JUAN 11:38-54

  • LA RESURRECCIÓN DE LÁZARO

  • EL SANEDRÍN PLANEA MATAR A JESÚS

Después de encontrarse con Marta y María cerca de Betania, Jesús va con ellas a la tumba de Lázaro, que es una cueva con una gran piedra que tapa la entrada. Una vez allí, ordena: “Quiten la piedra”. Marta no sabe lo que quiere hacer Jesús y expresa su preocupación: “Señor, ya debe oler mal, porque han pasado cuatro días”. Pero él le pregunta: “¿No te dije que si creías podrías ver la gloria de Dios?” (Juan 11:39, 40).

Así que quitan la piedra. Entonces Jesús levanta la mirada al cielo y hace una oración: “Padre, te doy las gracias por haberme escuchado. Yo sé que tú siempre me escuchas, pero lo digo por la multitud que me rodea, para que crean que tú me enviaste”. Jesús ora en público para  que los presentes sepan que lo que va a hacer se debe al poder de Dios. Después, grita con fuerza: “¡Lázaro, sal!”. Y Lázaro sale. Tiene las manos y los pies atados con vendas y la cara envuelta con una tela. Jesús dice: “Quítenle las vendas y dejen que se vaya” (Juan 11:41-44).

Muchos judíos que han venido a consolar a María y a Marta ven este milagro y ponen su fe en Jesús. Pero otros van adonde los fariseos y les cuentan lo que él ha hecho. Entonces, los fariseos y los sacerdotes principales reúnen al Sanedrín, el tribunal supremo judío. Uno de sus miembros es el sumo sacerdote, Caifás. Algunos se quejan y dicen: “¿Qué vamos a hacer? Porque este hombre hace muchos milagros. Si dejamos que siga así, todos pondrán su fe en él y los romanos vendrán y nos quitarán tanto nuestro lugar santo como nuestra nación” (Juan 11:47, 48). Ellos saben que Jesús “hace muchos milagros” porque se lo han contado personas que los han visto con sus propios ojos. Sin embargo, no se alegran por todo lo que Dios está realizando mediante Jesús. Lo que más les preocupa es mantener su propia posición y autoridad.

La resurrección de Lázaro es un duro golpe para los saduceos, pues ellos no creen en la resurrección. Caifás, que es saduceo, toma la palabra: “Ustedes no entienden nada. No se dan cuenta de que les conviene que muera un solo hombre por el pueblo y no que toda la nación sea destruida” (Juan 11:49, 50; Hechos 5:17; 23:8).

Caifás no menciona esto porque sea idea suya, sino que, como es el sumo sacerdote, Dios hace que sea él quien pronuncie esa profecía. En realidad, lo que Caifás propone es dar muerte a Jesús para impedir que siga debilitando la autoridad y la influencia de los líderes religiosos judíos. Sin embargo, la profecía de Caifás indica que Jesús, mediante su muerte, ofrecería un rescate no solo por los judíos, sino por todos “los hijos de Dios que estaban esparcidos” (Juan 11:51, 52).

Al final, Caifás logra que el Sanedrín busque la manera de matar a Jesús. Pero, como ya vimos, un miembro del Sanedrín llamado Nicodemo siente simpatía por Jesús. ¿Le advertirá de estos planes? Sea como sea, Jesús se aleja de Jerusalén y así evita que lo maten antes del momento fijado por Dios.