“Edificándose sobre su santísima fe, [...] manténganse en el amor de Dios.” (JUDAS 20, 21.)

1, 2. ¿Qué obra de construcción realizamos, y por qué es esencial que estemos pendientes de la calidad?

USTED está muy ocupado en la construcción de un edificio. Le ha consumido ya bastante tiempo y aún le tomará mucho más. La labor no es fácil, pero le produce grandes satisfacciones. Pase lo que pase, no piensa abandonarla ni adoptar una actitud desganada. Quiere hacer un trabajo de calidad, pues de ello depende su vida y su futuro. Pero quizás se pregunte: “¿De qué edificio estamos hablando?”. De usted mismo.

2 El discípulo Judas habla de la construcción que cada uno realiza con su propia persona. Fijémonos en el pasaje donde exhorta a los cristianos a “mant[enerse] en el amor de Dios”. Allí indica que, para lograrlo, es esencial que hagan algo: “edifi[carse] sobre su santísima fe” (Judas 20, 21). Ahora bien, ¿cómo podemos edificarnos y conseguir que nuestra fe tenga la solidez necesaria para mantenernos en el amor de Dios? Veamos tres aspectos de la construcción espiritual.

FORTALEZCAMOS LA CONFIANZA EN LAS JUSTAS NORMAS DE DIOS

3-5. a) ¿Qué mentira sobre los requisitos de Jehová quiere hacernos creer Satanás? b) Ilustre cómo debemos ver los requisitos divinos y cómo nos sentiremos al verlos así.

3 El primer aspecto de la construcción espiritual es fortalecer la confianza en las leyes de Jehová. En este libro hemos repasado muchos de los justos requisitos divinos  en materia de conducta. La cuestión es: ¿qué opinión nos merecen? A Satanás le gustaría hacernos creer que las leyes, principios y normas de Jehová no nos dejan movernos ni respirar. Como vio que esa táctica le dio magníficos resultados en el jardín de Edén, nunca ha cesado de usarla (Génesis 3:1-6). Pero ¿funcionará en nuestro caso? Mucho dependerá de si hemos adoptado el punto de vista correcto sobre los requisitos divinos.

4 Pongamos un ejemplo. Paseando por un hermoso parque, nos topamos con una cerca alta y resistente que nos cierra el paso a una sección muy agradable. A primera vista, la cerca es un fastidioso obstáculo que coarta nuestra libertad. Pero, mirando a través de ella, descubrimos un feroz león al acecho. Ah, ahora comprendemos para qué está la cerca: para nuestra protección. Pero volvamos a la realidad. ¿Hay algún depredador dispuesto a abalanzarse sobre nosotros? Sí, pues la Palabra de Dios advierte: “Mantengan su juicio, sean vigilantes. Su adversario, el Diablo, anda en derredor como león rugiente, procurando devorar a alguien” (1 Pedro 5:8).

5 Ciertamente, Satanás es un depredador muy cruel. Y para que no caigamos víctimas de sus múltiples “maquinaciones”, Jehová nos da leyes que nos protegen (Efesios 6:11). Por eso, cuando reflexionemos sobre ellas, esforcémonos por verlas como lo que son: muestras del gran amor que nos tiene el Padre celestial. Vistas así, comprendemos que están ahí para protegernos y hacernos felices. Con razón escribió el discípulo Santiago que “el que mira con cuidado en la ley perfecta que pertenece a la libertad, y persiste en ella, [...] será feliz” al aplicarla (Santiago 1:25).

6. ¿Cuál es la mejor manera de fortalecer la confianza en las justas leyes y principios de Dios? Ponga un ejemplo.

6 La mejor manera de fortalecer la confianza en las leyes divinas y en Jehová, el Gran Legislador, es aplicar sus  mandamientos en la vida diaria. Esto incluye obedecer “la ley del Cristo”, que abarca la orden de Jesús de enseñar “todas las cosas que [él nos ha] mandado” (Gálatas 6:2; Mateo 28:19, 20). Los cristianos también tomamos en serio la exhortación de reunirnos para adorar a Dios y disfrutar de sana convivencia (Hebreos 10:24, 25). Otro mandato divino es el de hacer frecuentes oraciones desde el corazón (Mateo 6:5-8; 1 Tesalonicenses 5:17). Al obedecer estos mandamientos, nos convencemos cada vez más de que son muy amorosos. En efecto, comprendemos que nos proporcionan una alegría y una satisfacción que este mundo atribulado no puede ofrecernos. Sin duda, nuestra confianza en las leyes divinas se fortalece cuando meditamos en los beneficios que hemos conseguido obedeciéndolas.

