“Una generación se va, y una generación viene; pero la tierra subsiste aun hasta tiempo indefinido.” (EL REY SALOMÓN, SIGLO XI ANTES DE NUESTRA ERA) *

Estas palabras destacan el contraste que existe entre nosotros y la Tierra. Nuestro planeta ha visto pasar una generación tras otra. Sin embargo, siempre ha demostrado tener la capacidad de resistir y seguir sosteniendo la vida. Pero parece que eso está cambiando.

Desde la Segunda Guerra Mundial estamos en un período que algunos han llamado la Gran Aceleración. En tan solo setenta años, la humanidad ha visto increíbles avances en el transporte, las comunicaciones y otros campos de la tecnología. Esto ha traído cambios económicos desconocidos hasta ahora y ha permitido a muchas personas disfrutar de un nivel de vida que antes parecía imposible. Mientras tanto, la población del planeta casi se ha triplicado.

Pero todo esto ha tenido un precio. Hay quienes dicen que el hombre ha dañado tanto la Tierra que los ciclos de la naturaleza pueden empezar a fallar. Es más, debido al enorme impacto de las actividades humanas sobre el planeta, algunos científicos afirman que hemos entrado en una nueva era a la que llaman antropoceno.

La Biblia predijo que el hombre arruinaría la Tierra (Revelación [Apocalipsis] 11:18). ¿Se está cumpliendo esta profecía? ¿Hasta cuándo seguirá sufriendo el planeta? ¿Llegará un punto en el que no haya remedio?

 ¿SOBREPASAREMOS EL LÍMITE?

¿Será que la Tierra está llegando a su límite? Algunos científicos opinan que es muy difícil predecir el efecto de los cambios climáticos. Les preocupa que estemos cerca de un punto en el que haya cambios repentinos con resultados desastrosos.

Pensemos, por ejemplo, en la plataforma de hielo de la Antártida occidental. Hay quienes creen que, si continúa el calentamiento global, llegará el momento en que no se podrá detener el derretimiento de dicha plataforma. ¿Por qué? Porque el hielo refleja los rayos del Sol, y a medida que se derrite, deja al descubierto el océano que hay debajo. Al ser más oscuro, el océano no puede reflejar bien los rayos y absorbe más calor, acelerando así el derretimiento. Este ciclo podría ser imparable y muy destructivo, pues el deshielo elevaría el nivel del mar y perjudicaría la vida de cientos de millones de personas.

LA DEUDA SIGUE AUMENTANDO

Se han propuesto algunas estrategias para hacer frente a esta “emergencia planetaria”. Una de las más conocidas es la del desarrollo sostenible, la cual fomenta un crecimiento económico y social que sea respetuoso con el medioambiente. ¿Han funcionado las estrategias?

Por desgracia, tal como la deuda de las naciones aumentó hasta causar la reciente crisis financiera, la deuda ecológica con el planeta sigue aumentando. El ser humano consume los recursos naturales a tal ritmo que no le permite al planeta recuperarse. ¿Se puede hacer algo? Cierto ecologista admitió: “No tenemos ni idea de cómo administrar nuestro planeta”. Esta declaración es muy similar a la siguiente afirmación bíblica: “No [le] pertenece al hombre que está andando siquiera dirigir su paso” (Jeremías 10:23).

Sin embargo, la Biblia asegura que el Creador no dejará que el hombre lleve al planeta a la ruina. Salmo 115:16 dice que Dios ha dado la Tierra “a los hijos de los hombres”. Sí, el planeta es un regalo de Dios (Santiago 1:17). ¿Esperaríamos que funcionara bien solo al principio? Por supuesto  que no. Basta con ver cómo está hecho nuestro hogar para darnos cuenta de ello.

¿QUÉ HARÁ DIOS?

El libro bíblico de Génesis explica con lujo de detalle que Dios se esmeró al preparar el planeta. Relata que al principio, la Tierra “se hallaba sin forma y desierta y había oscuridad sobre la superficie”. Además, dice que había agua, un elemento básico para la vida (Génesis 1:2). Entonces Dios dijo: “Llegue a haber luz” (Génesis 1:3). Al parecer, los rayos solares comenzaron a atravesar la atmósfera y hubo luz en la Tierra por primera vez. A continuación se menciona que surgió el suelo seco y se formaron los mares (Génesis 1:9, 10). Después, la Tierra “empezó a producir hierba, vegetación que da semilla [...] y árboles que llevan fruto” (Génesis 1:12). A partir de entonces se dieron las condiciones para que comenzaran los procesos y ciclos necesarios para la vida, como la fotosíntesis. ¿Por qué se esmeró tanto Dios?

