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Testigos de Jehová

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LOS JÓVENES PREGUNTAN

¿Deberíamos romper? (Primera parte)

A veces esa es la mejor opción. Mira lo que le pasó a Julia. Ella relata: “Al principio me gustaba que mi novio siempre quisiera saber dónde estaba, qué hacía y con quién andaba. Pero llegó un momento en que no me dejaba estar con nadie. Hasta de mi familia sentía celos, sobre todo de mi padre. Cuando rompí con él, me quité un gran peso de encima”.

Sara tuvo una experiencia parecida. Empezó a ver que su novio, Juan, era sarcástico, exigente y maleducado. Ella cuenta: “Un día llegó a mi casa tres horas tarde. Cuando mi mamá le abrió la puerta, ni siquiera la saludó; solo me dijo: ‘¡Vamos! Es tarde’. ¡Encima de que se retrasa, me viene a apurar a mí! Como mínimo, tendría que haberme pedido disculpas y dado una explicación. Pero lo peor fue cómo trató a mi mamá”.

¿Sabes qué hizo Sara? Puso fin a su noviazgo, y no solo por aquel incidente. Uno no rompe una relación solo porque el otro haga o diga algo desconsiderado alguna vez (Salmo 130:3). Sara rompió con su novio porque se dio cuenta de que esa era su costumbre.

Y tú, ¿qué harás si tu novio o novia tiene defectos que pudieran causar graves problemas en el matrimonio? Por favor, no cierres los ojos a la realidad. Aunque te cueste admitirlo, quizá lo mejor sería terminar la relación. Proverbios 22:3 dice: “Sagaz es el que ha visto la calamidad y procede a ocultarse”.

Obviamente, es más fácil decirlo que hacerlo. Sin embargo, recuerda que el matrimonio es una unión permanente, así que es mejor sufrir un poco ahora que arrepentirte el resto de tu vida.

 

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