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La solitaria “dama” del Bósforo

La solitaria “dama” del Bósforo

 La solitaria “dama” del Bósforo

DE NUESTRO CORRESPONSAL EN TURQUÍA

CUAL madre que espera a la puerta el regreso de sus seres amados, ella lleva cientos de años sola y triste en la confluencia del estrecho del Bósforo y el mar de Mármara (véase el mapa). Las fuertes corrientes hacen que el embate de las olas contra la rocosa orilla parezca el encaje del contorno de sus faldas. Desde su posición estratégica, esta “dama” —la Torre de la Doncella— ha presenciado en silencio el transcurrir de la historia.

A lo largo de los siglos, la torre ha visto hundimientos de barcos, la rapacidad de ejércitos enfrascados en luchas sangrientas y alegres fiestas palaciegas. Esta construcción, tan representativa de la ciudad vieja, es para muchos lo primero que les viene a la mente cuando se habla de Estambul.

Resulta difícil explicar por qué la Torre de la Doncella atrae a tanta gente. Todas las noches, al ocultarse el Sol, habrá alguien en la costa asiática cuya mirada surque el agua y se detenga en ella, con la silueta de Estambul como telón de fondo. Quizás sea un anciano que se detiene a repasar sus vivencias, o puede ser un joven que, lleno de esperanzas, sueña en lo que le depara el futuro. O tal vez  sea una mujer que, privada de sus seres queridos, encuentra en ella el reflejo de la soledad que siente. Sunay Akın, poeta turco que a menudo menciona esta torre en sus composiciones, dijo una vez: “La peor vista de Estambul es la que se contempla desde la Torre de la Doncella, porque no podemos admirar su propia belleza”.

Encontrar las raíces históricas de esta “dama” del Bósforo no es fácil. De hecho, cuanto más uno profundiza en su pasado, tanto más parece ocultarse en un manto de tradiciones y leyendas.

La historia antigua del islote

Los primeros datos de que disponemos no se refieren a la torre, sino a las rocas que la sostienen. En 411 a.E.C., cuando Atenas y Esparta se hallaban en guerra, Bizancio (hoy Estambul) decidió apoyar a los espartanos. En consecuencia, el lado europeo del Bósforo quedó en manos espartanas, y el asiático bajo el poder ateniense. Atenas derrotó finalmente a Esparta, pero en vez de conquistar Bizancio, se limitó a asumir el control del estrecho del Bósforo y a cobrar el peaje impuesto a los barcos que lo cruzaban. Se cree que el general y político ateniense Alcibiades construyó sobre las rocas un puesto de peaje, pero no hay constancia de que en aquellos tiempos existiera allí torre alguna.

Años después, Bizancio misma pasó a estar bajo la soberanía ateniense. Ante la amenaza del rey Filipo II de Macedonia, Atenas envió 40 galeras de guerra para afianzar su presencia en Bizancio. El almirante Cares, comandante de la flota, llevó consigo a su esposa, quien enfermó y posteriormente falleció en Crisópolis (Üsküdar). Cuentan los relatos que, en honor de ella, edificó un altar en el rocoso islote donde más tarde se levantaría la torre.

¿Cómo sobrevivió?

Según la obra Kız Kulesinin Kitabı (El libro de la Torre de la Doncella), la primera vez que hubo sobre aquellas rocas una estructura parecida a una torre fue durante el reinado de Manuel I Comneno (1143-1180), cuando se construyó una pequeña fortaleza provista de cañones.

Tras la conquista de Estambul en 1453, el fortín siguió en pie y mantuvo su carácter militar. Más tarde se le añadió un faro de madera con vista al mar de Mármara. Así, desde la toma de la ciudad, la torre se mantuvo en guardia, mientras seguían escribiéndose con sangre más páginas de la historia: barcos que libraban sus batallas en el Bósforo, soldados que blandían sus espadas en la lucha cuerpo a cuerpo y cargueros que embestían unos contra otros repletos de pólvora o de algún otro producto inflamable.

