Después de evaluar los daños, los propietarios tienen que decidir si demolerán la casa o la conservarán.

¿SE ENCUENTRA su matrimonio en una situación parecida? Puede que su pareja haya traicionado su confianza o que los continuos choques entre ambos hayan empañado la felicidad conyugal. En tal caso, quizás piense: “Ya no nos amamos” o “No somos el uno para el otro” o “No sabíamos lo que estábamos haciendo cuando nos casamos” o, peor aún, “Creo que deberíamos divorciarnos”.

Antes de optar precipitadamente por el divorcio, piense un poco. El divorcio no siempre lo soluciona todo. Con frecuencia, lo único que logra es reemplazar unos problemas por otros. El psicólogo Brad Sachs advirtió lo siguiente en uno de sus libros: “Durante la separación, las parejas sueñan con el divorcio perfecto: dejar de una vez y para siempre su vida sombría y tempestuosa para iniciar una existencia plácida y agradable en un acogedor ambiente de paz. Pero el divorcio perfecto es tan imposible como el matrimonio perfecto” (The Good Enough Teen). Hace falta, pues, conocer los pros y los contras del divorcio, y ser realistas.

El punto de vista bíblico

La Biblia no considera el divorcio como un asunto de poca importancia. Dice que para Jehová Dios, repudiar al cónyuge sin suficiente base —tal vez con el motivo de casarse con otra persona— es una traición infame (Malaquías 2:13-16). El matrimonio es una unión permanente (Mateo 19:6). Muchas parejas que se separaron por razones triviales podrían haber salvado su relación si hubieran sabido perdonar (Mateo 18:21, 22).

Ahora bien, la Biblia sí menciona una base para divorciarse con la posibilidad de volverse a casar: las relaciones sexuales fuera del matrimonio (Mateo 19:9). Así pues, si su pareja le ha sido infiel, usted tiene derecho a poner fin a la relación. Nadie debería imponerle su criterio, y este artículo no pretende indicarle qué hacer. La decisión la debe tomar usted, pues al fin y al cabo se trata de su vida (Gálatas 6:5).

No obstante, la Palabra de Dios señala que “el sagaz considera sus pasos” (Proverbios 14:15). De modo que aunque usted tenga base bíblica para divorciarse, conviene que reflexione sobre lo que conlleva  esa decisión (1 Corintios 6:12). “Hay quienes creen que tienen que decidirse enseguida —comenta David, de Gran Bretaña—. Pero puedo decir por experiencia que uno necesita tiempo para pensar bien las cosas.” *

Analicemos cuatro factores importantes que debe tener presentes. En los comentarios que se citan a continuación, notará que ninguna de las personas dice que se equivocó al divorciarse. Pero también observará algunas dificultades que suelen presentarse unos meses o hasta años después de haberse divorciado.

1 Los problemas económicos

A los doce años de casada, Daniela, de Italia, descubrió que su esposo la había engañado con una compañera de trabajo. “Cuando me enteré, la mujer ya estaba en su sexto mes de embarazo”, cuenta ella.

Tras un tiempo de separación, Daniela decidió divorciarse. “Yo intenté salvar mi matrimonio, pero él siguió siéndome infiel”, añade. Aunque está segura de que tomó una buena decisión, confiesa: “Tan pronto como nos separamos, empecé a pasar penurias. A veces mi cena consistía en un simple vaso de leche”.

María, que vive en España, también sufrió un revés económico. “Mi ex marido no nos da ni un céntimo —explica—. Por si fuera poco, me mato trabajando para pagar las deudas que él contrajo. Además, tuve que dejar una casa cómoda y marcharme a un apartamentito en un barrio muy inseguro.”

De lo anterior puede verse que la ruptura matrimonial suele asestar un duro golpe económico a la mujer. Un estudio que se efectuó en Europa durante siete años reveló que, tras el divorcio, los ingresos del hombre aumentan en un 11%, y los de la mujer disminuyen en un 17%. Mieke Jansen, el sociólogo que dirigió el estudio, comentó: “Para algunas mujeres es una situación muy difícil, pues tienen que atender a los hijos, buscar empleo y lidiar al mismo tiempo con el trauma del divorcio”. El periódico londinense Daily Telegraph informó que, según algunos abogados, dichos factores “están haciendo que la gente se lo piense dos veces antes de divorciarse”.

En resumen: Si usted se divorcia, puede que sus ingresos se reduzcan. También existe la posibilidad de que tenga que mudarse. Y si consigue la custodia de sus hijos, quizás le resulte difícil ganarse la vida y cuidarlos debidamente (1 Timoteo 5:8).

 2 El reto de criar a los hijos

“Para mí fue un verdadero trauma que mi esposo me hubiera sido infiel”, dice una mujer de Gran Bretaña llamada Jane. “Pero lo que más me dolió fue que prefiriera abandonarnos.” Jane se divorció de su marido. Actualmente sigue convencida de que tomó una buena decisión, aunque reconoce: “Una de las dificultades que tuve que afrontar fue la de hacer de madre y padre a la vez. Me costaba tomar todas las decisiones sola”.

