A ORILLAS del río Motoyasu, en la ciudad de Hiroshima (Japón), se localiza un edificio que ha estado parcialmente en ruinas desde 1945. ¿Por qué no ha sido reconstruido en todos estos años?

Originalmente, este edificio de tres pisos, terminado en 1915, era una sala de exhibiciones para el fomento industrial. Sin embargo, el 6 de agosto de 1945, a las 8:15 de la mañana, eso cambió. La primera bomba atómica estalló muy cerca del edificio a 550 metros (1.800 pies) de altura. Todos los que estaban allí murieron en el acto, pero la estructura, de ladrillo y cemento, quedó en pie.

El edificio no se restauró y se convirtió en un símbolo cruel y violento “de la fuerza más destructiva creada por el hombre en toda su historia”, dice un artículo de la UNESCO. * Se le conoce como el Memorial de la Paz de Hiroshima, y en 1996 se añadió a la Lista del Patrimonio Mundial.

Lamentablemente, ni siquiera monumentos desgarradores como este han podido detener las guerras, muchas de las cuales se deben a la codicia, el nacionalismo, el racismo y el odio religioso. ¿Quiere decir eso que siempre habrá guerras?

La Biblia responde con un rotundo no. Salmo 46:9 dice que Dios “quiebra el arco y verdaderamente corta en pedazos la lanza; quema los carruajes en el fuego”. Eso significa que pronto eliminará las guerras “hasta la extremidad de la tierra”. Además, él reemplazará a todos los gobiernos de la Tierra con un gobierno mundial: el Reino de Dios, el cual está a cargo de Jesucristo, el “Rey de reyes” (Revelación [Apocalipsis] 11:15; 19:16).

Cuando eso suceda, no harán falta monumentos para recordar que las guerras son una locura. Como dice Isaías 65:17: “Las cosas anteriores [es decir, los sufrimientos] no serán recordadas, ni subirán al corazón”.

^ párr. 4 Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura