Ir al contenido

Ir al índice

Amemos al Dios que nos ama

Amemos al Dios que nos ama

 Amemos al Dios que nos ama

“Tienes que amar a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente.” (MATEO 22:37.)

1, 2. ¿Qué pudo haber motivado la pregunta de cuál era el mandamiento más grande?

POR lo visto, entre los fariseos contemporáneos de Jesús se discutía con apasionamiento la siguiente cuestión: ¿cuál era el mandamiento más significativo de los 600 que formaban la Ley de Moisés? ¿Sería alguna disposición sobre los sacrificios? A fin de cuentas, estos eran un medio para recibir el perdón de los pecados y dar gracias a Dios. ¿O tendría la máxima relevancia la circuncisión? Este precepto también era fundamental, pues la circuncisión constituía la señal del pacto de Jehová con Abrahán (Génesis 17:9-13).

2 Por otro lado, parece que los más conservadores razonaban que sería un error destacar un solo mandato, pues todos eran importantes, aunque algunos dieran la impresión de serlo menos. En fin, los fariseos decidieron plantearle a Jesús esta polémica cuestión, tal vez esperando que su respuesta le hiciera perder credibilidad. Uno de ellos se le acercó y le preguntó: “¿Cuál es el mandamiento más grande de la Ley?” (Mateo 22:34-36).

3. ¿Cuál dijo Jesús que era el mandamiento más grande?

3 La contestación que dio Jesús reviste enorme interés para nosotros. Con ella resumió lo que siempre ha sido y será la esencia de la religión verdadera. Citando de Deuteronomio 6:5, dijo: “‘Tienes que amar a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente’. Este es el más grande y el primer mandamiento”. Aunque el fariseo le había preguntado por un único mandamiento, Jesús mencionó otro, citándole de Levítico 19:18: “El segundo, semejante a él, es este: ‘Tienes que amar a tu prójimo como a ti mismo’”. Luego, adelantándose a la posibilidad de que le pidieran que clasificara los preceptos restantes por orden de importancia, señaló que ambos mandamientos resumían toda la adoración pura: “De estos dos mandamientos pende toda la Ley, y los Profetas” (Mateo 22:37-40). En este artículo vamos a analizar el mayor de ellos. ¿Por qué debemos sentir amor por Dios? ¿Cómo lo demostramos? ¿Cómo llegamos a tenerlo? Es vital que sepamos contestar estas preguntas, dado que para agradar a Jehová hay que amarlo con todo el corazón, alma y mente.

La importancia del amor

4, 5. a) ¿Por qué no se sorprendió el fariseo al oír la respuesta de Jesús? b) ¿Qué tiene más valor para Dios que los sacrificios y ofrendas?

4 Nada indica que el fariseo que formuló la pregunta se quedara atónito o siquiera un poco asombrado con la respuesta de Jesús. Sabía que, aunque muchos no la estuvieran cumpliendo, la obligación fundamental de los adoradores verdaderos era amar a Dios.  En las sinagogas se recitaba la shemá, confesión de fe que incluía Deuteronomio 6:4-9, el mismo pasaje que citó Jesús. Según el relato paralelo de Marcos, el fariseo añadió: “Maestro, bien dijiste de acuerdo con la verdad: ‘Uno Solo es Él, y no hay otro fuera de Él’; y esto de amarlo con todo el corazón y con todo el entendimiento y con todas las fuerzas, y esto de amar al prójimo como a uno mismo, vale mucho más que todos los holocaustos y sacrificios” (Marcos 12:32, 33).

5 Ciertamente, aunque Dios pedía en la Ley que sus siervos le hicieran holocaustos y otros sacrificios, le interesaba mucho más que tuvieran el corazón lleno de amor. Para él era más valioso un gorrión ofrecido con cariño y devoción, que miles de carneros presentados con malos motivos (Miqueas 6:6-8). Recordemos a la viuda pobre que Jesús observó en el templo de Jerusalén: las dos moneditas que echó en el arca de la tesorería no alcanzaban ni para comprar un simple gorrión, pero demostraban profundo amor a Jehová y significaban más para él que las grandes ofrendas de quienes andaban sobrados de dinero (Marcos 12:41-44). ¡Qué alentador es saber que lo que más valora Jehová es algo que todos podemos darle: nuestro amor!

6. ¿Cómo destacó Pablo lo significativo que es el amor?

