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Verdadera libertad para los mayas

Verdadera libertad para los mayas

 Verdadera libertad para los mayas

CASI todo el mundo ha oído hablar de los mayas. De hecho, todos los años llegan miles de turistas a la península de Yucatán (México) para ver con sus propios ojos las espectaculares pirámides de Chichén Itzá y Cobá, entre otras. Ahora bien, el pueblo maya no se destacó solo por sus formidables obras de ingeniería, sino también por sus avances en el campo de la escritura, las matemáticas y la astronomía. Por ejemplo, inventaron un complejo sistema de escritura jeroglífica, desarrollaron el concepto del cero y crearon un calendario de 365 días que incluía correcciones parecidas a las de los años bisiestos.

Sin embargo, cuando nos fijamos en sus creencias religiosas, esta avanzada civilización ofrece una imagen mucho menos atractiva. Para empezar, era un pueblo politeísta que adoraba todo tipo de cosas, como el Sol, la Luna, la lluvia y el maíz. Además, guiados por la superstición, los sacerdotes observaban los astros en busca de interpretaciones ocultas. Durante sus ritos quemaban incienso, empleaban imágenes y practicaban la automutilación, así como otras ceremonias sangrientas. También realizaban sacrificios humanos, particularmente de prisioneros, esclavos y niños.

La llegada de los conquistadores españoles

Esta fue la compleja civilización que encontraron los españoles cuando llegaron a principios del siglo XVI. Los conquistadores tenían dos objetivos: por un lado, adquirir tierras y riquezas; y por otro, convertir a los mayas al catolicismo para liberarlos de sus sanguinarias costumbres paganas. Ahora bien, ¿obtuvo el pueblo maya verdadera libertad?

Desde tiempos inmemoriales, los mayas cultivaban sus tierras comunales mediante el tradicional método de tala y quema. Sin embargo, los conquistadores —acompañados por miembros del clero católico— se apoderaron de dichas tierras, así como de los cenotes, unos enormes pozos de gran profundidad que constituían casi la única fuente de agua dulce en Yucatán. La penosa situación en que quedaron los nativos alimentó en ellos un fuerte sentimiento de hostilidad hacia los españoles. Para empeorar las cosas, la Iglesia les impuso un tributo  anual —de doce reales y medio a los hombres y nueve a las mujeres—, * que debían añadir al ya de por sí elevado impuesto del gobierno colonial. Para sacar provecho de la situación, los hacendados españoles pagaban a la Iglesia el impuesto de los indígenas y luego los obligaban a saldar la deuda trabajando para ellos. De esta forma, prácticamente los convirtieron en esclavos.

Los sacerdotes católicos, por su parte, también les exigían dinero por servicios como bautismos, bodas y entierros. Estos ingresos, sumados a las tierras de las que se apropiaban y los tributos que cobraban, reportaron enormes riquezas a la Iglesia. Por otro lado, como a los indígenas se los consideraba supersticiosos e ignorantes por naturaleza, las autoridades religiosas y civiles no dudaban en azotarlos para mantener el orden y liberarlos de sus supersticiones.

La guerra de Castas

En un principio, los mayas reaccionaron rehusando pagar el impuesto a la Iglesia y sacando a sus hijos de las escuelas católicas, así como negándose a asistir a la catequesis y a trabajar en las haciendas. Pero eso no hizo más que empeorar el trato que recibían. En 1847, después de trescientos años de dominación española, los indígenas se rebelaron contra los “blancos” y estalló lo que se conoce como la guerra de Castas.

Los líderes rebeldes solían reunirse junto a un oráculo llamado la Cruz Parlante, una imagen empleada por un ventrílocuo para animar a los mayas a luchar hasta la muerte. Pero la guerra fue un desastre para ellos. Para cuando terminó oficialmente, en 1853, había muerto un 40% de los nativos de la península de Yucatán. Con todo, las hostilidades no cesaron por completo sino hasta cincuenta y cinco años después. Finalmente, los mayas lograron liberarse de la dominación española, y las tierras fueron redistribuidas. Ahora bien, ¿obtuvieron al mismo tiempo la libertad religiosa?

La verdadera libertad no llega

Ni la introducción del catolicismo por parte de los españoles ni la guerra de Castas trajeron auténtica libertad a los mayas. De hecho, la mayoría profesa hoy una forma de sincretismo religioso, una fusión de creencias prehispánicas y tradiciones de la Iglesia Católica.

