MATEO 25:31-46

  • JESÚS HABLA DE LAS OVEJAS Y LAS CABRAS

En el monte de los Olivos, Jesús acaba de relatar las parábolas de las 10 vírgenes y de los talentos. ¿Cómo concluye su respuesta a la pregunta de los apóstoles sobre la señal de su presencia y de la conclusión del sistema? Con una última parábola: la de las ovejas y las cabras.

Jesús comienza mencionando las circunstancias en las que se desarrolla su historia: “Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los ángeles con él, entonces se sentará en su glorioso trono” (Mateo 25:31). Así, deja claro que él es el personaje central, pues a menudo se ha llamado a sí mismo “el Hijo del Hombre” (Mateo 8:20; 9:6; 20:18, 28).

¿Cuándo se hará realidad esta parábola? Cuando Jesús “venga en su gloria” con sus ángeles y se siente “en su glorioso trono”. Él ya ha dicho que el Hijo del Hombre vendría “en las nubes del cielo con poder y gran gloria”, acompañado de sus ángeles. ¿Cuándo sucederá eso? “Inmediatamente después de la tribulación” (Mateo 24:29-31; Marcos 13:26, 27; Lucas 21:27). De modo que esta parábola se cumplirá cuando Jesús venga en el futuro en su gloria. ¿Y qué hará entonces?

Jesús explica: “Cuando el Hijo del Hombre venga [...,] todas las naciones serán reunidas delante de él, y él separará a las personas unas de otras, igual que el pastor separa a las ovejas de las cabras. Pondrá a las ovejas a su derecha, pero a las cabras a su izquierda” (Mateo 25:31-33).

¿Y qué sucederá con las ovejas? Jesús dice: “Entonces el Rey les dirá a los que están a su derecha: ‘Vengan ustedes, los que han sido bendecidos por mi Padre, hereden el Reino preparado para ustedes desde la fundación del  mundo’” (Mateo 25:34). ¿Por qué recibirán las ovejas la aprobación del Rey?

El Rey mismo lo explica: “Porque tuve hambre y ustedes me dieron de comer. Tuve sed y me dieron de beber. Era un extraño y me recibieron con hospitalidad. Estuve desnudo y me vistieron. Enfermé y me cuidaron. Estuve en la cárcel y vinieron a verme”. Entonces las ovejas, es decir, “los justos”, preguntan cuándo hicieron esas cosas, y el Rey les contesta: “Todo lo que le hicieron a uno de estos hermanos míos más pequeños me lo hicieron a mí” (Mateo 25:35, 36, 40, 46). Estas no son buenas obras que realicen en el cielo, porque allí nadie pasa hambre y no hay enfermos. Así que deben ser las que hacen en la Tierra a favor de los hermanos de Cristo.

¿Qué hay de las cabras, a las que Jesús coloca a su izquierda? Él dice: “Entonces [el Rey] les dirá: ‘Aléjense de mí, ustedes los que han sido maldecidos. Váyanse al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, pero ustedes no me dieron de comer. Y tuve sed, pero no me dieron de beber. Era un extraño, pero no me recibieron con hospitalidad. Estuve desnudo, pero no me vistieron. Estuve enfermo y en la cárcel, pero no me cuidaron’” (Mateo 25:41-43). Las cabras se merecen esta condena porque no han tratado a los hermanos de Cristo con bondad, como deberían haber hecho.

Los apóstoles se dan cuenta de que esta sentencia futura tendrá consecuencias permanentes, eternas. Jesús les explica: “Entonces [el Rey] les responderá: ‘Les aseguro que lo que no le hicieron a uno de estos hermanos míos más pequeños no me lo hicieron a mí’. Estos irán a la destrucción eterna, pero los justos irán a la vida eterna” (Mateo 25:45, 46).

La respuesta de Jesús a la pregunta de sus apóstoles les da a sus seguidores mucho en qué pensar y los ayuda a analizar su actitud y sus acciones.