Muchos israelitas volvieron a adorar ídolos. Así que Jehová dejó que la gente de Filistea dominara el país de Israel. Pero había algunos israelitas que sí amaban a Jehová, como Manóah. Él y su esposa no tenían hijos. Un día, Jehová envió a un ángel para que le dijera a la esposa de Manóah: “Vas a tener un hijo que rescatará a los israelitas de los filisteos. Será un nazareo”. ¿Sabes quiénes eran los nazareos? Eran personas que servían a Jehová de una manera especial y tenían prohibido cortarse el pelo.

Con el tiempo, nació el hijo de Manóah, y lo llamaron Sansón. Cuando creció, Jehová le dio una enorme fuerza. ¡Podía matar a un león solo con sus manos! Una vez, mató a 30 filisteos sin que nadie lo ayudara. Por eso, los filisteos lo odiaban y querían averiguar cómo matarlo. Una noche, Sansón estaba durmiendo en Gaza. Entonces sus enemigos fueron a las puertas de esa ciudad y lo esperaron allí para matarlo por la mañana. Pero, en medio de la noche, Sansón se levantó, fue a la entrada de la ciudad y arrancó las puertas de las murallas. Luego las cargó sobre sus hombros hasta llegar a lo alto de una montaña cerca de Hebrón.

Después, los filisteos fueron a hablar con Dalila, que era la novia de Sansón, y le dijeron: “Te pagaremos miles de piezas de plata si descubres por qué es tan fuerte Sansón. Es que queremos atraparlo y meterlo en la cárcel”. Dalila quería el dinero, así que aceptó el trato. Al principio, Sansón no quería decirle a Dalila de dónde sacaba toda su fuerza. Pero ella lo molestó tanto que él se rindió y le contó su secreto. Le dijo: “Nunca me han cortado el pelo porque soy nazareo. Si me cortaran el pelo, perdería mi fuerza”. Fue un gran error que al final Sansón le contara eso a Dalila, ¿verdad?

 Enseguida, Dalila les dijo a los filisteos: “¡Ya sé cuál es su secreto!”. Hizo que Sansón se quedara dormido sobre sus rodillas y llamó a alguien para que le cortara el pelo. Entonces Dalila gritó: “¡Sansón, los filisteos están aquí!”. Él se despertó, pero se dio cuenta de que había perdido su fuerza. Los filisteos lo agarraron, lo dejaron ciego y lo metieron en prisión.

Un día, miles de filisteos se reunieron en el templo de su dios Dagón. Gritaban: “Nuestro dios nos ha entregado a Sansón. Saquen a Sansón para que nos divierta un rato”. Lo pusieron de pie entre dos columnas y se burlaron de él. Sansón dijo en voz alta: “Oh, Jehová, por favor, dame fuerzas una vez más”. Ya le había crecido el pelo de nuevo, así que empujó las dos columnas del templo con todas sus fuerzas. Entonces el edificio se derrumbó y mató a todos los que estaban allí. Sansón también murió.

“Tengo fuerzas para todo gracias a aquel que me da poder” (Filipenses 4:13).