Con los años sufrió los estragos de terremotos e incendios, hasta que, en 1720, quedó prácticamente destruida por el fuego. Fue reconstruida en  piedra por Damat Ibrahim Pasha, quien le añadió una torreta de muchas ventanas terminada en una cúpula recubierta de plomo. En 1829 se utilizó como centro de cuarentena durante un brote de cólera. Poco después, en 1832, se realizaron las últimas reparaciones de importancia, durante el reinado de Mahmut II. En 1857, la Compañía de Faros asumió el control, y una firma francesa recibió la comisión de convertirla en un faro funcional, cuya automatización total tuvo lugar en 1920. La torre continuó usándose como faro por casi cien años.

Bajo el imperio otomano, el faro se encendía sobre todo de noche, aunque también funcionaba de día si había niebla. Durante las tormentas daba refugio a las pequeñas embarcaciones, que se amarraban a su orilla para no ser arrastradas por las olas. Y desde la torre se disparaban las salvas de cañón en las celebraciones oficiales.

De vez en cuando el Palacio otomano le dio un uso distinto. Fue el lugar donde se detenía a los funcionarios del gobierno condenados a muerte o que aguardaban el exilio, como escala previa a su largo viaje.

Sigue cambiando su papel

Después de 1923 se suspendió el uso oficial de la torre, que sirvió solo de faro. En los difíciles años de la segunda guerra mundial se reparó y se reforzó con hormigón la estructura interna. A partir de 1965, cuando pasó a manos de la marina, se utilizó por un tiempo como centro de comunicaciones militares. En la última mitad del siglo XX, el tráfico marítimo internacional por el Bósforo se intensificó al aumentar la cantidad y el tamaño de las embarcaciones. Con la llegada de los grandes buques terminó la época de apacible soledad para la Torre de la Doncella. A partir de 1983, la Fuerza Marítima Turca la utilizó como punto intermedio de control para dirigir el tráfico por el estrecho.

Apenas había empezado el año 1989 cuando una extraordinaria noticia dirigió de nuevo la atención hacia la solitaria “dama” del Bósforo. Bajo el titular “La Torre de la Doncella está envenenada”, un reportaje afirmaba que en su interior se guardaba cianuro, utilizado en los astilleros para fumigar los barcos infestados. Hacía poco que se había demolido el anterior almacén del letal veneno, ubicado en los muelles, y “como no había sitio donde ponerlo”, empezó a guardarse en la torre. Así fue como se “intoxicó”. Lo más grave, según la noticia, era que en caso de que el gas de cianuro explotara, el desastre azotaría a la ciudad de Estambul. Después de ocho meses de intensas campañas en la prensa y la televisión se resolvió finalmente la situación trasladando a otro sitio los peligrosos barriles.

Poco sorprendió que en mayo de 1992 un grupo de jóvenes poetas acudiera a la Torre de la Doncella —prácticamente abandonada— y anunciara, con el apoyo del alcalde, su intención de convertirla en centro cultural. Después de todo, por cientos de años había servido de inspiración a innumerables poetas y escritores. Durante un corto lapso, en el que fue declarada “república del verso”, cobró vida con exposiciones de pintura y fotografía y varios conciertos.

La Torre de la Doncella hoy

En 1999 se hicieron extensas reparaciones en la torre con miras a abrirla al público. Luego se anunció que, un año más tarde y como parte de un proyecto turístico, albergaría un restaurante y un centro cultural. En la actualidad atienden a visitantes y turistas un restaurante, un café bar, un mirador y una tienda de recuerdos. Además, hay botes pequeños que prestan su servicio entre la torre y varios puntos de Estambul.

Hay que reconocer que muchos no han recibido con gusto esas restauraciones de tipo comercial. No obstante, ha perdido muy poco o nada de su encanto. Si algún día sus viajes lo llevan a Estambul, asegúrese de visitar la Torre de la Doncella. Desde cualquiera de los muchos jardines de té del lado asiático de la ciudad podrá apreciar, mientras disfruta su taza de té, las inigualables perspectivas de la torre enmarcada en el Bósforo. Entonces, quizás logre recordar la larga historia de esta gentil “dama” del Bósforo.

[Mapa de la página 25]

(Para ver el texto en su formato original, consulte la publicación)

TURQUÍA

ESTAMBUL

MAR DE MÁRMARA

Estrecho del Bósforo

MAR NEGRO

[Ilustración de la página 25]

Litografía (siglo XIX)

[Ilustración de la página 26]

Restaurante

[Ilustración de la página 26]

Mirador