SEGÚN informes del Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos, “entre 1980 y 2002, el número de adolescentes obesos se triplicó y el de preadolescentes aumentó a más del doble”. La obesidad infantil incrementa el riesgo de padecer a largo plazo diversas afecciones, entre ellas hipertensión, diabetes, enfermedades cardiovasculares y algunos tipos de cáncer. *

La obesidad infantil y juvenil se asocia a diferentes factores, entre los que se cuentan el sedentarismo, las campañas publicitarias dirigidas a niños y jóvenes y la abundancia de alimentos poco saludables de bajo costo. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, el problema “es una consecuencia del consumo excesivo de calorías y la falta de actividad física”.

Niños, adolescentes y adultos debemos vigilar nuestros hábitos alimentarios. No hace falta que nos vayamos a los extremos: basta con poner en práctica algunas medidas sencillas para cambiar sustancialmente nuestro estilo de vida. Veamos el caso de Mark, un joven que modificó sus hábitos de alimentación y obtuvo enormes beneficios en términos de salud y bienestar. “En un tiempo fui adicto a la comida chatarra”, confiesa. ¡Despertad! lo entrevistó y le preguntó qué hizo para cambiar.

¿Cuándo comenzaron tus problemas con la alimentación?

Más o menos a los 18 años. En esa época empecé a comer muchísimo fuera. Como había dos restaurantes de comida rápida cerca de mi trabajo, casi todos los días almorzaba en uno o en otro. Era mucho más fácil que prepararme el almuerzo yo mismo.

¿Qué pasó cuando te fuiste de casa?

Mis hábitos de alimentación empeoraron. No sabía cocinar, no tenía mucho dinero y mi restaurante de comida rápida favorito quedaba a solo dos manzanas de donde vivía. Comer ahí me parecía la opción más fácil y barata. Además de que comía cosas que me hacían daño, comía demasiado. No me contentaba con una  porción normal, sino que pedía más papas fritas, un refresco más grande y una hamburguesa extra del mayor tamaño posible, dependiendo de lo que tuviera en el bolsillo.

¿Cuál fue el punto decisivo para ti?

Poco después de los 20 años empecé a interesarme más por la salud. Estaba bastante pasado de peso, vivía como aletargado a todas horas y me faltaba confianza en mí mismo. Sabía que no podía seguir así.

¿Qué hiciste para controlar tu forma de comer?

Fui incorporando cambios poco a poco. Empecé por reducir la cantidad de lo que comía. Me decía a mí mismo: “Esta no va a ser tu última cena. Siempre puedes volver a comer”. A veces literalmente tenía que levantarme de la mesa e irme. Pero después me sentía bien, como si acabara de ganar una batalla.

¿Tuviste que hacer cambios radicales?

Eliminé por completo algunas cosas. Por ejemplo, no volví a tomar refrescos, sino solo agua. Me costó mucho porque me encantaban los refrescos y detestaba el agua. Cuando me bebía un vaso de agua, tomaba un par de sorbos de jugo para quedarme con un sabor dulce en la boca. Pero con el tiempo le fui encontrando el gusto.

¿Qué más hiciste aparte de eliminar los alimentos poco saludables?

Los reemplacé por otros más nutritivos. Comencé con las frutas: manzanas, bananas, fresas, arándanos, frambuesas y melones. Después incluí alimentos ricos en proteínas y bajos en grasa, como el pollo y el atún, que terminaron siendo mis preferidos. De un plato fuerte, trato de comer más verduras y menos de lo demás. También noto que si como algo ligero y saludable a media mañana o a media tarde, es menos probable que me exceda a la hora de las comidas. Cada vez tengo menos antojos de comida chatarra.

¿Abandonaste por completo la costumbre de comer fuera?

No, todavía lo hago de vez en cuando, pero controlo lo que como. Si me sirven una porción muy grande, pido un recipiente de comida para llevar y guardo la mitad antes de empezar. Así no me excedo simplemente porque siento remordimientos de dejar comida en el plato.

¿Cómo te han beneficiado los cambios que has hecho?

He perdido peso y tengo más energía. Me siento mejor conmigo mismo. Pero lo mejor de todo es que soy feliz sabiendo que al cuidar mi salud, honro al Dios que me regaló la vida (Salmo 36:9). Antes pensaba que vivir de forma saludable era aburrido; pero ahora que he empezado a comer bien, no lo cambiaría por nada del mundo. *

^ párr. 2 Los especialistas afirman que quienes son obesos de niños o de adolescentes tienen un 70% de probabilidades de serlo también en la edad adulta.

^ párr. 20 ¡Despertad! no recomienda ninguna dieta en particular. Cada cual ha de examinar detenidamente las opciones y consultar al médico antes de cambiar los hábitos de nutrición. Evítense las dietas de moda que puedan ser peligrosas.