7, 8. ¿Qué tranquilidad brinda la Palabra de Dios a quienes temen no mantenerse fieles con el paso de los años?

7 En ocasiones hay quienes se inquietan pensando que no será fácil obedecer año tras año las leyes de Jehová, y les entra miedo a fracasar. Si nos invadieran esos sentimientos, recordemos las siguientes palabras: “Yo, Jehová, soy tu Dios, Aquel que te enseña para que te beneficies [...], Aquel que te hace pisar en el camino en que debes andar. ¡Oh, si realmente  prestaras atención a mis mandamientos! Entonces tu paz llegaría a ser justamente como un río, y tu justicia como las olas del mar” (Isaías 48:17, 18). ¿Nos hemos detenido a pensar en lo tranquilizador que es este pasaje?

8 Aquí Jehová promete que, si le obedecemos, tendremos dos beneficios. Primero, nuestra paz será como un río: serena, abundante y continua. Segundo, nuestra justicia será como las olas del mar. ¿En qué sentido? Bueno, si nos quedamos mirando las olas desde la playa, viéndolas venir una tras otra, nos invade una sensación de permanencia: sabemos que seguirán rompiendo contra la costa a lo largo de los siglos. Por lo tanto, este pasaje indica que nuestra justicia —nuestro modo de vivir de acuerdo con lo correcto— puede ser igual de perdurable. Si nos esforzamos por ser fieles a Dios, él nunca permitirá que fracasemos (Salmo 55:22). Ciertamente, al repasar estas alentadoras promesas se fortalece nuestra confianza en Jehová y en sus justos requisitos.

“ADELANTE A LA MADUREZ”

9, 10. a) ¿Por qué es la madurez cristiana una excelente meta para todos? b) ¿De qué manera contribuye la actitud espiritual a que seamos felices?

9 El segundo aspecto de la construcción espiritual se indica en las siguientes palabras inspiradas: “Pasemos adelante a la madurez” (Hebreos 6:1). Mientras que la perfección es algo que hoy está fuera de nuestro alcance, la madurez cristiana es una excelente meta que todos podemos lograr. Y a medida que vayamos madurando, aumentará la satisfacción de servir a Jehová. ¿Por qué?

10 El cristiano maduro se esfuerza por ser espiritual y adoptar la óptica de Jehová (Juan 4:23). Pablo señaló que “los que están en conformidad con la carne fijan la mente en las cosas de la carne; pero los que están en conformidad con el espíritu, en las cosas del espíritu” (Romanos 8:5). Quienes tienen un punto de vista carnal, o puramente  humano, no pueden ser felices, pues viven con una actitud egoísta, miope y materialista. Sin embargo, las personas espirituales disfrutan de muchas alegrías, pues toda su existencia gira en torno a Jehová, el “Dios feliz” (1 Timoteo 1:11). Quieren agradarle y sienten gozo incluso durante las pruebas de fe. ¿Cómo es posible? Porque saben que siendo fieles probarán que Satanás es un mentiroso y complacerán a su Padre celestial (Proverbios 27:11; Santiago 1:2, 3).

11, 12. a) Explique qué recomienda Pablo que hagamos con nuestras “facultades perceptivas”, y qué significado tiene el verbo traducido “entrenadas”. b) ¿Qué preparación tiene que recibir el cuerpo para madurar y alcanzar la mayor destreza física?

11 La madurez espiritual se consigue únicamente con la práctica. Así lo indica el siguiente versículo: “El alimento sólido pertenece a [las] personas maduras, a los que mediante el uso tienen sus facultades perceptivas entrenadas para distinguir tanto lo correcto como lo incorrecto” (Hebreos 5:14). Pablo señala que las facultades de percepción espiritual tienen que ser “entrenadas”. Y utiliza un verbo griego que en el siglo I debía de ser habitual en los gimnasios de Grecia, ya que literalmente significa “ejercitadas como un gimnasta”. Veamos ahora qué implica esta preparación.

A fuerza de práctica, el gimnasta adiestra su cuerpo

12 Nadie nace sabiendo controlar el cuerpo. Los bebés apenas logran percibir dónde están sus extremidades, no coordinan bien los brazos y hasta se dan golpes en la cara, reaccionando con sorpresa y molestia. Pero poco a poco, al ir usando el cuerpo, logran dominarlo: primero gatean, luego dan sus primeros pasos y con el tiempo terminan correteando. * El progreso máximo que alcanza un ser  humano se observa en los gimnastas. Cuando los vemos haciendo piruetas y giros en el aire con exquisita gracia y precisión, no nos queda duda de que les falta poco para ser máquinas perfectas. Pero esa maestría no es casualidad: han sido necesarias muchas horas de ejercicios. La Biblia reconoce que la educación física “ayuda a que todo el cuerpo esté sano”, aunque subraya que es mucho más útil adiestrar las facultades de percepción espiritual (1 Timoteo 4:8, Traducción en lenguaje actual).

