MATEO 21:19-27 MARCOS 11:19-33 LUCAS 20:1-8

  • ENSEÑA SOBRE LA FE CON UNA HIGUERA QUE SE SECA

  • CUESTIONAN LA AUTORIDAD DE JESÚS

Jesús sale de Jerusalén el lunes por la tarde y regresa a Betania, en la ladera oriental del monte de los Olivos. Posiblemente pasa la noche en casa de sus amigos Lázaro, María y Marta.

Al día siguiente, 11 de nisán, Jesús y sus discípulos se ponen de nuevo en camino a Jerusalén por la mañana. Esta será la última vez que Jesús vaya al templo. Es el último día de su ministerio público antes de celebrar la Pascua, instituir la Conmemoración de su muerte y enfrentarse a un juicio y a su ejecución.

En el camino que va de Betania a Jerusalén atravesando el monte de los Olivos, Pedro ve la higuera que Jesús maldijo el día anterior por la mañana y exclama: “¡Rabí, mira! La higuera que maldijiste se secó” (Marcos 11:21).

Pero ¿por qué hizo Jesús que se secara la higuera? Él da la razón: “Les aseguro que, si tienen fe y no dudan, no solo harán lo que yo le hice a la higuera, sino que también le dirán a esta montaña ‘Levántate y lánzate al mar’ y así pasará. Y todo lo que pidan al orar, si tienen fe, lo recibirán” (Mateo 21:21, 22). Así, repite algo que ya enseñó en el pasado: que la fe es capaz de mover montañas (Mateo 17:20).

De manera que, al hacer que el árbol se seque, Jesús les está dando una lección sobre tener fe en Dios. “Todas las cosas que pidan en sus oraciones, pídanlas con fe y denlas por recibidas, y las tendrán”, les asegura (Marcos 11:24). ¡Qué importante es esta lección para todos sus seguidores! Y es útil sobre todo para los apóstoles, ya que pronto se enfrentarán a pruebas muy difíciles. Pero aún hay otra relación entre la higuera que se secó y la cualidad de la fe.

Al igual que ese árbol, la situación de Israel no es lo que aparenta. Están en un pacto con Dios y pueden dar la apariencia de obedecer su Ley, pero, en conjunto, han demostrado que les falta fe y que son incapaces de producir buen fruto. ¡Hasta están rechazando al propio Hijo de Dios! Por eso, al hacer que se seque la higuera sin higos, Jesús está mostrando cuál será el final de esta nación sin fe e infructífera.

Poco tiempo después, Jesús y sus discípulos llegan a Jerusalén. Como Jesús tiene por costumbre, va al templo y se pone a enseñar. El día anterior, echó a los comerciantes, así que tal vez por eso los sacerdotes principales y los ancianos del pueblo le preguntan ahora: “¿Con qué autoridad haces tú estas cosas? ¿Quién te autorizó a hacer estas cosas?” (Marcos 11:28).

Jesús les responde: “Les voy a hacer una pregunta. Si ustedes me la responden, yo les diré con qué autoridad hago estas cosas. El bautismo que Juan realizaba, ¿venía del cielo, o venía de los hombres? Contéstenme”. Ahora son ellos los que tienen que dar una respuesta. Los sacerdotes y los ancianos se ponen a consultar unos con otros sobre qué decir: “Si le contestamos que venía del cielo, él dirá: ‘Entonces, ¿por qué no le creyeron?’. Pero ¿quién se atreve a decir que venía de los hombres?”. Y es que le tienen miedo a la multitud, porque todos piensan que “Juan realmente había sido un profeta” (Marcos 11:29-32).

A los adversarios de Jesús no se les ocurre una buena respuesta, así que le dicen: “No lo sabemos”. Entonces, él les contesta: “Pues yo tampoco les digo con qué autoridad hago estas cosas” (Marcos 11:33).