LUCAS 14:7-24

  • UNA LECCIÓN DE HUMILDAD

  • LOS INVITADOS PONEN EXCUSAS

Jesús todavía está en la casa de un fariseo, donde acaba de sanar a un hombre con hidropesía. Entonces, observa que unos invitados escogen los lugares más destacados durante la comida y aprovecha la oportunidad para enseñar una lección sobre la humildad.

Jesús les dice: “Cuando te inviten a un banquete de bodas, no te sientes en el sitio más destacado. Puede que también se haya invitado a alguien más honorable que tú. Entonces el que los invitó a los dos vendrá y te dirá: ‘Deja tu lugar a este hombre’. Y tendrás que irte avergonzado al último lugar” (Lucas 14:8, 9).

Y añade: “Cuando te inviten, ve y siéntate en el último sitio para que, cuando venga el hombre que te invitó, te diga: ‘Amigo, ven a un sitio superior’. Así serás honrado delante de los demás invitados”. No solo se trata de mostrar buenos modales; implica mucho más, pues Jesús explica: “Porque todo el que se engrandece será humillado, pero el que actúa con humildad será engrandecido” (Lucas 14:10, 11). Como vemos, Jesús anima a quienes lo escuchan a ser humildes.

A continuación, Jesús le enseña otra lección al fariseo que lo ha invitado. Le explica a quién debe invitar a comer para agradar a Dios: “Cuando des una comida o una cena, no llames a tus amigos ni a tus hermanos ni a tus parientes ni a tus vecinos ricos. Si lo hicieras, ellos también podrían invitarte a ti, y esto sería tu recompensa. Más bien, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los cojos, a los ciegos, y serás feliz, porque ellos no tienen con qué pagarte” (Lucas 14:12-14).

Claro, Jesús no quiere decir que esté mal invitar a amigos, familiares o vecinos a una comida. Eso es algo normal. Lo que destaca es que, al ofrecer una comida a los necesitados, como los pobres, los lisiados o los ciegos, podemos recibir muchas bendiciones. Jesús le explica al fariseo: “Se te recompensará en la resurrección de los justos”. Uno de los invitados está de acuerdo con lo que ha dicho Jesús y afirma: “Feliz el que coma en el Reino de Dios” (Lucas 14:15). Este hombre se da cuenta del honor que eso supondría. Sin embargo, no todos son tan agradecidos. Jesús lo explica con este ejemplo:

“Un hombre que iba a dar una gran cena invitó a mucha gente. A la hora de la cena, envió a su esclavo a decirles a los invitados: ‘Vengan, que ya está todo preparado’. Pero todos, uno tras otro, empezaron a poner excusas. El primero le dijo: ‘Compré un campo y tengo que ir a verlo; te ruego que me disculpes’. Otro le dijo: ‘Compré cinco yuntas de bueyes y voy a examinarlas; te ruego que me disculpes’. Y otro le dijo: ‘Me acabo de casar y por eso no puedo ir’” (Lucas 14:16-20).

¡Qué excusas tan malas! Normalmente se va a ver un campo o el ganado antes de comprarlo, así que no es urgente darle un vistazo después. El tercer hombre no está preparando su boda. Como ya se ha casado, no hay razón para rechazar esta invitación tan importante. Cuando el amo escucha estas excusas, se enoja y le ordena a su esclavo:

“Sal enseguida a las calles principales y a los callejones de la ciudad, y trae aquí a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos”. El esclavo lo hace, pero todavía quedan sitios libres. Así que el amo le dice: “Sal a los caminos y a los senderos, y obliga a la gente a que entre para que mi casa se llene. Porque les digo que ninguno de los hombres que fueron invitados probará mi cena” (Lucas 14:21-24).

 Lo que Jesús acaba de relatar muestra cómo Jehová, mediante Jesús, les ofrece a las personas la oportunidad de formar parte del Reino de los cielos. Los judíos, especialmente los líderes religiosos, son los primeros que reciben esta invitación. Pero, durante el ministerio de Jesús, la mayoría la rechaza. Ahora bien, también se invitará a otros. Jesús indica claramente que más tarde se le ofrecerá esta invitación a un segundo grupo de personas: los judíos más desfavorecidos y los prosélitos. En tercer y último lugar, se les dará la oportunidad a personas que los judíos creen que no merecen el favor de Dios (Hechos 10:28-48).

Sin duda, estas palabras de Jesús confirman lo que dijo uno de los invitados: “Feliz el que coma en el Reino de Dios”.