13. ¿Cómo podemos entrenar las facultades perceptivas?

13 En este libro hemos visto muchos puntos que nos ayudan a ejercitar nuestras facultades de discernimiento a fin de ser personas espirituales y fieles a Jehová. Día a día, antes de tomar decisiones, examinemos a la luz de la oración los principios y las leyes de Dios. Preguntémonos: “¿Qué leyes o principios bíblicos tienen relación con este caso? ¿Cómo puedo aplicarlos? ¿Le gustará a mi Padre celestial lo que pienso hacer?” (Proverbios 3:5, 6; Santiago 1:5). Si adoptamos la costumbre de hacernos este examen, iremos entrenando las facultades perceptivas. Así lograremos madurar y mantener una actitud verdaderamente espiritual.

14. Para crecer espiritualmente, ¿qué apetito hay que abrir y qué actitud debemos evitar?

14 Aunque hayamos alcanzado la madurez espiritual, nuestro desarrollo debe continuar. Para no estancarnos, es esencial vigilar la nutrición. Ya vimos que, como señaló Pablo, “el alimento sólido pertenece a [las] personas maduras”. De modo que para que la fe se fortalezca, debemos  tener una alimentación espiritual adecuada. Además, hay que adquirir sabiduría, o sea, aprender a poner en práctica el conocimiento. Y eso es muy importante, pues, como muestra la Biblia, “la sabiduría es la cosa principal”. Por lo tanto, abramos el apetito por las maravillosas verdades que nos enseña nuestro Padre (Proverbios 4:5-7; 1 Pedro 2:2). Sin embargo, por mucho conocimiento y sabiduría que tengamos, no hay razón para presumir ni creernos más que nadie. De tiempo en tiempo debemos asegurarnos de que el orgullo u otras debilidades no estén apoderándose de nuestro corazón. De hecho, Pablo recomienda que nos pongamos “a prueba para ver si est[amos] en la fe” y examinemos “lo que [nosotros] mismos [somos]” (2 Corintios 13:5).

15. ¿Por qué es indispensable el amor para seguir creciendo espiritualmente?

15 Cuando se termina una casa, hay que darle mantenimiento e incluso ampliarla si las circunstancias lo requieren. Y con la espiritualidad pasa lo mismo. ¿Qué necesitamos para mantenerla en buen estado y lograr que crezca? Sobre todas las cosas, amor. Efectivamente, el amor por Jehová y por los hermanos debe ser cada día más fuerte. Si no tuviéramos esta cualidad, todos nuestros conocimientos y obras serían tan solo mucho ruido y pocas nueces (1 Corintios 13:1-3). No hay duda: el amor es la clave de la madurez y el crecimiento espiritual.

CENTRADOS EN LA ESPERANZA QUE DA JEHOVÁ

16. ¿Qué actitudes infunde Satanás, y qué protección nos da Jehová?

16 Veamos el tercer aspecto de la construcción espiritual. Para edificar una auténtica personalidad cristiana, hay que vigilar nuestra forma de pensar. Satanás, el gobernante de este mundo, es especialista en infundir actitudes negativas, pesimistas, desconfiadas y desesperadas (Efesios 2:2). Y esas actitudes son tan peligrosas para nosotros como una plaga de carcoma, o polilla, para una casa de madera. Pero, gracias  a Jehová, contamos con una protección garantizada: la esperanza.

17. ¿Con qué símbolo se muestra en la Biblia la importancia de la esperanza?

17 La Biblia presenta “la esperanza de la salvación” como una defensa esencial en la lucha contra Satanás y su mundo. Concretamente, la compara al yelmo, o casco, de una armadura (1 Tesalonicenses 5:8). El soldado de tiempos bíblicos solía usar un casco de metal, colocado sobre un gorro de fieltro o cuero, para que los golpes rebotaran y causaran menos daño; sabía que si salía a luchar sin llevarlo puesto, tendría las horas contadas. Pues bien, al igual que esta pieza resguarda la cabeza, la esperanza protege nuestros pensamientos.

