EN CASO afirmativo, ¿le afecta nuestra conducta? ¿Pueden nuestras acciones alegrarlo o herirlo? Según algunos filósofos de la antigüedad, nadie tiene el poder de afectar a Dios, por lo que es imposible que tenga emociones. Sin embargo, la Biblia enseña todo lo contrario, a saber, que a Jehová le importa lo que hacemos y que tiene sentimientos. Analicemos los versículos 40 y 41 del Salmo 78.

Este salmo pone de manifiesto cómo reaccionó Jehová ante ciertos actos de los antiguos israelitas. Tras liberarlos de la esclavitud en Egipto, Jehová les propuso entrar en el pacto de la Ley y tener una relación única con él. Si obedecían sus leyes, llegarían a ser su “propiedad especial”, y él los usaría de manera extraordinaria para cumplir su propósito. Ellos accedieron, pero ¿cumplieron con su parte? (Éxodo 19:3-8.)

No hay mayor regalo para Jehová que ver que sus siervos le obedecen porque quieren hacerlo feliz

El salmista dice: “¡Cuán a menudo se rebelaban contra él en el desierto⁠[!]” (versículo 40). Y añade: “Vez tras vez ponían a Dios a prueba” (versículo 41). Como muy bien nos deja ver el escritor, el pueblo se rebelaba constantemente. Su actitud irrespetuosa comenzó en el desierto, poco después de su liberación de Egipto. Allí empezaron a murmurar contra Dios, poniendo en duda que tuviera el poder y la intención de protegerlos (Números 14:1-4). Una obra de consulta para traductores bíblicos señala que la expresión “se rebelaban contra él” podría verterse como “endurecieron sus corazones contra Dios” o “le dijeron que no a Dios”. Con todo, en su misericordia, Jehová los perdonaba cuando se arrepentían. Sin embargo, con el tiempo caían en lo mismo. De modo que era el cuento de nunca acabar (Salmo 78:10-19, 38).

¿Cómo se sentía Jehová cada vez que aquel pueblo voluble le daba la espalda? El versículo 40 declara que “lo hacían sentirse herido”. Otra traducción dice que ellos “llenaron de tristeza” a Dios. Respecto a este versículo, cierta obra de consulta comenta: “Lo que aquí se quiere expresar es que la conducta de los hebreos causaba dolor, uno similar al que se siente cuando un hijo se rebela”. Así como un hijo desobediente puede ocasionar mucho dolor a sus padres, los israelitas rebeldes “causaban dolor [...] al Santo de Israel” (versículo 41).

¿Qué aprendemos de este salmo? Por un lado, que Jehová tiene un cariño intenso por sus siervos y que no se apresura a darlos por perdidos. Saber esto es realmente consolador. Sin embargo, también hemos visto que Jehová es sensible y que nuestra conducta puede afectar sus sentimientos. ¿No nos impulsa esto a hacer lo correcto?

Por eso, en vez de elegir el mal camino y causarle dolor a nuestro Dios, comportémonos como es debido y alegremos su corazón. Eso es precisamente lo que él pide de nosotros. De hecho, en Proverbios 27:11 nos exhorta: “Sé sabio, hijo mío, y regocija mi corazón”. Así es, no hay mayor regalo para Jehová que ver que sus siervos le obedecen porque quieren hacerlo feliz.

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