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Testigos de Jehová

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LOS JÓVENES PREGUNTAN

¿Estoy listo para irme de casa?

Al crear a los primeros seres humanos, Dios estableció que los hijos adultos dejarían a sus padres y formarían su propia familia (Génesis 2:23, 24; Marcos 10:7, 8). Ahora bien, ¿de veras estás listo para dar ese paso? A fin de averiguarlo, debes hacerte tres importantes preguntas.

 ¿Por qué quiero irme?

A continuación hallarás una lista de razones para independizarse. ¿Cuáles son las más importantes para ti?

  • Huir de los problemas de casa

  • Tener más libertad

  • Quedar bien ante los amigos

  • Ayudar a un amigo que necesita compartir casa

  • Trabajar de voluntario en otro lugar

  • Aprender a vivir por cuenta propia

  • No ser una carga económica para nadie

  • Otras razones

Estas razones no son necesariamente malas. Todo depende de cuál es tu verdadero motivo para irte de casa. Por ejemplo, si lo que en realidad buscas es que nadie te ponga límites, es probable que te lleves una gran sorpresa

Fíjate en el caso de Daniela, quien estuvo viviendo un tiempo por su cuenta cuando tenía 20 años. ¿A qué conclusión llegó? “Es imposible vivir sin restricciones —admite—. El horario de trabajo y el presupuesto te limitan mucho cuando vives por tu cuenta.” Así pues, no te precipites a marcharte de tu casa solo porque otros te hayan dicho que te irá mejor (Proverbios 29:20).

 ¿Estoy preparado?

Independizarse es como irse a acampar. Antes de hacerlo, tienes que desarrollar ciertas habilidades para valerte por ti mismo

Vivir por tu cuenta es como irte a acampar a la montaña. ¿Verdad que no se te ocurriría hacerlo si no sabes armar una tienda de campaña, encender un fuego, preparar una comida o leer un mapa? Pues eso es lo que hacen muchos cuando se van a vivir solos sin saber hacerse cargo de una casa.

Un rey de la antigüedad, Salomón, dijo que “la gente sabia piensa bien antes de actuar” (Proverbios 14:15, Traducción en lenguaje actual [TLA]). Por eso, antes de que decidas marcharte de casa, piensa bien si tienes que mejorar en alguno de los siguientes aspectos:

Administrar el dinero. “Nunca he tenido que hacer pagos de nada —dice Serena, de 19 años—. Me da miedo irme de casa y tener que administrar mi propio dinero.” Y tú, ¿cómo puedes aprender a seguir un presupuesto?

Según Proverbios 1:5, la persona sensata “escucha y absorbe más instrucción”. Quizás puedas pedirles a tus padres algunas sugerencias. Por ejemplo, pregúntales cuánto necesitaría una persona al mes para costear gastos como el alquiler o la hipoteca, la comida, el mantenimiento de un automóvil o el uso de otros medios de transporte. Ellos también pueden explicarte cómo elaborar un presupuesto y pagar las facturas.

Cumplir con las tareas del hogar. A Bruno, de 17 años, lo que más le preocupa de irse de casa es tener que lavarse la ropa. Y tú, ¿puedes arreglártelas solo? Para averiguarlo, puedes seguir la sugerencia de Aron, de 20 años: “Prueba durante una semana. Haz tus propias compras, paga con tu dinero y cocínate tu comida; lava y plancha la ropa que uses; encárgate de la limpieza de tu habitación, y trata de llegar a los sitios sin depender de que alguien te lleve o te vaya a buscar”. De este modo conseguirás dos cosas: primero, aprenderás destrezas básicas para poder independizarte y, segundo, agradecerás más lo que hacen tus padres.

Mantener buenas relaciones personales. Si no te llevas muy bien con tus hermanos y tus padres, puede que pienses que lo mejor sería irte a vivir con un amigo. En tal caso, fíjate en lo que cuenta Eva, de 18 años: “Dos amigas mías decidieron compartir un apartamento. Aunque eran muy buenas amigas, se dieron cuenta de que no podían vivir juntas. Una era muy ordenada, y la otra, nada; una tenía muchas metas espirituales, y la otra, no tantas. Al final, no funcionó”.

Entonces, ¿cuál es la solución? Érica, que tiene 18 años, dice: “La vida con tu familia te enseña a relacionarte mejor con los demás. Entre otras cosas, aprendes a ceder y a resolver problemas. He observado que quienes se van de su casa para no discutir con sus padres no aprenden a enfrentarse a los problemas, sino a huir de ellos”.

Seguir un programa de actividades espirituales. Algunos jóvenes se independizan porque están cansados de las actividades cristianas de sus padres. Otros se van con toda la intención de mantener un buen programa de estudio personal de la Biblia y de servicio a Dios, pero enseguida ese deseo comienza a enfriarse, desarrollan malos hábitos y dejan que su fe, por así decirlo, naufrague (1 Timoteo 1:19). ¿Cómo puedes evitar que eso te suceda a ti?

Estudia regularmente la Biblia y no descuides la asistencia a las reuniones cristianas ni la predicación. Prepárate un programa con la ayuda de un calendario, y luego prueba a ver si puedes cumplirlo durante un mes sin que tus padres estén encima de ti.

 ¿Qué quiero conseguir?

¿Quieres marcharte de casa para huir de los problemas? ¿Estás cansado de que te pidan cuenta de tus acciones? Si así es, estás centrándote solo en lo que te interesa dejar atrás. Es como si quisieras conducir un automóvil con la vista fija en el espejo retrovisor: estás tan preocupado por escapar de lo que tienes detrás que no ves lo que tienes delante. Así que, en vez de pensar solo en irte, piensa en adónde quieres llegar. Ponte una meta, algo que valga la pena.

Sea cual sea tu objetivo, piénsalo bien. Como dice la Biblia: “Cuando las cosas se piensan bien, el resultado es provechoso. Cuando se hacen a la carrera, el resultado es desastroso” (Proverbios 21:5, TLA). También escucha a tus padres (Proverbios 23:22). Pide a Dios que te guíe y toma en cuenta los principios bíblicos mencionados aquí.

La verdadera cuestión no es si estás listo para irte de casa de tus padres, sino si estás listo para independizarte y hacerte cargo de un hogar. Si así es, tal vez ya puedas volar del nido.