Después que Jesús murió, un hombre rico llamado José le pidió permiso a Pilato para quitar el cuerpo de Jesús del madero. José envolvió el cuerpo de Jesús en telas de lino de buena calidad, con especias aromáticas, y lo puso en una tumba nueva. Luego mandó que rodaran una gran piedra para tapar la entrada. Los sacerdotes principales le dijeron a Pilato: “Nos preocupa que los discípulos de Jesús roben el cuerpo y digan que él resucitó”. Así que Pilato les dijo: “Sellen la tumba y pongan guardias”.

Tres días más tarde, unas mujeres fueron a la tumba temprano por la mañana. Descubrieron que alguien había hecho rodar la piedra, y la tumba estaba abierta. Dentro de la tumba había un ángel, que les dijo: “No tengan miedo. Jesús ha resucitado. Díganles a los discípulos que vayan a Galilea a encontrarse con él”.

María Magdalena fue rápido a buscar a Pedro y a Juan. Les dijo: “Alguien se ha llevado el cuerpo de Jesús”. Pedro y Juan fueron corriendo a la tumba. Cuando vieron que estaba vacía, regresaron a sus casas.

Después, María volvió a la tumba. Allí dentro vio a dos ángeles y les dijo: “No sé adónde se han llevado a mi Señor”. Entonces vio a un hombre y pensó que era el jardinero. Le preguntó: “Señor, por favor, dime dónde lo has puesto”. Cuando el hombre respondió: “¡María!”, ella se dio cuenta de que era Jesús. Ella dijo: “¡Maestro!”, y se agarró de él. Jesús le dijo: “Diles a mis hermanos que me has visto”. Enseguida, María se fue corriendo y les contó a los discípulos que había visto a Jesús.

Más tarde, ese mismo día, dos discípulos iban de Jerusalén a Emaús. Un hombre se puso a caminar con ellos y les preguntó de qué estaban hablando. Ellos le dijeron: “¿No te has enterado? Hace tres días, los sacerdotes principales mandaron matar a Jesús. Ahora unas mujeres están diciendo que él está vivo”. El hombre les preguntó: “¿Es que no creen en los profetas? Ellos dijeron que  el Cristo tenía que morir y después ser resucitado”. Luego siguió explicándoles más cosas de las Escrituras. Al llegar a Emaús, los discípulos le pidieron que se quedara con ellos. Cuando estaban cenando, él hizo una oración por el pan, y los discípulos se dieron cuenta de que el hombre era Jesús. Entonces desapareció.

Los dos discípulos se fueron corriendo a Jerusalén. Llegaron a la casa donde se habían reunido los apóstoles y les contaron lo que había pasado. Mientras estaban dentro de la casa, Jesús se les apareció. Al principio, los apóstoles no podían creer que era Jesús. Pero él les dijo: “Miren mis manos, tóquenme. Estaba escrito que el Cristo se levantaría de entre los muertos”.

“Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie puede llegar al Padre si no es por medio de mí” (Juan 14:6).