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 De nuestros archivos

“El mejor mensaje que jamás se haya oído”

“El mejor mensaje que jamás se haya oído”

EN 1923, George Naish se encontraba en un arsenal en Saskatoon, en la provincia de Saskatchewan (Canadá). Señalando a una pila de troncos de 18 metros (60 pies) de largo, preguntó: “¿Para qué son?”. Le dijeron que se habían empleado para construir torres de señales durante la primera guerra mundial. Tiempo después, el hermano Naish explicó: “Se me ocurrió que podrían servirnos para construir torres de radio, y así nació la idea de crear una emisora teocrática”. En 1924 salió a las ondas una de las primeras estaciones de radio religiosas de Canadá: el canal CHUC.

(1) Emisora en Edmonton (Alberta) (2) Hermano encargado del sistema eléctrico del transmisor en Toronto (Ontario)

Siendo un país tan grande —casi tanto como toda Europa⁠—, Canadá era un lugar ideal para predicar por la radio. Florence Johnson, que trabajó en la estación que había en Saskatoon, dijo: “Gracias a nuestros programas pudimos llevarles la verdad a muchas personas a las que no podíamos llegar personalmente. Como en aquel tiempo la radio era una novedad, la gente estaba ansiosa por escuchar todo lo que se emitía”. Para 1926, los Estudiantes de la Biblia (como se conocía entonces a los testigos de Jehová) dirigían sus propias cadenas de radio en cuatro ciudades del país. *

(3) Estudio de la cadena CHUC en Saskatoon (Saskatchewan)

¿Qué se escuchaba en estas emisoras? Entre otras cosas, canciones que los hermanos de la congregación local interpretaban acompañados de músicos o pequeñas orquestas. También se daban sermones y se realizaban tertulias bíblicas. Amy Jones, que participó en aquellos coloquios, recuerda: “Cuando iba predicando y me presentaba, algunas personas me decían: ‘Ah, sí, usted es la de la radio’”.

“Llamaban tantos radioyentes que casi saturaban la emisora”

En Halifax (Nueva Escocia), los Estudiantes de la Biblia se valieron de un formato muy innovador para la época: un espacio radiofónico en el que los oyentes podían llamar y hacer preguntas bíblicas en directo. Un hermano escribió: “La respuesta a este tipo de programas fue formidable. Llamaban tantos radioyentes que casi saturaban la emisora”.

 Al igual que en tiempos del apóstol Pablo, las personas reaccionaron de formas muy diversas al mensaje (Hech. 17:1-5). A algunos les gustaba lo que escuchaban. Por ejemplo, cuando Hector Marshall oyó hablar por la radio de los Estudios de las Escrituras, pidió seis volúmenes. Según explicó más tarde, creía que aquellos libros le servirían para dar clases en la escuela dominical. Sin embargo, para cuando terminó de leer el primer volumen ya había decidido dejar su iglesia. Llegó a ser un celoso evangelizador y sirvió fielmente a Jehová hasta su muerte en 1998. En el este de Nueva Escocia, un coronel del ejército llamado John A. MacDonald escuchó el discurso “El Reino, la esperanza del mundo”. Al día siguiente, le dijo a un hermano: “Los habitantes de Cabo Bretón escucharon ayer el mejor mensaje que jamás se haya oído en esta parte del mundo”.

Pero no todos respondieron bien. Por ejemplo, el clero se puso furioso. En Halifax, unos católicos amenazaron con volar por los aires la estación desde la que los Estudiantes de la Biblia transmitían sus programas. Los líderes religiosos presionaron al gobierno y, en 1928, este anunció por sorpresa que no renovaría las licencias de emisión a los Estudiantes de la Biblia. Como respuesta a esta injusticia, los hermanos distribuyeron unos impresos titulados Who Owns the Air? (¿Quién es el dueño de las ondas?). No obstante, no lograron que los funcionarios del gobierno cambiaran de opinión.

Pero eso no desanimó al pequeño grupo de siervos de Jehová de Canadá. Isabel Wainwright contó: “Desde luego, a primera vista parecía una gran victoria del enemigo. Pero yo sabía que, de haber encajado con su propósito, Jehová lo habría impedido. Aquel suceso debía significar que teníamos que utilizar otra forma aún más importante de publicar las buenas nuevas del Reino”. En lugar de utilizar principalmente la radio para su predicación, los Estudiantes de la Biblia de Canadá comenzaron a concentrarse en visitar en persona los hogares de la gente. En cualquier caso, hubo una época en la que la radio fue un poderoso instrumento para difundir “el mejor mensaje que jamás se haya oído”. (De nuestros archivos en Canadá.)

^ párr. 4 Los hermanos de Canadá también compraron tiempo en emisoras comerciales para predicar por la radio.