18, 19. ¿Cómo demostró Jesús lo que significa mantener la esperanza, y cómo podemos imitarlo?

18 Jesús demostró a la perfección qué significa mantener la esperanza. Recordemos todo lo que sufrió la última noche que estuvo vivo en la Tierra. Uno de sus amigos íntimos lo traicionó por dinero. Otro dijo públicamente que ni lo conocía. Y los demás lo abandonaron y salieron huyendo. Sus propios compatriotas se volvieron contra él y pidieron a gritos que muriera torturado a manos de los soldados romanos. No es arriesgado afirmar que soportó pruebas mucho más difíciles que las que afrontaremos nosotros. ¿Qué le permitió salir airoso? Hebreos 12:2 responde: “Por el gozo que fue puesto delante de él aguantó un madero de tormento, despreciando la vergüenza, y se ha sentado a la diestra del trono de Dios”. Como vemos, nunca perdió de vista “el gozo que fue puesto delante de él”.

19 Pero ¿qué gozo era ese? El de saber lo que iba a lograr manteniéndose fiel: contribuir a la santificación del sagrado nombre de Dios y proporcionar la prueba suprema de que Satanás es un mentiroso. ¡Ninguna esperanza podía  alegrar más a Jesús! Además, sabía que dentro de poco su Padre celestial lo recompensaría con creces y le dejaría disfrutar de nuevo de su maravillosa compañía. En los momentos más difíciles, Jesús se aferró a esa gozosa esperanza. Y nosotros debemos hacer lo mismo. Jamás olvidemos el gozo que, como en el caso de Jesús, Jehová pone ante nosotros. Él nos dignifica con el privilegio de colaborar en la santificación de su ilustre nombre y probar que Satanás miente. ¿Cómo podemos hacerlo? Aferrándonos a nuestro Padre como Soberano y manteniéndonos al amparo de su amor, vengan las pruebas que vengan.

20. ¿Qué nos ayudará a mantener la actitud positiva y no caer en la desesperanza?

20 Jehová no solo está dispuesto a recompensar nuestra fidelidad, sino que esta ansioso de hacerlo (Isaías 30:18; Malaquías 3:10). Le encanta conceder a sus siervos todo lo que anhelan en justicia (Salmo 37:4). Por eso, centrémonos en la esperanza que tenemos por delante. Nunca adoptemos las actitudes negativas, corruptas y retorcidas del viejo mundo de Satanás. Si notamos que se nos están contagiando, pidamos con fervor a Jehová que nos dé “la paz [...] que supera a todo pensamiento”, la cual protegerá nuestro corazón y nuestras facultades mentales (Filipenses 4:6, 7).

21, 22. a) ¿Qué gloriosa esperanza tiene la “gran muchedumbre”? b) ¿Qué valora usted más de su esperanza cristiana, y qué firme decisión debe adoptar?

 21 ¡Qué esperanza tan maravillosa tenemos! Si formamos parte de la “gran muchedumbre”, la cual saldrá de “la gran tribulación”, pensemos en todo lo que nos espera (Revelación 7:9, 14). Es difícil imaginar lo aliviados que nos sentiremos al vernos libres del influjo de Satanás y sus demonios. A fin de cuentas, ¿quién ha vivido libre de las tentaciones del Diablo? Cuando desaparezcan las presiones satánicas, será una delicia transformar la Tierra en un paraíso bajo la dirección de Cristo y de los 144.000 que gobernarán con él desde el cielo. ¡Y cuánto deseamos ver eliminadas las enfermedades, recibir a nuestros seres queridos cuando resuciten y disfrutar de una vida tan agradable como Dios quería originalmente! Cuando estemos cerca de la perfección, estaremos a un paso de alcanzar una recompensa aún mayor: “la gloriosa libertad de los hijos de Dios” (Romanos 8:21).

22 Jehová desea que usted se beneficie de la mayor libertad imaginable. Y el camino de la verdadera libertad pasa por la obediencia. Por eso, ¿verdad que vale la pena esforzarse día a día por obedecer a Jehová? Entonces, ¡siga edificándose sobre su santísima fe a fin de mantenerse en el amor de Dios por toda la eternidad!

^ párr. 12 Los científicos emplean el término propiocepción. ¿En qué consiste? Es un sentido especial que permite al cuerpo saber la posición que ocupa en el espacio y la ubicación de sus extremidades. Gracias a él podemos hacer cosas como aplaudir con los ojos cerrados. Si este sentido se trastorna cuando somos adultos, quizá no consigamos ponernos en pie, caminar o incluso sentarnos derechos.