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De visita en un inmenso desierto blanco

De visita en un inmenso desierto blanco

 Carta de Noruega

De visita en un inmenso desierto blanco

ES UNA mañana de principios de invierno, y echamos un vistazo entre las cortinas para ver qué tiempo hace. ¡Qué ilusión sentimos al contemplar el despejado cielo azul! Mi esposa y yo pasaremos tres días predicando en Finnmarksvidda, una gran altiplanicie montañosa al norte del círculo polar ártico.

Como en Noruega hace mucho frío en invierno, nos inquieta un poco ir al nevado desierto del norte. Menos mal que viajaremos con tres testigos de Jehová que viven en la zona. Ellos saben a qué podríamos enfrentarnos y nos han orientado bien.

En esta región hay pocas carreteras. Así que para llegar a los habitantes de estos apartados parajes, lo mejor es desplazarnos en motos de nieve. Cargamos las motos y el trineo con ropa, comida y combustible extra. Frente a nosotros se extiende la blanca meseta, tan inmensa que no alcanzamos a ver sus bordes. La nieve brilla como diamantes al sol, y la belleza del paisaje nos deja extasiados.

Finnmarksvidda es el hogar de renos, alces, linces, liebres, zorros y glotones, así como de una pequeña población de osos. Pero lo que más anhelamos es visitar a los habitantes de estas tierras tan remotas, en especial a los sami, un pueblo que se gana la vida pastoreando renos o trabajando en los refugios de montaña.

Fuera del primer refugio que encontramos, hay un grupo de jóvenes estudiantes que están practicando esquí de fondo. Se detienen para charlar con nosotros y nos preguntan qué nos trajo hasta aquí. Por supuesto, les explicamos con mucho gusto que queremos hablar con los lugareños de la Biblia. Y cuando nos despedimos, uno de ellos exclama: “¡Que tengan éxito!”. Reanudamos nuestro camino atravesando grandes lagos helados y el blanco páramo. ¿Veremos algún rebaño de renos?

Al aproximarnos a una casita, un señor nos saluda con cordialidad. Es uno de los pocos residentes permanentes de esta zona. Cuando se da cuenta de que nuestro trineo se ha dañado, tiene la bondad de ofrecerse a repararlo. Claro, la gente de aquí no tiene prisa, así que él se toma su tiempo y nos contagia su tranquilidad. Después de arreglarnos el trineo, le damos las  gracias y le mostramos con la Biblia algunas razones por las que Dios permite el sufrimiento. Nos escucha con atención y acepta el libro ¿Qué enseña realmente la Biblia? y las revistas La Atalaya y ¡Despertad! Cuando nos vamos, sonríe y nos dice: “Gracias por haber venido”.

Después de hacer unas cuantas visitas más, comienza a caer la tarde, por lo que nos dirigimos a la cabaña donde pasaremos la noche. De repente vemos un zorro: su rojo y brillante pelaje contrasta con la blanca nieve. Se detiene apenas un instante para mirarnos con curiosidad y luego se aleja. Como comienza a nevar, es difícil orientarse. ¡Qué alivio cuando por fin avistamos la cabaña! Encendemos el fuego, y el lugar se calienta poco a poco. Después de una larga jornada dando tumbos en la moto de nieve, estamos agotados pero contentos.

Tras una noche demasiado corta volvemos a cargar las motos. Descendemos a las tierras bajas, seguimos el curso de un río y llegamos a otro refugio de montaña. Allí encontramos a un joven con quien conversamos sobre varias enseñanzas bíblicas animadoras. Después, él nos indica amablemente la forma más sencilla de regresar al camino.

Comienza el último día de nuestra visita. Al llegar al Parque Nacional de Stabbursdalen, se abre ante nosotros un fascinante paisaje con lejanas montañas nevadas brillando al sol. De pronto vemos un gran rebaño de renos alimentándose plácidamente. Con sus anchas pezuñas escarban en la nieve en busca de líquenes y musgo que comer. Más allá está un pastor sami, sentado en su moto de nieve, vigilándolos con tranquilidad. Un perro cuida del rebaño y lo mantiene unido. Por un momento se queda quieto y olfatea en nuestra dirección. Pero de inmediato vuelve a su trabajo. Aprovechamos la oportunidad para predicar al amigable pastor, que nos escucha con atención.

De vuelta a casa pensamos en todas las personas que hemos conocido en este viaje de 300 kilómetros (200 millas). Nos sentimos honrados por haber aportado nuestro granito de arena al llevar el mensaje bíblico a los habitantes de este inmenso desierto blanco.

[Reconocimiento de la página 15]

© Norway Post