¿Está bien que los padres cristianos se sienten con un hijo expulsado en las reuniones de la congregación?

No hay razón para darle demasiada importancia al lugar donde se siente una persona expulsada en el Salón del Reino. Esta revista ha hecho todo lo posible por animar a los padres cristianos a brindarle ayuda espiritual a un hijo expulsado que todavía vive con ellos si lo consideran apropiado. Como mencionó La Atalaya del 15 de noviembre de 1988, páginas 19 y 20, los padres pueden incluso estudiar la Biblia con un hijo menor expulsado que viva con ellos. Esto puede darle al joven el ánimo que necesita para regresar a Jehová. *

Parece razonable que un menor expulsado se siente de manera discreta junto a sus padres en el Salón del Reino. Puesto que no se obliga a los expulsados a quedarse en la parte de atrás, no habría nada de malo en que el joven se sentara con sus padres donde sea que ellos se sienten. Como es lógico, los padres querrán cuidar de la espiritualidad de su hijo. Teniéndolo a su lado, podrán asegurarse de que presta atención en las reuniones y se beneficia de ellas, algo que les sería difícil si el menor se sentara solo.

¿Y en el caso de que el hijo expulsado ya no viva con sus padres? ¿Cambiaría la situación? En el pasado, esta revista ha dejado clara la postura que un cristiano debe mantener en cuanto a relacionarse con un familiar expulsado que no viva en la misma casa. * Sin embargo, el que la familia le permita a una persona expulsada sentarse con ellos discretamente durante la reunión es muy diferente de buscar su compañía sin necesidad. Si los miembros fieles de la familia tienen la actitud correcta hacia el expulsado y se esfuerzan por seguir los principios bíblicos en su trato con él, no habría razón para preocuparse (1 Cor. 5:11, 13; 2 Juan 11).

Siempre que la persona expulsada se comporte de forma apropiada, no hay inconveniente en que se siente junto a un familiar o junto a cualquier otro miembro de la congregación. En algunas ocasiones, poner reglas sobre dónde debe o no debe sentarse alguien en el Salón del Reino podría llevar a otros problemas. En conclusión, si todos los asistentes, entre ellos los familiares fieles, se esfuerzan por obedecer los principios bíblicos relacionados con la expulsión y si el lugar donde se sienta un expulsado no hace tropezar a los hermanos, no hay que dar mayor importancia a este asunto. *

^ párr. 3 Aunque en este artículo utilizamos el género masculino para referirnos al menor expulsado, la información es aplicable a jóvenes de ambos sexos.

^ párr. 5 Para más información, vea La Atalaya del 15 de noviembre de 1981, páginas 23 y 24, y el libro “Manténganse en el amor de Dios”, páginas 207 a 209.

^ párr. 6 Esta explicación actualiza la que se publicó en La Atalaya del 1 de agosto de 1953, página 479.