DE SEGURO sabes que las personas envejecen, se enferman y mueren. Incluso algunos niños mueren. ¿Deberías tener miedo a la muerte o a los muertos?... ¿Sabes qué le sucede a la gente cuando muere?...

Es cierto que en la actualidad no hay nadie que haya vuelto a vivir después de muerto y pueda explicarnos lo que sucede. Pero cuando Jesús, el Gran Maestro, vivía en la Tierra, hubo un hombre al que sí le pasó eso. Si leemos su historia, entenderemos qué les ocurre a las personas cuando mueren. Se trataba de un amigo de Jesús que vivía en Betania, un pueblo no muy lejos de Jerusalén. Se llamaba Lázaro y tenía dos hermanas, Marta y María. Veamos lo que la Biblia dice que pasó.

En cierta ocasión, Lázaro se puso muy enfermo. Como Jesús estaba lejos en aquel momento, Marta y María le enviaron un mensajero para decírselo. Avisaron a Jesús porque sabían que él podía venir y curar a su hermano. Jesús no era médico, pero Dios le había dado poder para curar todo tipo de enfermedades (Mateo 15:30, 31).

Sin embargo, antes de que Jesús llegara, Lázaro se puso peor y murió. Jesús les dijo a sus discípulos que Lázaro estaba dormido y que iba allá para despertarlo. Ellos no comprendían lo que Jesús quería decir, así que él les indicó claramente: “Lázaro ha muerto”. ¿Qué muestran estas palabras?... Que la muerte es  como un sueño profundo, tan profundo que la persona ni siquiera sueña.

Jesús se puso en camino hacia la casa de Marta y María. Allí ya se habían reunido muchos amigos de la familia para consolarlas por la muerte de su hermano. Cuando Marta se enteró de que Jesús se acercaba, salió a encontrarse con él. Poco después, María también llegó, triste y llorando, a donde estaba el Gran Maestro y cayó a sus pies. Otros amigos que la habían acompañado también estaban llorando.

Jesús preguntó dónde habían puesto a Lázaro. Entonces lo llevaron a la tumba, que estaba en una cueva. Cuando Jesús vio que todos estaban llorando, él también empezó a llorar, pues sabía el dolor que se siente al perder a un ser querido en la muerte.

Como había una piedra tapando la entrada de la cueva, Jesús dijo: “Quiten la piedra”. ¿Debían hacerlo?... Marta pensaba que no era una buena idea y dijo: “Señor, ya debe oler mal, porque hace cuatro días”.

Sin embargo, Jesús le contestó: “¿No te dije que si creías habrías de ver la gloria de Dios?”. Jesús se refería a que Marta iba a ver algo que daría honra a Dios. ¿Qué iba a hacer Jesús? Cuando quitaron la piedra, Jesús oró en voz alta a Jehová y después gritó: “¡Lázaro, sal!”. ¿Saldría de allí? ¿Podría hacerlo?...

¿Puedes despertar a alguien que está dormido?... Sí, si lo llamas con voz fuerte. Pero ¿puedes despertar a alguien que está dormido en la muerte?... No. Por muy fuerte que llames a una persona muerta, no te escuchará. No hay nada que tú, yo o cualquier otro ser humano podamos hacer para despertar a un muerto.

¿Qué hizo Jesús por Lázaro?

 Pero el caso de Jesús es distinto, porque Dios le ha dado poder especial. Por eso, cuando Jesús llamó a Lázaro, sucedió algo asombroso. El hombre que llevaba muerto cuatro días salió de la cueva. ¡Había vuelto a vivir! Podía respirar, andar y hablar de nuevo. Sí, Jesús despertó a Lázaro de la muerte (Juan 11:1-44).

Ahora piensa por un momento: ¿qué le ocurrió a Lázaro cuando murió? ¿Hubo alguna parte de él —un alma o un espíritu— que saliera de su cuerpo y fuera a vivir a otro lugar? ¿Se fue el alma de Lázaro al cielo? ¿Estuvo vivo durante cuatro días en el cielo con Dios y los santos ángeles?...

No. Recuerda que Jesús dijo que Lázaro estaba dormido. ¿Qué sucede cuando duermes? Si el sueño es muy profundo, no te enteras de lo que pasa a tu alrededor, ¿verdad?... Y al despertarte, tampoco sabes cuánto tiempo has estado durmiendo hasta que miras el reloj.

 Con los muertos sucede igual, pues no saben nada ni sienten nada ni pueden hacer nada. Así se encontraba Lázaro cuando estaba muerto. La muerte es como un sueño profundo del que la persona no recuerda nada. La Biblia dice: “En cuanto a los muertos, ellos no tienen conciencia de nada en absoluto” (Eclesiastés 9:5, 10).

¿En qué condición se hallaba Lázaro mientras estaba muerto?

Además, piensa en esto: si Lázaro hubiera estado en el cielo aquellos cuatro días, ¿no lo habría contado?... ¿Y crees que Jesús lo habría obligado a dejar aquel lugar maravilloso para regresar a la Tierra?... ¡Por supuesto que no!

Sin embargo, muchas personas dicen que tenemos un alma y que esta continúa viviendo después de la muerte del cuerpo. Según ellas, el alma de Lázaro siguió viva en algún lugar. Pero la Biblia no dice eso; explica que Dios hizo al primer hombre, Adán, un “alma viviente”. Adán era un alma. Las Escrituras también enseñan que cuando él pecó, murió. Se convirtió en un “alma muerta” y volvió al polvo del que había sido formado. La Biblia dice, además, que todos sus descendientes heredaron el pecado y la muerte (Génesis 2:7; 3:17-19; Números 6:6; Romanos 5:12).

 Está claro, pues, que no tenemos un alma separada del cuerpo. Cada uno de nosotros es un alma. Y la Biblia explica lo que nos sucede por haber heredado el pecado de Adán, el primer hombre. Dice: ‘El alma que peca morirá’ (Ezequiel 18:4).

¿Por qué no hay razón para tener miedo a los muertos?

Algunas personas tienen miedo a los muertos. No se acercan a los cementerios porque piensan que las almas de los muertos andan separadas de sus cuerpos y pueden hacer daño a los vivos. Pero ¿es cierto eso?... No, no lo es.

Hay quienes piensan incluso que los muertos pueden regresar en forma de espíritus para visitar a los vivos. Por eso les dejan comida. Pero la gente que hace eso no cree de verdad lo que Dios dice sobre los muertos. Si nosotros sí lo creemos, no tendremos miedo a los muertos. Y si realmente nos sentimos agradecidos a Dios por la vida, lo demostraremos haciendo las cosas que él aprueba.

Pero quizás te preguntes: “¿Les devolverá Dios la vida a los niños que han muerto? ¿Querrá hacerlo?”. Hablaremos de eso en el siguiente capítulo.

Vamos a leer más textos bíblicos que indican en qué condición están los muertos y que el hombre es un alma: Salmo 115:17; 146:3, 4, y Jeremías 2:34.