• Ha decidido comer más sano, pero parece que ese helado le está diciendo: “¡Cómeme!”.

  • Se ha resuelto a dejar de fumar, pero su amigo —que sabe que usted está intentando dejarlo— le ofrece un cigarrillo.

  • Había planeado hacer ejercicio hoy, pero la sola idea de ponerse a buscar la ropa y el calzado en el armario le parece agotadora.

¿Se ha fijado en cuánto influye el entorno en estos tres casos? Está más que comprobado que las circunstancias y las personas que nos rodean tienen mucho que ver en si lograremos adquirir un buen hábito y deshacernos de uno malo, o si nos quedaremos en el intento.

PRINCIPIO BÍBLICO: “Sagaz es el que ha visto la calamidad y procede a ocultarse, pero los inexpertos han pasado adelante y tienen que sufrir la pena” (Proverbios 22:3).

La Biblia nos aconseja que seamos previsores. Si lo somos, evitaremos situaciones que debiliten nuestra determinación y, a la vez, haremos cosas que contribuyan a que alcancemos nuestras metas (2 Timoteo 2:22). En pocas palabras, nos conviene vigilar nuestro entorno.

Haga que sea fácil tener un buen hábito y difícil tener uno malo

INTENTE ESTO

  • Haga que sea difícil tener un mal hábito. Por ejemplo, si quiere eliminar la comida chatarra de su dieta, no compre alimentos de esa clase. De este modo, cuando le entren ganas de comer algo así, le será más difícil caer en la tentación.

  • Haga que sea fácil tener un buen hábito. Por poner un caso, si quiere empezar el día haciendo ejercicio, deje lista la ropa desde la noche anterior. Cuanto más fácil le sea ponerse a hacerlo, más probable será que lo haga.

  • Elija bien a sus amigos. Solemos parecernos a la gente con la que pasamos más tiempo (1 Corintios 15:33). Por eso, procure estar con personas que lo ayuden a conseguir sus objetivos y limite su trato con quienes lo arrastren a los hábitos que quiere abandonar.