MATEO 27:45-56 MARCOS 15:33-41 LUCAS 23:44-49 JUAN 19:25-30

  • JESÚS MUERE EN EL MADERO

  • DURANTE SU MUERTE OCURREN COSAS SORPRENDENTES

Ya es “la hora sexta” o mediodía. Una extraña oscuridad cubre toda la región “hasta la hora novena”, las tres de la tarde (Marcos 15:33). Este misterioso fenómeno no se debe a un eclipse solar, ya que estos solo ocurren cuando hay luna nueva y ahora es la época de la Pascua, cuando hay luna llena. Además, un eclipse dura solo unos minutos y esta oscuridad dura mucho más. De modo que es Dios el que la causa.

¿Se imagina cómo se deben de quedar los que se están burlando de Jesús? Durante esta oscuridad, cuatro mujeres se acercan al madero de tormento: la madre de Jesús, Salomé, María Magdalena y María la madre del apóstol Santiago el Menor.

El apóstol Juan está con la madre de Jesús “junto al madero de tormento”. María está muy triste y siente como si la atravesara “una espada larga”, pues ve que el hijo al que amamantó y crió está sufriendo terriblemente allí colgado (Juan 19:25; Lucas 2:35). Jesús, a pesar del intenso dolor, se preocupa por el bienestar de su madre. Haciendo un gran esfuerzo, señala con la cabeza hacia Juan y le dice a María: “¡Mujer, ahí tienes a tu hijo!”. Luego, señalando hacia María, le dice a Juan: “¡Ahí tienes a tu madre!” (Juan 19:26, 27).

Jesús le confía el cuidado de su madre, que al parecer es viuda, al apóstol por el que siente un cariño especial. Sabe que sus medio hermanos, los otros hijos de María, todavía no creen en él. De modo que se asegura de que su madre esté atendida en sentido físico y espiritual. ¡Qué gran ejemplo!

Cerca de las tres de la tarde, Jesús dice: “Tengo sed”. Así se cumple lo que dicen las Escrituras (Juan 19:28; Salmo 22:15). Jesús se da cuenta de que su Padre le ha retirado la protección para que su lealtad sea probada hasta el límite. Entonces grita con fuerte voz, tal vez en un dialecto del arameo que se habla en Galilea: “Éli, Éli, ¿láma sabajtháni?”, que significa “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. Algunos no le entienden muy bien y afirman: “¡Miren, está llamando a Elías!”. Uno de ellos corre a empapar una esponja en vino agrio, la pone en una caña y se la acerca a Jesús para que beba. Pero otros dicen: “¡Déjenlo! A ver si Elías viene a bajarlo” (Marcos 15:34-36).

A continuación, Jesús grita: “¡Se ha cumplido!” (Juan 19:30). Así es, ha cumplido todo lo que su Padre le mandó hacer en la Tierra. Finalmente, Jesús dice: “¡Padre, en tus manos confío mi espíritu!” (Lucas 23:46). De modo que Jesús está totalmente convencido de que Jehová lo resucitará. Después de decir estas palabras, inclina la cabeza y muere.

En ese momento, se produce un gran terremoto que parte las rocas. Es tan fuerte que hasta algunas tumbas que están fuera de Jerusalén se abren, y los cuerpos que hay en ellas quedan a la vista. Las personas que ven los cuerpos fuera de las tumbas entran en “la ciudad santa” y cuentan lo que acaba de ocurrir (Mateo 27:51-53).

 Cuando Jesús muere, la larga y pesada cortina que divide el Santo del Santísimo en el templo de Dios se rasga en dos, de arriba abajo. Este suceso tan impresionante es una muestra de la ira de Dios contra los que han matado a su Hijo. Además, significa que, a partir de ese momento, algunos humanos pueden entrar en el Santísimo, que representa el cielo (Hebreos 9:2, 3; 10:19, 20).

Como es natural, la gente se asusta mucho. El oficial del ejército que se encarga de la ejecución declara: “Está claro que este hombre era el Hijo de Dios” (Marcos 15:39). Es posible que estuviera presente durante el juicio de Jesús ante Pilato, cuando se habló de si Jesús era hijo de Dios o no. Ahora no tiene ninguna duda de que Jesús es un hombre justo y de que, en realidad, es el Hijo de Dios.

Otros, impactados por estos extraordinarios sucesos, regresan a sus casas “golpeándose el pecho”, un gesto que indica su intenso dolor y vergüenza (Lucas 23:48). Entre las personas que observan todo esto a cierta distancia hay muchas seguidoras de Jesús que en ocasiones viajaban con él. Ellas también se sienten profundamente conmovidas por estos acontecimientos tan importantes.