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Testigos de Jehová

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¡Despertad!  |  julio de 2014

 TEMA DE PORTADA | CUANDO AZOTA LA DESGRACIA

La pérdida de la salud

La pérdida de la salud

Mabel, que vive en la Argentina, era fisioterapeuta y llevaba una vida activa. En el año 2007 comenzó a sentirse muy cansada y a sufrir fuertes dolores de cabeza todos los días. “Visité a varios médicos y probé todo tipo de medicamentos —comenta—, pero nada me ayudaba.” Finalmente, le hicieron una resonancia magnética y descubrieron que tenía un tumor cerebral. “¡Me quedé helada! No podía creer que estuviera viviendo con ese asesino dentro de mí.

”Con todo, no entendí la gravedad de mi situación hasta que me operaron. Cuando desperté en la sala de cuidados intensivos, era incapaz de moverme. Todo lo que podía hacer era mirar al techo. Antes de la cirugía era muy activa e independiente, pero ahora no podía hacer nada. El tiempo que pasé en cuidados intensivos estuvo lleno de confusión, ruidos de equipos médicos, alarmas de emergencia y quejidos de otros pacientes. Estaba rodeada de sufrimiento y dolor.

”Ahora me siento mejor. Ya puedo caminar sin ayuda y hasta he podido salir sola a la calle, pero veo doble y me falta coordinación muscular.”

CÓMO HACER FRENTE A LA DESGRACIA

Mantenga una actitud positiva. La Biblia dice en Proverbios 17:22: “Un corazón que está gozoso hace bien como sanador, pero un espíritu que está herido seca los huesos”. Mabel recuerda: “Durante mi recuperación experimenté los mismos desafíos que mis pacientes. Los ejercicios eran muy dolorosos, y a veces quería rendirme. Así que tenía que obligarme a desechar los pensamientos negativos, pues sabía que a la larga el esfuerzo valdría la pena”.

No pierda la esperanza. “En la Biblia aprendí por qué ocurren las desgracias —dice Mabel—, pero también aprendí que cada día falta menos para que el dolor deje de existir.” *

Recuerde que Dios se preocupa por usted (1 Pedro 5:7). Mabel comenta cómo la ayudó esto: “Cuando entré en la sala de operaciones, me di cuenta de lo ciertas que son las palabras de Isaías 41:10, donde Dios dice: ‘No tengas miedo, porque estoy contigo’. Sentí una paz inmensa, pues sabía que a Jehová Dios le preocupaba lo que me estaba pasando”.

¿Lo sabía? La Biblia dice que llegará el día en que nadie enfermará (Isaías 33:24; 35:5, 6).