Jesús dijo que Dios sabe lo que necesitamos incluso antes de que se lo pidamos (Mateo 6:8). Además, David, rey del antiguo Israel, escribió: “No hay una sola palabra en mi lengua, cuando, ¡mira!, oh Jehová, tú ya lo sabes todo” (Salmo 139:4). Por eso, quizás alguien se pregunte: “Entonces, ¿por qué tengo que orar si él conoce hasta mis pensamientos y necesidades?”. Para responder esa pregunta, veamos lo que dice la Biblia sobre las oraciones. *

“Acérquense a Dios, y él se acercará a ustedes.” (Santiago 4:8)

 LA ORACIÓN NOS ACERCA A DIOS

Aunque la Biblia dice que Jehová * lo sabe todo, también explica que no le basta con tener información general de sus siervos (Salmo 139:6; Romanos 11:33). Su memoria infinita no es como la de una computadora, que se limita a almacenar datos. No, él se interesa sinceramente hasta en nuestros pensamientos más íntimos, pues desea tener una amistad estrecha con nosotros (Salmo 139:23, 24; Santiago 4:8). Por eso es que Jesús nos anima a orar aunque Jehová conoce bien nuestras necesidades (Mateo 6:6-8). Mientras más nos acostumbremos a hablar con el Creador de lo que pensamos, más cercana será nuestra amistad con él.

Puede que a veces no sepamos exactamente qué pedirle a Dios. O quizás no podamos expresar nuestros sentimientos. De todos modos, él puede verlos y usar el conocimiento perfecto que tiene de la situación para atender las necesidades que tenemos (Romanos 8:26, 27; Efesios 3:20). Entonces, cuando nos damos cuenta de que Dios ha intervenido en nuestra vida, a veces de forma muy sutil, nos sentimos más cerca de él.

¿CONTESTA DIOS TODAS LAS ORACIONES?

La Biblia asegura que el Dios todopoderoso les responde a sus siervos fieles, pero también explica las razones por las que no escucha todas las oraciones. Por ejemplo, en una época en la que abundaba la violencia en la antigua nación de Israel, Dios le ordenó al profeta Isaías que dijera a los israelitas: “Aunque hagan muchas oraciones, no escucho; sus mismas manos se han llenado de [...] sangre” (Isaías 1:15). Como se ve, quienes desprecian las leyes de Dios o le oran por motivos inapropiados no deben esperar que él los escuche (Proverbios 28:9; Santiago 4:3).

Por otro lado, la Biblia afirma: “No importa qué sea lo que pidamos conforme a su voluntad, él nos oye” (1 Juan 5:14). ¿Significa eso que Dios concede toda petición de sus siervos? No necesariamente. Tenemos el caso del apóstol Pablo, quien le pidió tres veces que le quitara una “espina en la carne” que lo hacía sufrir (2 Corintios 12:7, 8). Tal vez se tratara de una enfermedad crónica en los ojos. ¡Qué frustrante debió haber sido para él —que tenía el don de curar y hasta resucitó a un muerto— no poder librarse de su propia enfermedad! (Hechos 19:11, 12; 20:9, 10.) Sin embargo, aunque no obtuvo la respuesta que quería, aceptó con gratitud la respuesta que recibió de Dios (2 Corintios 12:9, 10).

“Esta es la confianza que tenemos para con él, que, no importa qué sea lo que pidamos conforme a su voluntad, él nos oye.” (1 Juan 5:14)

Es cierto que algunas personas de tiempos bíblicos recibieron respuesta milagrosa a sus oraciones (2 Reyes 20:1-7). Pero aun entonces, eso ocurría muy rara vez. A veces parecía que Dios no respondía las oraciones de sus siervos, y eso los angustiaba. Uno de ellos, el rey David, se lamentó así: “¿Hasta cuándo, oh Jehová, me olvidarás? ¿Para siempre?” (Salmo 13:1). Sin embargo, cuando se dio cuenta de las veces que Jehová lo había socorrido, creció su confianza en él. Tanto es así que en esa misma oración el rey dijo: “En tu bondad amorosa he confiado” (Salmo 13:5). Tal como él, los siervos de Dios de hoy día tal vez tengan que orar vez tras vez antes de percibir la respuesta a sus peticiones (Romanos 12:12).

 CÓMO CONTESTA DIOS

Nos da lo que realmente necesitamos.

El hecho de que un padre ame a sus hijos no significa que siempre les dé exactamente lo que quieren cuando lo quieren. De igual modo, Dios no siempre responderá nuestras oraciones como nos parece que debería hacerlo o en el momento en que quisiéramos. Aun así, podemos estar seguros de que es como un Padre cariñoso que les da a sus hijos lo que realmente necesitan al debido tiempo y de la mejor manera (Lucas 11:11-13).

