Póngase a prueba. Imagine las siguientes situaciones:

¿Quién diría que es un verdadero triunfador?

  • ÁLEX

    Álex es honrado, trabajador y amable. Tiene un negocio que marcha bien y le permite vivir cómodamente con su familia.

  • CARLOS

    Carlos también tiene un negocio y gana mucho más que Álex. Pero como quiere superar a la competencia, se ha esclavizado al negocio y ahora está muy enfermo.

  • YANET

    Yanet es muy buena estudiante y le encanta aprender. Siempre saca buenas notas.

  • HELENA

    Helena saca mejores notas que Yanet; de hecho, está entre las primeras de la clase. Pero hace trampa en los exámenes y realmente no le interesa aprender.

Si su respuesta fue Carlos y Helena, o los cuatro, es probable que para usted el éxito se mida por los resultados, sin importar cómo se hayan obtenido.

En cambio, si su respuesta fue Álex y Yanet, es probable que mida el éxito por el carácter y la ética de trabajo de la persona. Eso es mejor. Después de todo...

  • ... ¿qué le conviene más a Yanet? ¿Sacar las notas más altas, o aprender?

  • ... ¿qué les conviene más a los hijos de Álex? ¿Que su padre pueda comprarles muchas cosas, o que pase tiempo con ellos?

En conclusión, el triunfo imaginario es pura fachada. El triunfo de verdad no es superficial; se basa en valores y principios.