SEGURO que estás de acuerdo conmigo en que hay personas que son superiores a nosotros, es decir, más importantes y más fuertes. ¿Como quiénes?... Jehová Dios es una de ellas. ¿Y su Hijo, el Gran Maestro? ¿Es superior a nosotros?... Claro que sí.

Jesús vivió con Dios en el cielo. Era un hijo espiritual, o ángel. ¿Creó Dios otros ángeles, o hijos espirituales?... Sí, muchos millones. Los ángeles también son superiores y más poderosos que nosotros (Salmo 104:4; Daniel 7:10).

¿Recuerdas el nombre del ángel que habló con María?... Se llamaba Gabriel. Este le dijo a María que su bebé sería el Hijo de Dios. Jehová puso la vida de su Hijo espiritual en el vientre de María para que pudiera nacer en la Tierra (Lucas 1:26, 27).

¿Qué es posible que María y José le contaran a Jesús?

¿Crees en ese milagro? ¿Crees que Jesús vivió con Dios en el cielo?... Jesús dijo que sí. ¿Cómo lo supo? Cuando era niño, María seguramente le contó las palabras de Gabriel. Además, es probable que José le dijera que su verdadero padre era Dios.

Cuando Jesús se bautizó, Dios incluso habló desde el cielo y dijo: “Este es mi Hijo” (Mateo 3:17). Y la noche antes de morir,  Jesús le oró a Dios diciendo: “Padre, glorifícame al lado de ti mismo con la gloria que tenía al lado de ti antes que el mundo fuera” (Juan 17:5). Sí, Jesús pidió volver a vivir con Dios en el cielo. ¿Cómo sería esto posible?... Solo si Jehová Dios lo convertía de nuevo en una persona espiritual invisible, en un ángel.

Ahora deseo preguntarte algo importante. ¿Son buenos todos los ángeles? ¿Qué crees?... Hubo un tiempo en que todos eran buenos. Jehová fue quien los creó, y todo lo que él hace es bueno. Pero, un día, uno de ellos se hizo malo. ¿Cómo pudo suceder algo así?

Para saber la respuesta, debemos volver al tiempo en que Dios creó al primer hombre y la primera mujer, Adán y Eva. Algunas personas dicen que su historia es solo una leyenda, un cuento, pero el Gran Maestro sabía que era cierta.

Cuando Dios creó a Adán y Eva, los puso en un hermoso parque, o paraíso, situado en un lugar llamado Edén. Podían haber tenido muchos hijos, convertirse en una gran familia y vivir en el Paraíso para siempre. Pero tenían que aprender una lección importante de la que ya hemos hablado antes. Veamos si podemos recordarla.

¿Qué debían hacer Adán y Eva a fin de vivir para siempre en el Paraíso?

 Jehová les dijo a Adán y Eva que podían comer del fruto de todos los árboles del jardín, menos de uno. Si comían de ese árbol, Dios les dijo que ciertamente morirían (Génesis 2:17). ¿Cuál era, pues, la lección que Adán y Eva tenían que aprender?...

La lección de la obediencia. En realidad, la vida depende de obedecer a Jehová Dios. No era suficiente con que Adán y Eva simplemente dijeran que obedecerían. Tenían que demostrarlo con hechos. Si obedecían a Dios, estarían mostrando que lo amaban y deseaban que él los gobernara. Entonces podrían haber vivido para siempre en el Paraíso. Pero si comían de aquel árbol, ¿qué demostrarían?...

Demostrarían que no estaban realmente agradecidos a Dios por lo que él les había dado. ¿Habrías obedecido a Jehová si hubieras estado allí?... Al principio, Adán y Eva lo hicieron. Pero después, alguien superior a ellos engañó a Eva y consiguió que desobedeciera a Jehová. ¿Quién fue?...

¿Quién hizo que la serpiente le hablara a Eva?

 La Biblia dice que una serpiente le habló a Eva. ¿Cómo es posible, si las serpientes no pueden hablar?... Un ángel hizo que pareciera que la serpiente estaba hablando. Pero en realidad era él quien hablaba. Ese ángel había empezado a pensar cosas malas. Quería que Adán y Eva lo adoraran, que hicieran lo que él les mandara. Quería ocupar el lugar de Dios.

Así que aquel ángel malvado puso malos pensamientos en la mente de Eva. Usando a la serpiente, le aseguró: ‘Dios no les dijo la verdad. No morirán si comen del árbol. Se harán sabios como Dios’. ¿Habrías creído tú lo que decía aquella voz?...

Eva empezó a desear algo que Dios no le había dado. Comió del fruto prohibido, y después le dio de él a Adán. Él no creyó las palabras de la serpiente, pero su deseo de estar con Eva fue mayor que su amor a Dios. Por eso también comió del árbol (Génesis 3:1-6; 1 Timoteo 2:14).

¿Cuál fue el resultado?... Adán y Eva se hicieron imperfectos, envejecieron y murieron. Y como ellos eran imperfectos, todos sus hijos también lo  fueron, y con el tiempo envejecieron y murieron. Dios no había mentido. La vida depende de que le obedezcamos (Romanos 5:12). La Biblia nos dice que el ángel que engañó a Eva se llama Satanás el Diablo, y que a los ángeles que se hicieron malos se les llama demonios (Santiago 2:19; Revelación [Apocalipsis] 12:9).

¿Qué les ocurrió a Adán y Eva después de que desobedecieron a Dios?

¿Entiendes entonces por qué el ángel bueno se hizo malo?... Fue porque comenzó a pensar cosas malas. Quiso ser el número uno. Como sabía que Dios les había dicho a Adán y Eva que tuvieran hijos, quería que todos ellos lo adoraran a él. El Diablo quiere que todos desobedezcamos a Jehová. Por eso intenta poner malos pensamientos en nuestra mente (Santiago 1:13-15).

El Diablo afirma que nadie ama de verdad a Jehová. Dice que ni tú ni yo amamos a Dios, y que en realidad no queremos hacer lo que Él manda. Asegura que solo obedecemos a Jehová cuando las cosas salen como nosotros queremos. ¿Tiene razón el Diablo? ¿Somos así?

El Gran Maestro dijo que el Diablo es un mentiroso. Jesús demostró que realmente amaba a Jehová obedeciéndole. Y no lo hizo solamente cuando era fácil, sino en todo momento, incluso cuando otras personas se lo pusieron difícil. Demostró que era leal a Jehová hasta su misma muerte. Por ese motivo, Dios hizo que volviera a vivir, y que esta vez fuera para siempre.

Así que, ¿quién dirías tú que es nuestro mayor enemigo?... Sí, es Satanás el Diablo. ¿Podemos verlo?... ¡Desde luego que no! Pero sabemos que existe y que es superior y más poderoso que nosotros. Sin embargo, ¿quién es superior al Diablo?... Jehová Dios. Por eso estamos seguros de que Dios puede protegernos.

Leamos sobre la Persona a la que debemos adorar: Deuteronomio 30:19, 20; Josué 24:14, 15; Proverbios 27:11, y Mateo 4:10.