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La cooperación facilita el progreso espiritual

La cooperación facilita el progreso espiritual

 La cooperación facilita el progreso espiritual

EL ESPÍRITU de cooperación es algo básico para quienes desean que su familia progrese en sentido espiritual. Cuando Jehová creó a la primera pareja, enfatizó la necesidad de colaborar: Eva debía ser el “complemento” o ayudante de Adán (Gén. 2:18). Así que el matrimonio sería una sociedad en la que el hombre y la mujer tendrían que apoyarse mutuamente (Ecl. 4:9-12). También se requiere cooperación para que los padres y los hijos puedan cumplir el papel que les asigna Jehová.

Adoración en familia

Barry y Heidi tienen cinco hijos y han comprobado lo valiosa que es la cooperación para conseguir que su estudio de familia sea regular y los ayude a progresar. Barry explica: “De vez en cuando les doy a los niños asignaciones sencillas para el estudio de familia. Por ejemplo, les pido que preparen comentarios basados en artículos de ¡Despertad! También realizamos sesiones de práctica para el ministerio del campo a fin de que cada niño tenga una presentación preparada”. Heidi añade: “Todos tenemos nuestra propia lista de las metas espirituales que queremos alcanzar y la revisamos de vez en cuando durante el estudio para ver los progresos que vamos haciendo”. Esta pareja también ha visto útil programar noches sin televisión para que toda la familia lea tranquilamente.

Reuniones de congregación

Mike y Denise criaron a cuatro hijos. ¿Cómo benefició a su familia la cooperación? Mike cuenta: “A veces fracasaban hasta los mejores planes para llegar a tiempo a las reuniones, pero descubrimos que era posible lograrlo si todos colaborábamos”. Denise explica: “Cuando los niños eran pequeños, les asignábamos tareas. Por ejemplo, nuestra hija Kim ayudaba a cocinar y poner la mesa”. Su hijo Michael recuerda: “Los martes por la noche había una reunión de congregación en casa. Así que poníamos la habitación en orden, pasábamos el aspirador y colocábamos las sillas”. Matthew, otro de los hijos, añade: “Papá se aseguraba de volver pronto del trabajo las noches de reunión y se encargaba de que estuviéramos preparados”. ¿Cuáles han sido los resultados?

El esfuerzo merece la pena

Mike relata: “Denise y yo empezamos el precursorado en 1987, cuando tres de nuestros hijos aún vivían en casa. Nuestra hija y uno de los chicos también se hicieron precursores, y los otros han participado en algunas obras de construcción en Betel. Además, nuestra familia ha experimentado la alegría de haber ayudado a cuarenta personas a dedicarse y bautizarse. También hemos tenido el privilegio de trabajar juntos en obras de construcción teocráticas, incluso en el extranjero”.

Sin duda alguna, merece la pena esforzarse por cooperar. ¿Se le ocurren otras formas en que su familia puede hacerlo? De seguro, el espíritu de cooperación ayudará a los suyos a seguir progresando en sentido espiritual.

[Ilustración de la página 28]

Las sesiones de práctica facilitan el progreso en el ministerio del campo