“Que todo hombre coma y realmente beba y vea el bien por todo su duro trabajo. Es el don de Dios.” (Eclesiastés 3:13.) Si Dios quería que disfrutáramos de nuestro trabajo, ¿no sería lógico que también nos mostrara cómo? (Isaías 48:17). Afortunadamente, eso es lo que él hace en las páginas de su Palabra, la Biblia. Veamos los siguientes consejos sobre cómo hallar satisfacción en el empleo.

VEA EL LADO POSITIVO DE SU TRABAJO

Sea que su empleo requiera esfuerzo mental o físico, nunca olvide que “de toda labor se obtiene alguna ganancia” (Proverbios 14:23, Versión Israelita Nazarena). ¿Qué clase de ganancia? Para empezar, el trabajo nos ayuda a cubrir nuestras necesidades. Es cierto que la Biblia promete que Dios cuidará de los que se esfuerzan por servirle (Mateo 6:31, 32). Pero también dice que nosotros tenemos que hacer nuestra parte y trabajar con diligencia (2 Tesalonicenses 3:10).

Vea su empleo como un medio para conseguir un fin: cumplir de manera digna con nuestras responsabilidades. Joshua, de 25 años, asegura: “Ser autosuficiente es un logro. Si eres capaz de cubrir tus gastos, se puede decir que tu empleo ha cumplido su propósito”.

Además, el trabajo arduo eleva la autoestima. ¿Por qué lo decimos? Porque trabajar duro no es fácil y puede ser aburrido, pero si somos disciplinados y no renunciamos al esfuerzo, tendremos el gusto de saber que hemos dado lo mejor de nosotros; le habremos ganado la batalla al deseo de tomar el camino más fácil (Proverbios 26:14). Y eso produce un enorme sentido de satisfacción. Aaron, a quien mencionamos en el artículo anterior, afirma: “Puede que esté agotado al final de un largo día o que mi labor haya pasado desapercibida; pero yo sé que he logrado algo y me encanta esa sensación”.

 HÁGASE UN EXPERTO

La Biblia alaba al hombre que es hábil en su trabajo y a la mujer que trabaja diligentemente con sus manos (Proverbios 22:29; 31:13). Por supuesto, es imposible convertirse en un experto de la noche a la mañana, y a nadie le gusta hacer cosas que no se le dan bien. Quizás sea por eso que a muchos no les gusta su empleo: porque no se esfuerzan lo suficiente como para hacerse expertos.

En realidad, uno puede aprender a disfrutar de casi cualquier tipo de empleo si tiene la actitud correcta, es decir, si se concentra en aprender a hacer las cosas bien. “Esforzarse al máximo y ver resultados es muy agradable —dice William, de 24 años—. Esa satisfacción nunca la tendrás si sigues la ley del mínimo esfuerzo.”

PIENSE EN CÓMO BENEFICIA SU EMPLEO A LOS DEMÁS

No caiga en el error de pensar solo en cuánto dinero le pagan. Pregúntese: “¿Por qué es necesario mi empleo? ¿Qué pasaría si nadie lo hiciera o si se hiciera mal? ¿Cómo beneficia a los demás lo que hago?”

Esta última pregunta es especialmente importante, ya que la respuesta puede ayudarnos a disfrutar más de lo que hacemos. Después de todo, Jesucristo dijo: “Hay más felicidad en dar que en recibir” (Hechos 20:35). Además de los que reciben un beneficio inmediato de nuestra labor —como nuestros clientes o nuestros jefes—, hay otros a los que también beneficiamos: nuestra familia e incluso quienes están en necesidad.

Nuestra familia. Cuando un padre o una madre se esfuerzan por atender las necesidades de su familia, la ayudan al menos de dos maneras. Para empezar, se aseguran de que tengan lo básico: comida, ropa y techo; así cumplen con la responsabilidad que Dios les ha dado de mantener a “los que son suyos” (1 Timoteo 5:8). Y en segundo lugar, les enseñan con el ejemplo la importancia de ser buenos trabajadores. Shane comenta: “Mi padre tiene una ética de trabajo ejemplar. Es honrado y ha trabajado mucho toda su vida, la mayor parte de carpintero. De él he aprendido el valor del trabajo manual, de hacer cosas que sean útiles para la gente.

Los más necesitados. El apóstol Pablo dijo que los cristianos deben realizar “trabajo duro”. ¿Para qué? “Para que [tengan] algo que distribuir a alguien que tenga necesidad”, añadió (Efesios 4:28). Si nos esforzamos por mantener a nuestra familia, tal vez hasta tengamos para ayudar a los más desfavorecidos (Proverbios 3:27). Así es, trabajar duro nos permite experimentar la felicidad de dar.

 HAGA MÁS DE LO QUE LE PIDEN

En su famoso Sermón del Monte, Jesús les dijo a sus discípulos que si alguien con autoridad los obligaba a ir con él una milla, fueran con él dos (Mateo 5:41). ¿Cómo puede usted sacar provecho de esas palabras? En lugar de limitarse a hacer lo mínimo, haga más de lo que le piden. Póngase retos cada vez mayores: trate de realizar sus tareas más rápido y mejor. Dele cuidadosa atención a los detalles más pequeños.

Si hace eso, es probable que disfrute más de su trabajo. ¿Por qué? Porque no lo está haciendo por obligación, sino por gusto. Usted es el que toma la decisión y nadie más (Filemón 14). Eso nos recuerda el siguiente proverbio: “La mano de los diligentes es la que gobernará, pero la mano floja llegará a usarse para trabajo forzado” (Proverbios 12:24). Es cierto que quizás nunca seamos esclavos literales ni realicemos trabajos forzados. Pero si seguimos la ley del mínimo esfuerzo, podríamos sentirnos así: siempre esclavos de las exigencias de los demás. “Recorra dos millas” y se sentirá dueño de sus acciones.

MANTENGA EL TRABAJO EN SU LUGAR

Aunque trabajar mucho es admirable, recuerde que eso no es lo único en la vida. Es cierto que la Biblia nos anima a ser diligentes (Proverbios 13:4). Pero no a convertirnos en adictos al trabajo. Eclesiastés 4:6 dice: “Mejor es un puñado de descanso que [dos] de duro trabajo”. ¿Cuál es la lección? Es muy probable que un trabajador empedernido nunca vea el fruto de su labor porque su empleo consume todo su tiempo y energías. Eclesiastés dice que eso es tan absurdo como tratar de atrapar el viento.

La Biblia lo ayudará a ver su empleo con equilibrio. Es verdad que debemos trabajar con empeño, pero la Palabra de Dios también nos recuerda que hay que asegurarnos “de las cosas más importantes” (Filipenses 1:10). ¿Cuáles son algunas de ellas? Dedicar tiempo a la familia y los amigos, y más importante aún, a los asuntos espirituales, como leer la Biblia y meditar en ella.

Las personas que llevan una vida equilibrada disfrutan mucho más de su trabajo. William nos cuenta: “Uno de mis anteriores jefes es un excelente ejemplo de cómo ser equilibrado. Trabaja mucho y tiene muy contentos a sus clientes por la calidad de sus servicios. Pero cuando termina el día, sabe dejarlo todo atrás y concentrarse en su familia y en su religión. Y la verdad es que es una de las personas más felices que conozco”.