ERA un matrimonio joven y sociable que se había ganado el respeto de la congregación. Pero cuando el esposo pidió al anciano que les visitara, algo en el tono de su voz indicaba que se trataba de una situación urgente, y la esposa tenía los ojos llenos de lágrimas. Ella estaba pasando por períodos de grave depresión, se odiaba a sí misma y pensaba incluso en el suicidio. De niña había sido víctima de abuso sexual. El anciano se alegró de que la organización de Jehová hubiera suministrado guía sobre cómo ayudar a este tipo de víctimas, y estudió las cartas de la Sociedad dirigidas a los ancianos de congregación y también los artículos de ¡Despertad! del 8 de octubre de 1991 y el de La Atalaya del 1 de diciembre del mismo año. He aquí algunos puntos útiles extraídos de dichas fuentes.

  1. Escuche, escuche, escuche. Cuando un niño se hace una herida en la rodilla, su primer impulso es correr hacia mamá o papá en busca de consuelo. Sin embargo, el niño que ha sido objeto de abuso deshonesto puede que no haya tenido jamás esa opción; de ahí que, de adulto, todavía sienta la misma necesidad de contar lo que le ha pasado, hablar de ello y recibir consuelo de alguien compasivo que lo escuche. (Compárese con Job 10:1; 32:20.) Cuando el anciano visitó al matrimonio mencionado anteriormente, al esposo le sorprendió ver que habló muy poco y escuchó mucho. El marido, un hombre muy práctico y servicial, se dio cuenta de que había estado tratando de solucionar el problema usando la lógica para rebatir las emociones, tratando de corregir los sentimientos que a él le parecían irracionales. Pero comprendió que su esposa necesitaba más empatía y menos razones. (Compárese con Romanos 12:15.) Necesitaba oír que tenía motivos de peso para sentirse como se sentía.

  2. Ponga al descubierto las mentiras. El abuso sexual comunica a los niños la idea de que son sucios e inútiles y que nadie los quiere. Al igual que las doctrinas religiosas falsas, estas ideas pueden dificultar mucho la buena relación con Jehová. De modo que ponga al descubierto las mentiras y sustitúyalas con la verdad de manera bondadosa, reiterada y paciente. Razone con la víctima a partir de las Escrituras. (2 Corintios 10:4, 5.) Podría decir, por ejemplo: “Comprendo que te sientas sucia. Pero ¿cómo te ve Jehová? Si él permitió que su Hijo muriera y pagara un rescate por ti, ¿no significa eso que te ama? [Juan 3:16.] A los ojos de Dios, ¿a quién hizo sucio aquel acto? ¿A ti, o a la persona que abusó de ti? Recuerda que Jesús dijo: ‘Nada hay que entre en el hombre de fuera de él que pueda contaminarlo; mas las cosas que proceden del hombre son las cosas que contaminan al hombre’. [Marcos 7:15.] ¿Puede decirse realmente que los abusos procedieron de ti, que entonces no eras más que una niña? ¿No fueron, más bien, fruto de la propia mente de tu agresor?”.

  3. Hable confortadoramente. Como cada persona es distinta, se requiere que la manera de seguir el consejo de Pablo de ‘hablar confortadoramente a las almas abatidas’ sea diferente en cada caso. (1 Tesalonicenses 5:14.) Sin embargo, el habla simplista raras veces consuela. Por ejemplo, limitarse a decir a quien sufrió abusos sexuales durante su infancia que lea más la Biblia, predique más o ‘simplemente arroje su carga sobre Jehová’ —aunque estas sugerencias ayudan a veces—, quizás no sirva de mucho. (Salmo 55:22; compárese con Gálatas 6:2.) Hay quienes ya están haciendo esas cosas lo mejor que pueden y se reprochan sin piedad no hacerlo mejor. (Compárese con 1 Juan 3:19, 20.)

    Del mismo modo, decir a las víctimas que simplemente olviden el pasado puede causarles más daño que bien. Si pudiesen olvidar, probablemente ya lo habrían hecho, y no habrían necesitado ayuda para llegar a una solución tan sencilla. * Recuerde que su grave trauma es de naturaleza emocional. A modo de ilustración, imagínese que entre los restos de un accidente de carretera se encuentra a una persona tendida en el suelo gimiendo. ¿Se limitaría a decirle que no piense en el dolor? Obviamente tiene que hacer algo más.

    Si usted no está seguro de que sirva de consuelo y ayuda lo que está diciendo, ¿por qué no se lo pregunta a la propia persona que se encuentra deprimida? Al fin y al cabo, hasta los consejos que son buenos y basados en la Biblia deben ser también oportunos y apropiados. (Compárese con Proverbios 25:11.)

    Después de unas cuantas visitas, la hermana empezó a sentirse más aliviada, y su esposo llegó a estar en mejor posición de ayudarla a superar los momentos difíciles. Desde entonces, ambos han podido hablar confortadoramente a otras personas que han pasado por traumas similares. ¡Cuánto fortalece la fe percibir que Jehová, “el Dios de todo consuelo”, está obrando a través de su Palabra y de su pueblo para “vendar a los quebrantados de corazón” en estos tiempos turbulentos! (2 Corintios 1:3; Isaías 61:1.)

^ párr. 6 Es cierto que el apóstol Pablo aconsejó a los cristianos que ‘olvidasen las cosas de atrás’. Pero él estaba hablando de su anterior prestigio y éxito en el mundo, cosas que habían llegado a ser para él “como un montón de basura”. No se estaba refiriendo a las tribulaciones que había sufrido en el pasado, pues de ello habló con toda libertad. (Filipenses 3:4-6, 8, 13; compárese con 2 Corintios 11:23-27.)