El libro Los mayas: 3000 años de civilización señala que, en la actualidad, “los mayas veneran a sus antiguos dioses de la naturaleza y a sus antepasados en los campos, las cuevas y las montañas, [...] y al mismo tiempo adoran a los santos católicos en las iglesias”. Equiparan al dios Quetzalcóatl —o Kukulcán— con Jesús, y a la diosa de la Luna con la virgen María. También han sustituido el culto a la ceiba (un árbol considerado sagrado) con la veneración de la cruz. No obstante, ese antiguo culto todavía ejerce mucha influencia, pues los mayas riegan la cruz como si fuera un árbol y la decoran con flores de ceiba. Y a diferencia de la cruz católica tradicional, la suya no tiene una representación de Jesús.

Por fin llega la auténtica liberación

En los últimos años, los testigos de Jehová han realizado en México una extensa campaña de educación bíblica entre los mayas. A fin de ayudarlos a comprender el propósito de Dios para la humanidad, han puesto a su disposición publicaciones bíblicas —como esta revista— traducidas a su propio idioma. ¿Cuáles han sido los resultados? Al momento de escribir este artículo, en la península de Yucatán había unos seis mil seiscientos predicadores de las buenas nuevas del Reino, distribuidos en 241 congregaciones. ¿Les ha resultado fácil liberarse de sus creencias tradicionales y abrazar la verdad bíblica?

Para muchos no ha sido tan sencillo. Marcelino y su esposa, Margarita, son un buen ejemplo  de esto. Ellos se consideraban católicos devotos y todos los años le rendían homenaje a la cruz llevándola de la iglesia a su casa. Allí hacían sacrificios de animales, que luego comían en compañía de sus familiares y amigos. Un día, los testigos de Jehová los visitaron y comenzaron un curso bíblico con ellos. “Sabíamos que estábamos aprendiendo la verdad —cuentan—, pero teníamos miedo de que los espíritus nos atacaran si abandonábamos nuestras creencias.” A pesar de todo, siguieron estudiando. “Poco a poco, la verdad de la Biblia nos llegó al corazón —dice Marcelino—. Eso nos dio valor para contarles a nuestros familiares y amigos lo que estábamos aprendiendo. Ahora somos muy felices, pues nos hemos liberado de las supersticiones. Ya no somos sus esclavos. Solo nos arrepentimos de no haber comenzado antes a estudiar. Para recuperar el tiempo perdido, llevamos el hermoso mensaje de la Palabra de Dios a todos los que podemos.”

Alfonso, de 73 años, también era un católico devoto. Se encargaba de organizar las fiestas religiosas de su pueblo, que incluían misas, bailes, abundante comida y bebida, e incluso corridas de toros. “Las celebraciones no siempre terminaban bien —explica—, pues la gente se emborrachaba y casi siempre había peleas.” Aunque esas fiestas le agradaban, él reconoce: “Sentía que a mi religión le faltaba algo”. Por eso, cuando los testigos de Jehová le predicaron, aceptó estudiar con ellos. Y a pesar de su delicada salud, comenzó a asistir a las reuniones en el Salón del Reino. Alfonso ha dejado atrás sus anteriores prácticas religiosas y ahora aprovecha toda oportunidad para hablar de su nueva fe con quienes lo visitan en su hogar.

Casos como estos demuestran que los mayas están experimentando una auténtica liberación religiosa. Ellos descienden de los constructores de las impresionantes pirámides de Yucatán. Hablan el mismo idioma que sus antepasados y viven de forma muy parecida, en chozas con paredes de cañas y barro, y techo de hojas de palma. Incluso continúan cultivando maíz y algodón mediante su antiguo método de tala y quema. Pero hay algo que sí está cambiando: gracias a la verdad de la Palabra de Dios, por fin se están liberando de las supersticiones y las mentiras religiosas. Sin duda, los mayas aprecian de corazón estas famosas palabras de Jesús: “Conocerán la verdad, y la verdad los libertará” (Juan 8:32).

[Nota]

^ párr. 6 El real es una antigua moneda española.

[Mapa de la página 13]

(Para ver el texto en su formato original, consulte la publicación)

Zona de influencia de la antigua cultura maya

Golfo de México

MÉXICO

Península de Yucatán

Chichén Itzá

Cobá

BELICE

GUATEMALA

HONDURAS

EL SALVADOR

[Ilustración de la página 13]

Ruinas de Chichén Itzá

[Ilustración de la página 15]

Marcelino y Margarita predicando en Yucatán