes daños —la destrucción de zonas urbanas, cosechas y, más recientemente, de instalaciones turísticas—, se ha cobrado muy pocas víctimas. Tras los períodos durante los cuales arrasa los frutos de la labor humana, los tenaces habitantes simplemente ponen manos a la obra y reemprenden su vida.

El poeta italiano Giacomo Leopardi describió muy bien el apego que los etneos sienten por su tierra. Los comparó a la retama, arbusto que suele crecer en suelos volcánicos. Sus flores amarillas son hermosas y radiantes. Mantienen sus tallos erguidos y se niegan a doblarse hasta que las alcanza el torrente de lava. Una vez pasada la erupción, cuando se enfría la roca, la retama comienza a crecer de nuevo, con fuerza y decisión, y pacientemente reinicia su ciclo.

 El Etna está cambiando

En opinión de los vulcanólogos, parece que este “gigante amistoso” está cambiando. En el pasado reciente, el Etna no ha tenido carácter explosivo, pero ahora, asegura la revista Focus, “lo que considerábamos un volcán activo pero no peligroso, se ve cada vez con más desconfianza”. De acuerdo con una advertencia dada por investigadores franceses e italianos, el Etna está dejando de ser “un volcán efusivo —es decir, con flujo lento de lava y poca emisión de gases— para convertirse poco a poco en un volcán explosivo”. Por lo tanto, la investigadora Paola Del Carlo, del Instituto Nacional de Geofísica y Vulcanología, sección de Catania, afirma que “durante los últimos treinta años, tanto la actividad efusiva como la explosiva [del volcán] se han vuelto decididamente más intensas, y es difícil predecir con exactitud lo que ocurrirá en el futuro”.

Espectáculo extraordinario

A pesar del temor y el respeto que inspira, el Etna ofrece un espectáculo grandioso. Ya sea cubierto de nieve en invierno o vestido de un tono marrón oscuro en verano, dominando tranquilamente la costa, sacudiendo la tierra y los corazones, o iluminando las noches con fuego, es prueba del poder de su Creador (Salmo 65:6; 95:3, 4). Si alguna vez tiene la oportunidad de visitar la hermosa Sicilia, no se olvide del volcán. Lo verá a lo lejos con su característica columna de humo. Pero la gente de la zona le dirá enseguida: “No se preocupe si escucha algún estruendo. Es la forma que tiene el Etna de saludar”.

 [Mapa de la página 15]

(Para ver el texto en su formato original, consulte la publicación)

ITALIA

SICILIA

Monte Etna

[Ilustración de la página 14]

Dibujo del Etna (1843)

[Reconocimiento]

Culver Pictures

[Ilustración de la página 15]

26 de julio de 2001

[Ilustración de la página 15]

28 de julio de 2001, con Catania al fondo

[Ilustración de la página 15]

30 de octubre de 2002

[Ilustración de la página 15]

12 de septiembre de 2004

[Ilustración de la página 16]

Los farallones, formaciones rocosas de aspecto singular

[Ilustración de la página 17]

La gente de la zona se refiere al Etna como el “gigante amistoso”

[Reconocimientos de la página 15]

Todas las fotografías: © Tom Pfieffer; mapa: Mountain High Maps® Copyright © 1997 Digital Wisdom, Inc.

[Reconocimientos de la página 16]

Fondo: © WOLFGANG KAEHLER 2005, www.wkaehlerphoto.com; farallones: Dennis Thompson/Unicorn Stock Photos