Hay problemas que por ahora no se pueden ni evitar ni resolver. Por ejemplo, si usted ha perdido a un ser querido o padece una enfermedad crónica, quizás no le quede más remedio que buscar formas de sobrellevar su dolor. ¿Puede ayudarnos la Biblia en estas circunstancias?

LAS ENFERMEDADES CRÓNICAS

Rosa dice: “Tengo una enfermedad hereditaria que me genera un dolor agudo y constante. Mi calidad de vida se ha deteriorado muchísimo”. Una de sus mayores preocupaciones era que le costaba concentrarse cuando estudiaba la Biblia y temas bíblicos. Pero la reconfortaron mucho las palabras de Jesús registradas en Mateo 19:26: “Para Dios todas las cosas son posibles”. Rosa descubrió que hay más de una manera de estudiar. Como a veces casi no podía leer por el dolor, comenzó a escuchar grabaciones de la Biblia y de publicaciones bíblicas. * “Si no hubiera tenido esa opción —comenta—, no habría podido cuidar mi salud espiritual”.

Cuando Rosa se siente triste por no poder hacer tanto como antes, la consuelan las palabras de 2 Corintios 8:12: “Si primero está allí la prontitud [o la buena disposición], es especialmente acepto según lo que tiene la persona, no según lo que no tiene”. Esto le recuerda que Dios está contento con lo que ella hace, porque hace todo lo que puede dentro de sus limitaciones.

LA PÉRDIDA DE UN SER QUERIDO

Diana, ya mencionada, recuerda: “La muerte de mi hija, de solo 18 años, fue tan dolorosa que pensé  que no podría seguir viviendo. Nada volvería a ser igual”. A Diana la animó mucho el Salmo 94:19, donde el salmista cantó a Dios: “Cuando mis pensamientos inquietantes llegaron a ser muchos dentro de mí, tus propias consolaciones empezaron a acariciar mi alma”. Ella agrega: “Le pedí a Jehová que me ayudara a encontrar alguna actividad que calmara mi dolor”.

Diana se dedicó a trabajar de voluntaria en una obra que le produjo mucha satisfacción. Con el tiempo, llegó a verse como los crayones de colores que usan los niños para pintar: hasta los que están rotos sirven para colorear. Ese también era su caso: aunque se sentía como esos crayones rotos, todavía podía ayudar a otros. Ella explica: “De repente me di cuenta de que, cuando yo consolaba a mis estudiantes de la Biblia con principios y razonamientos bíblicos, Jehová también me estaba consolando a mí”. Se hizo una lista de personajes bíblicos que pasaron por períodos de angustia. ¿Qué descubrió? “Todos ellos fueron personas de oración”. También aprendió que “si no abres la Biblia, no obtendrás ninguna respuesta”.

Pero la Biblia le ha enseñado a Diana algo más: a concentrarse en el futuro y no en el pasado. La anima mucho la esperanza que aparece en Hechos 24:15: “Va a haber resurrección así de justos como de injustos”. ¿Realmente cree que Jehová resucitará a su hija? Dejemos que ella responda: “Estoy segura de que veré a mi hija. Mi Padre celestial ya tiene apuntada en su ‘agenda’ la fecha de nuestro reencuentro. Puedo verme con ella en nuestro jardín con la misma claridad con la que recuerdo la ternura que sentí cuando la vi el día que nació”.

^ párr. 4 Muchas de esas grabaciones están disponibles en el sitio de Internet jw.org.

La Biblia puede darnos consuelo incluso en los peores momentos