La respuesta de Dios a una oración también podría llegar mediante las páginas de la Biblia

Puede respondernos de maneras sutiles.

¿Y si lo que queremos es alivio de algún problema? ¿Debemos pensar que, como no ha llegado una respuesta milagrosa, Jehová no ha contestado? Al contrario, debemos tratar de descubrir si nos ha respondido, pero de manera sutil. Quizás un amigo querido nos haya prestado ayuda justo en el momento preciso (Proverbios 17:17). ¿Es posible que Jehová lo haya impulsado a ayudarnos? La respuesta a una oración también podría llegar mediante las páginas de la Biblia. Tal vez hayamos descubierto en ellas la sabiduría para hacer frente a un desafío (2 Timoteo 3:16, 17).

Dios puede usar a nuestros amigos para animarnos cuando más lo necesitamos

En vez de resolver todos los problemas de sus siervos, Dios suele darles las fuerzas para hacerles frente (2 Corintios 4:7). En cierta ocasión, Jesús le rogó que lo sacara de una situación muy difícil, pues temía deshonrarlo. En respuesta, Jehová le envió un ángel para que lo fortaleciera (Lucas 22:42, 43). De forma similar, Dios puede usar a alguno de nuestros amigos para darnos palabras de ánimo cuando más lo necesitamos (Proverbios 12:25). Estas respuestas son sutiles, por lo que debemos estar más alerta para reconocerlas.

A veces habrá que esperar a que llegue el momento indicado por él.

La Biblia asegura que el Dios todopoderoso responde a los humildes al tiempo debido (1 Pedro 5:6). De modo que si parece que está tardando en atender nuestras súplicas, no debemos pensar que es por falta de interés. Más bien, desde la posición tan elevada en la que se encuentra y sabiendo lo que más nos conviene, puede evaluar mejor que nadie nuestras peticiones.

“Humíllense, por lo tanto, bajo la poderosa mano de Dios, para que él los ensalce al tiempo debido.” (1 Pedro 5:6)

Imagine que tiene un hijo pequeño y que le pide una bicicleta. ¿Se la compraría de inmediato? Si le parece que todavía no tiene la madurez necesaria para conducirla, tal vez no acceda en ese momento. Quizás prefiera esperar a comprarla hasta estar seguro de que no se hará daño. De manera similar, si los deseos de nuestro corazón son apropiados y no dejamos de orar, es muy probable que Dios nos los conceda en el momento más indicado (Salmo 37:4).

CONFÍE EN QUE JEHOVÁ LO ESCUCHA

La Biblia anima a los cristianos a no perder la confianza en el poder de la oración. “Eso es más fácil decirlo que hacerlo”, quizás diga alguien. Es cierto, puede que nos resulte difícil esperar a que Dios nos responda si llevamos mucho tiempo sufriendo un problema grave o una injusticia. Pero aun así, debemos recordar lo que Jesús dijo sobre la perseverancia al orar.

 Jesús utilizó la ilustración de una viuda pobre que le rogaba vez tras vez a un juez injusto que la ayudara (Lucas 18:1-3). Aunque al principio el juez se negó, al final pensó: “Veré que se le rinda justicia, para que no siga viniendo y aporreándome hasta acabar conmigo” (Lucas 18:4, 5). El verbo original que se traduce “aporreándome” significa literalmente “golpear bajo el ojo”, y en sentido figurado, “dañar la reputación de alguien”. * Si un juez injusto estuvo dispuesto a ayudar a una viuda pobre por cuidar su reputación, cuánto más actuará nuestro cariñoso Dios a favor de los que “claman a él día y noche”. Como dijo Jesús, “él hará que se les haga justicia rápidamente” (Lucas 18:6-8).

“Sigan pidiendo, y se les dará.” (Lucas 11:9)

Aunque a veces nos cansemos de pedirle a Dios su ayuda, no debemos rendirnos. Si perseveramos, le demostraremos que realmente queremos que nos responda. Además, aprenderemos a reconocer la manera en que concede nuestras peticiones y, como resultado, nos sentiremos más cerca de él. En efecto, si oramos como Jehová quiere y lo hacemos con fe, podemos estar seguros de que él nos responderá (Lucas 11:9).

^ párr. 3 Si queremos que Dios escuche nuestras oraciones, debemos esforzarnos por cumplir con lo que nos pide. Si lo hacemos, es probable que veamos de primera mano el poder de la oración, como se explica en este artículo. Para más información, lea el capítulo 17 del libro ¿Qué enseña realmente la Biblia?, publicado por los testigos de Jehová.

^ párr. 5 La Biblia dice que el nombre de Dios es Jehová.

^ párr. 22 En tiempos bíblicos, Dios esperaba que los jueces de Israel trataran a las viudas y a los huérfanos con consideración especial (Deuteronomio 1:16, 17; 24:17; Salmo 68:5).