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Testigos de Jehová

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La Atalaya (edición de estudio)  |  Marzo de 2013

¡Nunca pierda la esperanza!

¡Nunca pierda la esperanza!

¿Hace años que usted es testigo de Jehová y anhela que su cónyuge sirva a Dios a su lado?

¿O se sintió desanimado cuando un estudiante de la Biblia que parecía muy interesado nunca se puso de parte de Dios?

 Algunas experiencias de Gran Bretaña le ayudarán a ver por qué nunca debe perder la esperanza. También verá qué puede hacer para “enviar su pan sobre la superficie de las aguas” y ayudar a quienes todavía no han abrazado la verdad (Ecl. 11:1).

LA PERSEVERANCIA ES ESENCIAL

La perseverancia es un ingrediente que no puede faltarle. Es preciso que se mantenga firme en la verdad y se aferre a Jehová (Deut. 10:20). Eso hizo Georgina. Su esposo, Kyriacos, se puso furioso cuando ella comenzó a estudiar la Biblia con los testigos de Jehová en 1970. Trató de que dejara de estudiar, no permitía que los Testigos entraran en la casa y se deshacía de las publicaciones bíblicas que encontraba.

Se enfureció aún más cuando Georgina comenzó a asistir a las reuniones de la congregación. Un día fue al Salón del Reino para provocar una discusión. Cuando una hermana que estaba allí vio que aquel hombre hablaba griego mejor que inglés, llamó por teléfono a un hermano griego de otra congregación para que fuera a ayudarlos. Kyriacos se llevó una impresión tan buena de este hermano que hasta estudió la Biblia por unos meses. Pero de pronto dejó de estudiar.

Georgina siguió soportando otros tres años la oposición de su esposo. De hecho, este le dijo que la abandonaría si ella se bautizaba; así que el día de su bautismo, Georgina le suplicó a Jehová que su esposo no la dejara. Cuando los hermanos llegaron a su casa para llevarla a la asamblea, Kyriacos les dijo: “Vayan ustedes delante. Los seguiremos en nuestro automóvil”. Se quedó para la sesión de la mañana ¡y presenció el bautismo de su esposa!

Casi cuarenta años después de conocer la verdad, Georgina vio bautizarse a su esposo

A partir de entonces, Kyriacos suavizó su postura y comenzó a hacer grandes cambios. Con el tiempo se bautizó. ¿Cuántos años habían pasado desde que ella habló por primera vez con los Testigos? ¡Casi cuarenta! “Me alegro mucho de que mi esposa se mantuviera tan firme”, dice él. Y ella declara: “A pesar de su oposición, yo estaba decidida a no abandonar a Jehová. Todo ese tiempo oré sin cesar y jamás perdí la esperanza”.

CULTIVE LA NUEVA PERSONALIDAD

Otro ingrediente necesario para ayudar a su cónyuge es cultivar la personalidad cristiana. El apóstol Pedro recomendó a las esposas: “Estén en sujeción a sus propios esposos, a fin de que, si algunos no son obedientes a la palabra, sean ganados sin una palabra por la conducta de sus esposas” (1 Ped. 3:1). Christine siguió ese consejo, pero aun así le tomó largo tiempo ganarse a su esposo, John. Cuando hace más de veinte años ella se hizo testigo de Jehová, él no veía la necesidad de creer en Dios. Pero aunque no le atraía la religión, percibía que la nueva fe de Christine era muy valiosa para ella. John confiesa: “Me di cuenta de que era más feliz. Adquirió una gran fortaleza interna, y eso me ayudó a mí a superar muchas situaciones difíciles”.

Christine nunca presionó a su esposo para que se convirtiera a su religión. Él recuerda: “Christine se dio cuenta desde el principio de que yo no iba a responder bien si trataba de obligarme, así que con paciencia dejó que aprendiera a mi paso y a mi manera”. Cuando ella veía en La Atalaya o ¡Despertad! algún artículo que sabía que le gustaría a John —sobre la naturaleza o de temas científicos—, se lo mostraba y le decía: “Creo que te gustará leer esto”.

Tras jubilarse, John dedicaba parte de su tiempo a cuidar el jardín. Como tenía menos preocupaciones, comenzó a reflexionar sobre las cuestiones importantes de la vida. Se preguntaba: “¿Estamos aquí por una serie de accidentes, o hemos sido creados con un propósito?”. Un día, un hermano que conversaba con él le preguntó si le gustaría estudiar la Biblia. “Como estaba comenzando a creer en Dios —explica John—, acepté su oferta.”

