“Nadie odia a su propio cuerpo. Todo lo contrario, lo alimenta y lo cuida.” (Efesios 5:29, La Palabra de Dios para Todos.) Hay ciertos cuidados básicos que podemos seguir a fin de mejorar sensiblemente la salud.

Duerma lo suficiente. “Mejor es un puñado de descanso que un puñado doble de duro trabajo y esforzarse tras el viento.” (Eclesiastés 4:6.) Las exigencias y distracciones propias de la vida moderna han hecho que la gente duerma cada vez menos. No obstante, el sueño es esencial para la buena salud. Los estudios demuestran que mientras dormimos, el cuerpo y el cerebro se reparan, lo que repercute en la memoria y el estado de ánimo.

El sueño refuerza el sistema inmunológico y reduce el riesgo de padecer infecciones, diabetes, derrames cerebrales, trastornos cardíacos, cáncer, obesidad, depresión y, quizás, hasta la enfermedad de Alzheimer. En vez de intentar bloquear artificialmente la somnolencia —nuestro “mecanismo de seguridad” natural— mediante la ingesta de dulces, cafeína y otros estimulantes, debemos hacerle caso y dormir un poco. La mayoría de los adultos necesitan de siete a ocho horas de sueño todas las noches para verse y sentirse bien y rendir al máximo. Los jóvenes necesitan aún más. Los adolescentes que no duermen lo suficiente son más propensos a sufrir trastornos psicológicos y a quedarse dormidos al volante.

El sueño es importante en especial cuando estamos enfermos. El cuerpo es capaz de reponerse de algunas enfermedades, como el resfriado, con tan solo obtener reposo extra y beber abundantes líquidos.

Cuide sus dientes. Cepillarse y usar el hilo dental después de las comidas, y sobre todo antes de acostarse, previene la caries, las enfermedades de las encías y la pérdida de dientes. Sin la dentadura completa no podemos digerir debidamente los alimentos. Se dice que los elefantes no se mueren de viejos sino de hambre cuando se les gastan los dientes y ya no pueden masticar bien. Los niños a los que se ha enseñado a cepillarse y usar el hilo dental después de comer gozarán de mejor salud en la adolescencia y en la vida adulta.

Vaya al médico. Algunas dolencias requieren atención profesional. Un diagnóstico temprano mejora la eficacia del tratamiento y se traduce en menores gastos. Por eso, si no se siente bien, busque ayuda para determinar la causa y eliminarla en vez de limitarse a aliviar los síntomas.

Someterse a chequeos regulares por profesionales de la salud acreditados previene muchos problemas graves. La atención médica también es vital durante el embarazo. * Recuerde, sin embargo, que los médicos no hacen milagros. La curación completa de todos nuestros males solo tendrá lugar cuando Dios haga “nuevas todas las cosas” (Revelación [Apocalipsis] 21:4, 5).

^ párr. 8 Véase el artículo “Mamá saludable, bebé saludable”, de ¡Despertad! de noviembre de 2009.