“Solía sentirme inferior a una de mis amigas. A ella todo se le hacía fácil, parecía que nunca tenía que esforzarse. Yo, en cambio, me veía como una perfecta inútil. Puedo ser mi peor enemiga.” (Annette) *

¿TE IMPIDEN los sentimientos de incapacidad emprender nuevos proyectos? ¿Pierdes a veces la confianza en ti mismo por los comentarios bien intencionados que hacen aquellos a quienes respetas? ¿Te cohíbes de volver a intentar algo por errores que cometiste en el pasado? Si es así, ¿cómo puedes superar tus fracasos, sean estos reales o imaginarios?

Te conviene averiguar la respuesta a esta última pregunta porque, más tarde o más temprano, todo el mundo fracasa en algo (Romanos 3:23). Ahora bien, las personas que saben recuperarse de los fracasos son fuertes. Pueden ver sus errores de forma objetiva, levantarse y volver a intentarlo. Y la próxima vez tienen más probabilidades de hacerlo bien. Por eso, veamos cómo puedes superar tres obstáculos: los fracasos posibles, los fracasos aparentes y los fracasos reales.

FRACASO POSIBLE → LO QUE PODRÍA OCURRIR

Esperas lo peor y, por lo tanto, ni siquiera haces el intento, pues crees que tus posibilidades de éxito son escasas.

Identifica el problema. De la lista de abajo, marca (✔) aquellas cosas que te gustaría hacer bien pero en las que estás seguro de que fracasarías si lo intentaras.

  • Defender tus creencias ante tus compañeros

  • Solicitar un trabajo

  • Hablar en público

  • Practicar un deporte

  • Cantar o tocar un instrumento musical

  • Otras ․․․․․

Reflexiona. Piensa en lo que marcaste arriba y plantéate estas preguntas:

“¿Qué me gustaría que ocurriera?”

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“¿Qué temo que ocurra?”

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Ahora escribe una razón por la que deberías intentarlo a pesar del riesgo de fracaso.

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Ejemplo bíblico. Cuando Moisés fue comisionado por Jehová para dirigir a la nación de Israel, su primera reacción fue pensar en lo que podía salir mal. Le preguntó a Dios: “¿Y qué hago si no me creen ni me hacen caso?”. Entonces comenzó a pensar en sus propios defectos: “Nunca me he distinguido por mi facilidad  de palabra [...]. Francamente, me cuesta mucho trabajo hablar”. Incluso después que Jehová prometió ayudarlo, Moisés dijo: “Te ruego que envíes a alguna otra persona” (Éxodo 4:1, 10, 13, Nueva Versión Internacional). Finalmente aceptó su misión, y el resto ya es historia. Bajo la dirección de Dios, Moisés guió al pueblo de Israel durante cuarenta años.

Lo que puedes hacer. El rey Salomón escribió: “Todo lo que tu mano halle que hacer, hazlo con tu mismo poder” (Eclesiastés 9:10). Por ello, en vez de permitir que el miedo al fracaso te detenga, esfuérzate al máximo por lograr lo que quieres. ¿Por qué no piensas en alguna ocasión en que hiciste algo mejor de lo que esperabas? ¿Qué aprendiste sobre ti mismo de aquel éxito? ¿Cómo puede esa lección ayudarte a superar cualquier miedo al fracaso que tengas ahora?

Consejo: Si fuera necesario, pide sugerencias a tus padres o a algún amigo maduro que pueda ayudarte a aumentar tu autoestima. *

FRACASO APARENTE → LO QUE TÚ CREES QUE HA OCURRIDO

Cuando otra persona hace algo bien, te comparas con ella y te sientes un fracasado.

Identifica el problema. ¿Con quién te estás comparando, y qué logro de esa persona te hizo sentir que eras un fracaso?

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Reflexiona. ¿Significa realmente el éxito de esa persona que tú hayas fracasado? Escribe debajo sobre un asunto reciente, por ejemplo un examen en la escuela en el que a ti te fue bien pero a otro compañero le fue mejor.

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Ahora escribe por qué mereció la pena intentarlo.

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Ejemplo bíblico. Caín se sintió “enardecido de cólera” cuando se hizo evidente que Jehová miraba con favor a su hermano Abel. Jehová advirtió a Caín sobre sus celos, pero al mismo tiempo le hizo saber que podría  obtener su favor si se esforzaba. Le dijo: “Si te diriges a hacer lo bueno, ¿no habrá ensalzamiento?” (Génesis 4:6, 7). *

Lo que puedes hacer. En vez de promover competencias, aunque solo sea en tu mente, reconoce los logros ajenos (Gálatas 5:26; Romanos 12:15). Al mismo tiempo, sin presumir, reconoce las habilidades únicas que tú tienes. La Biblia afirma: “Que cada uno pruebe lo que su propia obra es, y entonces tendrá causa para alborozarse respecto de sí mismo solo” (Gálatas 6:4).

FRACASO REAL → LO QUE HA OCURRIDO

Recuerdas algún fracaso previo y crees que no merece la pena esforzarte.

Identifica el problema. ¿Qué fracaso personal te ha desanimado más?

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La persona fuerte se levanta después de una caída, sola o con ayuda si la necesita

Reflexiona. ¿Te define realmente como persona el fracaso que acabas de señalar? Por ejemplo, si has cedido a alguna debilidad, ¿significa que no tienes remedio? ¿O es tan solo un indicio de que necesitas ayuda? Si te cayeras mientras practicas algún deporte, sin duda aceptarías una mano que te ayudara a volver al juego. ¿Por qué no adoptas el mismo enfoque para superar un fracaso personal? Anota debajo el nombre de una persona con la que podrías hablar sobre el problema. *

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Ejemplo bíblico. Hubo ocasiones en las que el apóstol Pablo se sintió descorazonado por sus debilidades. “¡Soy un pobre desgraciado!”, se lamentó (Romanos 7:24, Nueva Traducción Viviente). Sin embargo, es obvio que Pablo comprendía que sus imperfecciones no eran lo que lo definía, pues escribió: “He peleado la excelente pelea, he corrido la carrera hasta terminarla, he observado la fe” (2 Timoteo 4:7).

Lo que puedes hacer. En vez de centrarte solo en tus faltas, reflexiona también en tus puntos fuertes. Jehová los ve. La Biblia asegura: “Dios no es injusto para olvidar la obra de ustedes y el amor que mostraron para con su nombre” (Hebreos 6:10; Salmo 110:3).

Recuerda: nadie es perfecto. Todo el mundo falla alguna vez en algo. Si aprendes a ser fuerte, habrás adquirido una característica fundamental que te será muy útil en tu vida adulta. Proverbios 24:16 afirma: “Puede que el justo caiga hasta siete veces, y ciertamente se levantará”. Ese es el tipo de persona que tú quieres ser.

^ párr. 3 Se ha cambiado el nombre.

^ párr. 23 Encontrarás más información en ¡Despertad! de mayo de 2010, páginas 26 a 28.

^ párr. 31 Caín optó por no hacer caso del consejo de Jehová. Su fracaso destaca la necesidad de controlar cualquier tendencia a sentir celos por el éxito de otra persona (Filipenses 2:3).

^ párr. 36 El cristiano que haya cometido un error grave se beneficiará de hablar con un anciano de la congregación (Santiago 5:14, 16).