CUANDO el clérigo inglés William Bedell llegó a Irlanda en 1627, se encontró con una situación muy desconcertante. Irlanda, un país mayoritariamente católico, estaba gobernado por los británicos, de religión protestante. Los promotores de la reforma protestante ya habían traducido la Biblia a casi todas las lenguas de Europa. Pero, al parecer, a nadie le interesaba traducirla al irlandés.

Bedell estaba convencido de que los irlandeses no tenían que ser dejados de lado por no saber inglés. Así que se propuso traducir la Biblia al irlandés. Pero se tuvo que enfrentar a una férrea oposición, especialmente por parte de los protestantes. ¿Por qué se opusieron?

RECHAZO AL IDIOMA IRLANDÉS

Bedell decidió aprender irlandés por su cuenta. Cuando fue nombrado rector del Trinity College de Dublín, animó a los estudiantes a que usaran el irlandés. Y lo mismo ocurrió cuando fue nombrado obispo de Kilmore. Algo que resulta interesante es que cuando la reina Isabel I de Inglaterra fundó el Trinity College, lo hizo con el fin de que salieran de allí clérigos que pudieran enseñar a sus feligreses el mensaje de la Biblia en su propio idioma. Bedell trató de llevar adelante aquel objetivo.

En la diócesis de Kilmore, la gran mayoría de las personas hablaba irlandés. Por eso, Bedell insistía en la importancia de tener al frente de las iglesias a personas que hablaran este idioma. Basó su postura en el espíritu de las palabras del apóstol Pablo: “Prefiero decir cinco palabras que se entiendan y que ayuden a otros, más que decir diez mil palabras en un idioma que nadie entiende” (1 Corintios 14:19, Traducción en lenguaje actual).

Pero hubo personas poderosas y con influencia que hicieron lo imposible por impedírselo. Según los historiadores, hubo quienes declararon que el uso del irlandés “era peligroso para el Estado”, y otros llegaron a decir que iba “en contra de los intereses del gobierno”. Algunos pensaban que mantener en ignorancia a los irlandeses era bueno para los intereses de Inglaterra. Hasta se aprobaron leyes que exigían a los irlandeses que abandonaran sus tradiciones y su idioma, y que aprendieran la lengua y las costumbres inglesas.

COMIENZA SU PROYECTO

Bedell no se desanimó por esas imposiciones. A principios de la década de 1630, empezó a traducir al irlandés la Biblia más reciente publicada en inglés, la King James Version (Versión del Rey Jacobo) de 1611. Quería hacer una traducción de la Biblia que la mayoría de la gente  pudiera entender. Creía firmemente que, mientras las personas humildes no entendieran las Escrituras, no podrían encontrar el camino a la vida eterna (Juan 17:3).

Bedell no fue el primero en pensar así. Unos treinta años antes, otro obispo, llamado William Daniel, se dio cuenta de lo difícil que es ver la luz de lo que enseña la Biblia cuando aparece oculta “por la nube de una lengua desconocida”. Daniel ya había traducido el Nuevo Testamento al irlandés, así que Bedell decidió traducir el Antiguo Testamento. Lo que hoy conocemos como la Biblia de Bedell incluye tanto su obra como la de William Daniel. Esa Biblia fue la primera en irlandés, y continuó siendo la única en este idioma durante los siguientes trescientos años.

Bedell, que era experto en hebreo, consiguió a dos hombres cuya lengua materna era el irlandés para que le ayudaran con la traducción. A medida que avanzaban con su trabajo, Bedell, y uno o dos colaboradores de confianza revisaban meticulosamente cada versículo. Como ayuda consultaron una traducción al italiano del teólogo suizo Giovanni Diodati, la Septuaginta griega y un valiosísimo manuscrito bíblico en hebreo.

El equipo de Bedell siguió el ejemplo de los traductores al inglés de la King James Version —muchos de los cuales Bedell conocía personalmente—, e incluyó el nombre de Dios en varios lugares de su traducción al irlandés. Por ejemplo, en Éxodo 6:3 utilizó “Iehovah” para referirse al nombre de Dios. El manuscrito original de la traducción de Bedell se conserva en la biblioteca Marsh de Dublín, la capital de Irlanda. (Lea el recuadro “Reconocimiento a la labor de William Bedell”.)

 POR FIN VIO LA LUZ

Aunque Bedell terminó el proyecto hacia 1640, no pudo publicarlo debido a una oposición implacable. Los críticos menospreciaron al principal traductor del equipo, pues pensaban que así lograrían desacreditar su trabajo. Incluso lo mandaron arrestar y lo enviaron a prisión. Como si eso fuera poco, en 1641 estalló la sangrienta rebelión irlandesa contra Inglaterra. Aunque Bedell era inglés, los irlandeses lo protegieron, pues reconocían que tenía un interés sincero por ellos. Pero finalmente, soldados rebeldes lo arrestaron y estuvo encarcelado en pésimas condiciones. No hay duda de que aquella situación aceleró su muerte, ocurrida al año siguiente, en 1642. No pudo ver publicada su obra.

Portada del manuscrito original de Bedell, hacia 1640, y la Biblia que se publicó en 1685

El trabajo de Bedell casi desapareció cuando su casa fue saqueada y destruida. Afortunadamente, un buen amigo logró salvar todos los documentos de la traducción. Tiempo después, Narcissus Marsh, que llegó a ser el arzobispo de Armagh y primado de la Iglesia de Irlanda, obtuvo los manuscritos de Bedell. Años más tarde, el científico Robert Boyle le dio a Marsh el dinero necesario y en 1685, este se animó a publicar la Biblia en irlandés.

UN AVANCE PEQUEÑO PERO IMPORTANTE

La Biblia de Bedell no tuvo mucho reconocimiento mundial. Con todo, fue un avance pequeño pero importante para una mayor comprensión de la Biblia, especialmente para quienes hablan irlandés tanto en Irlanda como en Escocia y en otros lugares del mundo. Por fin podían calmar su sed de conocer a Dios leyendo las Escrituras en su propio idioma (Mateo 5:3, 6).

“Cuando leímos la Biblia de Bedell, fue como si Dios nos hablara en nuestro idioma. Ha sido fundamental para que mi familia y yo aprendiéramos las maravillosas verdades de las Escrituras”

Y hasta nuestros días, la Biblia de Bedell ha ayudado a quienes buscan la verdad a conocer a Dios. Un hombre irlandés que recientemente ha aprendido lo que realmente enseña la Biblia dice: “Cuando leímos la Biblia de Bedell, fue como si Dios nos hablara en nuestro idioma. Ha sido fundamental para que mi familia y yo aprendiéramos las maravillosas verdades de las Escrituras”.