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No es tan simple como parece

No es tan simple como parece

 No es tan simple como parece

La teoría de la evolución química afirma que la vida en la Tierra evolucionó a partir de una reacción química espontánea ocurrida miles de millones de años atrás.

Dicha teoría no sostiene que, por accidente, la materia sin vida se haya transformado directamente en aves, reptiles u otras formas de vida complejas. Más bien, propone que una serie de reacciones químicas espontáneas dieron origen, con el tiempo, a formas de vida sencillas, como algas y otros organismos unicelulares.

Basándonos en los conocimientos actuales, ¿es razonable concluir que estos seres unicelulares son tan sencillos que pudieron aparecer por casualidad? Por ejemplo, ¿qué tan simples son las algas de una sola célula? Examinemos un género de algas verdes unicelulares denominado Dunaliella, del orden de las volvocales.

Singulares organismos unicelulares

Las células del género Dunaliella son ovoides, o de forma de huevo, y muy diminutas: miden solo unas diez micras de largo, de modo que harían falta 1.000 de ellas, una al lado de la otra, para abarcar un centímetro. Poseen dos flagelos en uno de los extremos, que les permiten nadar; se valen de la fotosíntesis para generar energía, al igual que las plantas; procesan su alimento a partir del dióxido de carbono, los minerales y otros nutrientes que absorben, y se reproducen por división.

Estas algas subsisten hasta en aguas saturadas de sal. De hecho, es de los poquísimos organismos de cualquier especie que pueden vivir y reproducirse en el mar Muerto, cuya concentración salina es unas ocho veces mayor que la de los océanos. Además, este organismo “simple” es capaz de sobrevivir a los cambios repentinos en la salinidad de su hábitat.

Está, por ejemplo, la Dunaliella bardawil de las marismas saladas y poco profundas del desierto de Sinaí. En esas marismas, la concentración salina puede o bien disminuir muy deprisa al diluirse el agua durante una fuerte tormenta, o bien alcanzar el punto de saturación cuando el extremado calor del desierto evapora el agua. No obstante, el diminuto organismo tolera tales extremos gracias, en parte, a su capacidad de producir y acumular glicerina en la cantidad precisa, la cual sintetiza a gran velocidad minutos después de ocurrir un cambio en la salinidad. A fin de adaptarse, produce o elimina glicerina. Esta facultad es sumamente valiosa, ya que en algunos hábitats ocurren marcados cambios en la concentración de sal en cuestión de horas.

Ahora bien, al vivir en marismas someras del desierto, la Dunaliella bardawil se halla expuesta a la intensa luz del sol. Esta circunstancia sería perjudicial para la célula si no fuera por la protección que le proporciona cierto pigmento que actúa como filtro solar. Cuando se cultiva en un medio nutritivo favorable y dispone de suficiente  nitrógeno, esta especie presenta un color verde brillante, que le confiere la clorofila, la cual la protege del sol. Pero si el nitrógeno escasea y la concentración salina, la temperatura y la intensidad lumínica aumentan, el cultivo pasa de verde a anaranjado o rojo. ¿Por qué? En tan duro ambiente tiene lugar un complicado proceso bioquímico. El nivel de clorofila desciende considerablemente, y en su lugar se produce un pigmento alternativo, el betacaroteno. De no ser por su singular capacidad de producir dicho pigmento, la célula moriría. Así, el cambio de color obedece a la presencia de betacaroteno en grandes cantidades: hasta el 10% del peso en seco del alga en tales circunstancias.

En Estados Unidos y en Australia se lleva a cabo el cultivo comercial de las algas Dunaliella en enormes estanques con el fin de satisfacer la demanda de betacaroteno natural en el mercado de la nutrición humana. Hay, por ejemplo, grandes instalaciones de ese tipo en el sur y el occidente de Australia. El betacaroteno también se produce de forma sintética; sin embargo, solo dos empresas poseen las costosas y complejas plantas bioquímicas capaces de sintetizarlo a escala comercial. Lo que al hombre le ha costado décadas y enormes sumas de dinero invertidas en la investigación, el cultivo y la producción, una simple alga como la Dunaliella lo realiza con facilidad en una fábrica en miniatura, tan pequeña que ni se percibe a simple vista, y como reacción inmediata a las exigencias cambiantes de su entorno.

Otra facultad singular de este género de algas se observa en la especie Dunaliella acidophila, descubierta en 1963 en aguas y suelos sulfurosos por naturaleza, que se caracterizan por su alta concentración de ácido sulfúrico. Según pruebas de laboratorio, la Dunaliella acidophila es capaz de vivir en una solución de ácido sulfúrico, que es unas cien veces más ácida que el jugo de limón. Por su parte, la Dunaliella bardawil sobrevive en ambientes altamente alcalinos. Todo esto demuestra la gran adaptabilidad ecológica de estas algas.

Cuestiones para reflexionar

Las aptitudes insólitas del género Dunaliella son sobresalientes. Con todo, representan apenas una pequeñísima parte del impresionante conjunto de recursos de los que se valen los organismos unicelulares para sobrevivir y reproducirse en ambientes variados y a veces hostiles. Dichos recursos permiten al género Dunaliella satisfacer sus necesidades vitales, elegir su alimento, evitar sustancias tóxicas, expeler desechos, prevenir enfermedades o sobreponerse a ellas, escapar de los depredadores, reproducirse, etc. Los seres humanos necesitan unos cien billones de células para realizar las mismas tareas.

¿Es razonable afirmar que esta alga unicelular es tan solo una simple y primitiva forma de vida, que se formó por puro accidente a partir de unos cuantos aminoácidos en un caldo orgánico? ¿Es lógico atribuir a la casualidad estas maravillas de la naturaleza? Resulta mucho más razonable atribuir la existencia de los seres vivos a un Hacedor magistral que creó la vida con un propósito. Los seres vivos son de una naturaleza tan compleja e interactúan a tal grado, que su existencia tiene que provenir de Alguien con una inteligencia y habilidad inimaginables.

Un análisis cuidadoso de la Biblia, libre de dogmas religiosos o científicos, proporciona respuestas satisfactorias a las preguntas sobre el origen de la vida. Millones de personas, muchas de ellas con educación científica, han enriquecido su vida mediante dicho análisis. *

[Nota]

^ párr. 15 Animamos a nuestros lectores a leer los libros La vida... ¿cómo se presentó aquí? ¿Por evolución, o por creación? y ¿Existe un Creador que se interese por nosotros?, editados por los testigos de Jehová.

[Ilustraciones de la página 26]

Extremo izquierdo: producción comercial de betacaroteno, utilizando Dunaliella

Izquierda: cultivo aumentado de Dunaliella color naranja, con altos niveles de betacaroteno

[Reconocimiento]

© AquaCarotene Limited (www.aquacarotene.com)

[Ilustración de la página 26]

Dunaliella

[Reconocimiento]

© F. J. Post/Visuals Unlimited

[Ilustración de la página 27]

Imagen obtenida con un microscopio electrónico de barrido en la que se aprecia el núcleo (N), el cloroplasto (C), y el aparato de Golgi (G)

[Reconocimiento]

Imagen de www.cimc.cornell.edu/Pages/dunaLTSEM.htm. Utilizada con su permiso