Graciela, madre divorciada que vive en España, se vio ante una situación similar. “Me concedieron la patria potestad de mi hijo de 16 años —explica—. Pero la adolescencia es una etapa difícil, y yo no estaba preparada para criar sola a mi hijo. Estuve días enteros llorando. Sentía que no servía como madre.”

Quienes comparten la custodia suelen toparse además con otro problema: el de negociar cuestiones tan delicadas como los horarios de visita, la manutención y la disciplina. Christine, de Estados Unidos, quien también es madre divorciada, dice: “No es fácil crear un ambiente de colaboración con el ex. Hay muchas emociones envueltas, y si no se va con cuidado, uno podría acabar valiéndose del hijo para conseguir lo que quiere”.

En resumen: Cuando es un juez quien determina los derechos de custodia, la decisión a veces no es la que uno preferiría. Y en caso de custodia compartida, quizás su ex no sea lo suficientemente razonable tocante a cuestiones como los horarios de visita y la manutención.

3 El efecto del divorcio en uno

A Mark, de Gran Bretaña, su mujer le fue infiel dos veces. “La segunda vez no fui capaz de vivir con el temor de que lo volviera a hacer”, recuerda. Mark se divorció, pero se dio cuenta de que seguía amándola. “Cuando alguien la critica pensando que así me ayuda,  en realidad me hiere —confiesa él—. El amor no desaparece así como así.”

David, mencionado antes, también sufrió mucho cuando descubrió que su mujer mantenía una relación con otro hombre. “Al principio no podía creerlo —dice—. Yo deseaba pasar mi vida entera con ella y con nuestros hijos.” David optó por el divorcio, pero se ha quedado hundido en un mar de dudas. “Me pregunto si habrá alguien que pueda amarme de verdad o si me sucederá lo mismo en caso de que vuelva a casarme. Ya no me atrevo a confiar en nadie.”

Es normal que la persona que se divorcia experimente un torbellino de emociones. Por un lado, puede que todavía ame a la otra persona, pues al fin y al cabo ambos fueron “una sola carne” (Génesis 2:24). Pero por el otro, quizás esté resentida por lo que sucedió. Graciela, citada antes, confiesa: “Incluso años después, una se siente confundida, humillada e inútil; recuerda momentos felices de su matrimonio y piensa: ‘Él solía decirme que no podía vivir sin mí. ¿Me estaba mintiendo? ¿Por qué dejó de amarme?’”.

En resumen: La ira y el resentimiento por lo que le hizo la otra persona a veces persisten durante algún tiempo. Además, la soledad puede ser abrumadora (Proverbios 14:29; 18:1).

4 El efecto del divorcio en los hijos

“Fue horrible”, afirma José, padre divorciado que vive en España. “Y cuando me enteré de que el otro hombre era nada menos que el marido de mi hermana, me quería morir.” José dice que a sus dos hijos —de dos y cuatro años— también les afectó mucho lo que hizo su madre: “No podían asimilar la situación. No entendían por qué su mamá y su tío estaban viviendo juntos, y por qué nosotros tres habíamos ido a vivir con mi hermana y mi madre. Si tenía que salir para algo, me  preguntaban: ‘¿Cuándo vas a regresar?’, o me decían: ‘¡Papi, no nos dejes!’”.

Como se ha visto, los hijos suelen ser las víctimas olvidadas del divorcio. Pero hay quienes dicen que cuando los padres no se llevan bien, lo mejor para los hijos es que se divorcien. ¿Es cierto? En los últimos años, ese criterio se ha cuestionado, especialmente cuando los problemas no son demasiado graves. El libro The Unexpected Legacy of Divorce (Las inesperadas secuelas del divorcio) declara: “A muchos padres que se ven atrapados en un matrimonio muy infeliz les sorprendería saber que sus hijos aceptan la situación bastante bien. Con tal de que la familia esté junta, a ellos no les importa si mamá y papá duermen separados”.

Los hijos sí se dan cuenta de los desacuerdos entre sus padres, y ese ambiente tenso puede afectar su personalidad. Ahora bien, presuponer que el divorcio será automáticamente beneficioso para ellos pudiera ser un error. “Parece que la cohesión que proporciona el matrimonio, aunque este deje mucho que desear, ayuda a los padres a mantener las normas consecuentes y equilibradas a las que los niños responden”, escriben Linda J. Waite y Maggie Gallagher en su libro The Case for Marriage (Argumentos a favor del matrimonio).

En resumen: El divorcio puede perjudicar mucho a sus hijos, particularmente si usted no contribuye a que mantengan una buena relación con su otro progenitor (véase el recuadro  “Atrapada entre ambos”).

Aquí se han analizado cuatro factores que le convendría tomar en cuenta si está pensando en el divorcio. Recuerde que la decisión de si se divorciará o no de su cónyuge infiel la debe tomar usted. Pero prescindiendo de lo que opte por hacer, debe pensar en las consecuencias. Tenga presentes los problemas que le sobrevendrán y prepárese para afrontarlos.

Tras examinar bien esta cuestión, puede que concluya que lo mejor es esforzarse por salvar su matrimonio. Ahora bien, ¿es realista esa perspectiva?

^ párr. 8 Se han cambiado los nombres.