El profeta Isaías dijo que Dios es “el Formador de la tierra y el Hacedor de ella, [...] Aquel que la estableció firmemente, que no la creó sencillamente para nada, [sino] que la formó aun para ser habitada” (Isaías 45:18). Está claro que Dios quiere que la Tierra esté habitada por el hombre para siempre.

Lamentablemente, el ser humano ha usado mal este hermoso regalo de Dios y está a punto de arruinarlo. A pesar de ello, el Creador no ha cambiado sus intenciones. Un escritor de la antigüedad dijo: “Dios no es como los mortales: no miente ni cambia de opinión. Cuando él dice una cosa, la realiza” (Números 23:19, Dios habla hoy). Dios no dejará que el hombre destruya la Tierra; pronto causará “la ruina de los que están arruinando la tierra” (Revelación 11:18).

LA TIERRA SIEMPRE SERÁ NUESTRO HOGAR

En el famoso Sermón del Monte, Jesús dijo: “Felices son los de genio apacible, puesto que ellos heredarán la tierra” (Mateo 5:5). En ese mismo sermón, Jesús reveló el medio que se usará para salvar el planeta. Les dijo a sus discípulos que pidieran: “Venga tu reino. Efectúese  tu voluntad, como en el cielo, también sobre la tierra”. Sí, el Reino de Dios es el gobierno que hará realidad lo que Dios siempre ha querido para la Tierra (Mateo 6:10).

Dios asegura que su Reino realizará grandes cambios en la Tierra. Él dice: “¡Mira!, voy a hacer nuevas todas las cosas” (Revelación 21:5). ¿Quieren decir estas palabras que Dios reemplazará este planeta por otro? No, pues en sí el problema no es el planeta, sino los gobiernos actuales que “están arruinando la tierra” y son responsables de la condición crítica en la que vivimos. La Biblia dice que Dios acabará con ellos, y “un nuevo cielo”, el Reino de Dios, gobernará sobre “una nueva tierra”, la humanidad obediente (Revelación 21:1).

Para eliminar la deuda que el hombre tiene con el planeta, Dios restablecerá el equilibrio de la naturaleza. El salmista lo explicó así: “Has dirigido tu atención a la tierra, para darle abundancia; la enriqueces muchísimo”. Una vez que el clima recupere su equilibrio y, más importante aún, que tengamos la bendición de Dios, la Tierra se convertirá en un paraíso y producirá alimento en abundancia (Salmo 65:9-13).

Pyarelal Nayyar, secretario del fallecido líder espiritual hindú Mohandas Gandhi, recordaba estas palabras de su jefe: “En la tierra hay lo suficiente como para satisfacer las necesidades de todos, pero no tanto como para satisfacer la avaricia de todos”. El Reino de Dios atacará la raíz de los problemas que hay en la Tierra. ¿Cómo? Cambiando el corazón de la gente. El profeta Isaías predijo que bajo la gobernación del Reino las personas no harían ningún daño ni al prójimo ni al planeta (Isaías 11:9). Y es que millones de personas de toda clase están aprendiendo cuáles son las normas de Dios. Están aprendiendo a amar a Dios y al prójimo, a ser agradecidas, a cuidar de la naturaleza y sus recursos y a llevar una vida que demuestre que apoyan al Creador. Están siendo preparadas para vivir en un paraíso terrestre (Eclesiastés 12:13; Mateo 22:37-39; Colosenses 3:15).

La Tierra es demasiado hermosa como para terminar en la ruina

El relato de la creación concluye diciendo: “Vio Dios todo lo que había hecho y, ¡mire!, era muy bueno” (Génesis 1:31). Así es, la Tierra es demasiado hermosa como para terminar en la ruina. Por eso nos alegra saber que su futuro está en manos de Jehová, nuestro bondadoso Creador. Además, él nos asegura que “los justos mismos poseerán la tierra, y residirán para siempre sobre ella” (Salmo 37:29). Usted puede ser uno de esos justos que harán de la Tierra su hogar eterno.

^ párr. 3 Frase tomada de la Biblia, de Eclesiastés 1:4.