¡Qué importante fue que Christine nunca perdiera la esperanza! Después de veinte años orando para que su esposo aceptara la verdad, lo vio bautizarse. Ahora sirven juntos a Jehová con entusiasmo. John comenta: “Hubo dos cosas que me atrajeron a la verdad. La primera fue la cordialidad y amabilidad de los Testigos. Y la segunda fue estar casado con una testigo de Jehová, pues uno cuenta con una esposa leal, confiable y abnegada”. Christine puso en práctica las palabras de 1 Pedro 3:1 y puede dar fe del buen resultado.

 SEMILLAS QUE DAN FRUTO CON LOS AÑOS

¿Qué pasa si por alguna razón un estudiante de la Biblia pierde el interés que tenía al principio? El rey Salomón escribió: “Por la mañana siembra tu semilla, y hasta el atardecer no dejes descansar la mano; pues no sabes dónde tendrá éxito esto, aquí o allí, o si ambos a la par serán buenos” (Ecl. 11:6). A veces pasan muchos años antes de que la semilla de la verdad dé su fruto y la persona comprenda la importancia de acercarse a Jehová (Sant. 4:8). Por eso, quizás algún día usted reciba una grata sorpresa.

Ese fue el caso de Alice, quien llegó a Inglaterra procedente de la India y en 1974 comenzó a estudiar la Biblia. Hablaba hindi, pero quería mejorar su inglés. Estudió la Biblia por varios años y asistió a algunas reuniones en una congregación de habla inglesa. Aunque sabía que lo que estaba aprendiendo era la verdad, lo tomaba como un pasatiempo. Además, le importaba mucho el dinero y le encantaba ir a fiestas. Con el tiempo dejó de estudiar.

Casi treinta años después, Alice le escribió a Stella, la hermana con quien había estudiado la Biblia. Su carta decía: “Te encantará saber que tu estudiante de la Biblia de 1974 se bautizó en la última asamblea de distrito. Tú has sido muy importante en mi vida. Plantaste la semilla de la verdad en mí, y aunque entonces no estaba lista para dedicarme a Dios, la guardé en mi mente y corazón”.

La carta de Alice a Stella decía: “Te encantará saber que tu estudiante de la Biblia de 1974 se bautizó en la última asamblea de distrito”

¿Qué había pasado? Alice cuenta que se deprimió mucho al morir su esposo en 1997. Se puso a orar, y en menos de diez minutos llamaron a su puerta dos hermanas de habla panjabí que le dejaron el tratado ¿Qué esperanza hay para los seres queridos que han muerto? Convencida de que su oración había sido contestada, decidió buscar a los Testigos. ¿Dónde podría encontrarlos? En una vieja libreta halló la dirección de la congregación panjabí que Stella le había dado. Cuando fue al Salón del Reino, los hermanos la recibieron cariñosamente. Ella recuerda: “El afecto que me mostraron se me quedó grabado en el corazón, y ya no me sentí tan deprimida”.

Alice comenzó a asistir a todas las reuniones, reanudó su estudio de la Biblia y aprendió a hablar y leer panjabí con fluidez. Se bautizó en 2003. Su carta terminaba así: “Muchísimas gracias por plantar aquellas semillas hace veintinueve años y por tu buen ejemplo”.

“Muchísimas gracias por plantar aquellas semillas hace veintinueve años y por tu buen ejemplo.” (Alice)

¿Qué nos enseñan estas experiencias? Que si una persona es sincera, es humilde y tiene sed espiritual, Jehová permitirá que la semilla de la verdad crezca en su corazón aunque tome más tiempo del que usted espera. Jesús dijo en una de sus ilustraciones: “La semilla brota y crece alta —precisamente cómo, [el sembrador] no lo sabe—. Por sí misma la tierra gradualmente fructifica: primero el tallo de hierba, luego la espiga, finalmente el grano lleno en la espiga” (Mar. 4:27, 28). La semilla crece “por sí misma” y dicho crecimiento es gradual. No olvide que ningún proclamador del Reino sabe con certeza cómo sucederá. Por eso, siga sembrando generosamente y es muy posible que obtenga una cosecha abundante.

Tampoco subestime la importancia de la oración. Georgina y Christine oraron incansablemente. Si usted persevera en la oración y nunca pierde la esperanza, con el tiempo quizás vuelva a encontrarse con el “pan” que envió sobre las aguas (Ecl. 11:1; Rom. 12:12).