6 El apóstol Pablo destacó lo significativo que es el amor en la adoración verdadera al escribir: “Si hablo en las lenguas de los hombres y de los ángeles, pero no tengo amor, he venido a ser un pedazo de bronce sonante o un címbalo estruendoso. Y si tengo el don de profetizar y estoy enterado de todos los secretos sagrados y de todo el conocimiento, y si tengo toda la fe como para trasladar montañas, pero no tengo amor, nada soy. Y si doy todos mis bienes para alimentar a otros, y si entrego mi cuerpo, para jactarme, pero no tengo amor, de nada absolutamente me aprovecha” (1 Corintios 13:1-3). Es obvio que el amor es imprescindible para que Dios acepte nuestro servicio. El punto es: ¿cómo demostramos amor a Jehová?

Cómo demostramos amor a Jehová

7, 8. ¿Cómo demostramos que amamos a Jehová?

7 Muchos creen que el amor es una emoción casi incontrolable; por ello hablan de “caer en sus redes” y cosas semejantes. Pero el amor de verdad no es solo un sentimiento. El elemento que lo distingue y define es la acción, no la emoción. La Biblia llama a este amor el “camino sobrepujante” o “más excelente”, e invita a los cristianos a que “sigan” tras él y a que no lo muestren “de palabra ni con la lengua, sino en hecho y verdad” (1 Corintios 12:31, Nueva Versión Internacional; 14:1; 1 Juan 3:18).

8 El amor a Dios nos mueve a hacer lo que a él le agrada y a defender su soberanía tanto con nuestras palabras como con nuestros actos. También nos impulsa a rechazar el mundo y su conducta anticristiana (1 Juan 2:15, 16). Si amamos a Dios, odiaremos lo que es malo (Salmo 97:10). Y también amaremos al prójimo, como veremos en el artículo siguiente. Además, obedeceremos a Dios, pues la Biblia hace esta aclaración: “Esto es lo que el amor de Dios significa: que observemos sus mandamientos” (1 Juan 5:3).

9. ¿Cómo demostró Jesús que amaba a Dios?

9 Jesús ejemplificó a la perfección lo que implica el amor de Dios. Ese amor lo llevó a abandonar el cielo y venirse a la Tierra a vivir como hombre, glorificando a su Padre con todo lo que hacía y enseñaba, y manteniéndose “obediente hasta la muerte” (Filipenses 2:8). Con esa obediencia no solo manifestó su amor, sino que abrió el camino para que las personas fieles sean consideradas justas por Dios, tal como indicó Pablo: “Mediante la desobediencia del solo hombre [Adán] muchos fueron constituidos pecadores, así mismo, también, mediante la obediencia de  la sola persona [Jesucristo] muchos serán constituidos justos” (Romanos 5:19).

10. ¿Por qué tiene que ser obediente quien ama a Dios?

10 Nosotros, como Jesús, también obedecemos a Dios y de este modo damos prueba de que lo amamos. Recordamos lo que escribió Juan, el discípulo amado de Jesús: “Esto es lo que el amor significa: que sigamos andando según sus mandamientos” (2 Juan 6). Quienes aman de verdad a Jehová anhelan que él los guíe. Reconocen que solos no pueden encaminar bien sus pasos, y por ello confían en la sabiduría de Dios y se someten a su amorosa dirección (Jeremías 10:23). Son como los judíos de noble disposición de la antigua Berea, que aceptaron con “prontitud de ánimo” el mensaje de Dios, deseosos de hacer su voluntad (Hechos 17:11). Por eso, examinaron con cuidado las Escrituras para entender mejor la voluntad de Dios, lo que les permitió seguir dando pasos para obedecerle y demostrarle así amor.

11. ¿Cómo están implicados en el amor a Dios el corazón, la mente, el alma y las fuerzas?

11 Como indicó Jesús, en el amor a Dios están implicados el corazón, la mente, el alma y las fuerzas (Marcos 12:30). Este amor sin duda procede del corazón —la sede de nuestros sentimientos, deseos y más íntimos pensamientos— y nos infunde el ferviente anhelo de agradar a Jehová. Pero este amor también abarca la mente, pues la devoción a Dios no es irracional, sino que se basa en el conocimiento de él y de sus cualidades, normas y propósitos. Por último, el amor a Dios exige que, a fin de servirle y alabarlo, usemos el alma —es decir, la totalidad de nuestra vida y ser— y también el conjunto de nuestras fuerzas.

Razones para amar a Jehová

12. ¿Por qué nos pide Dios que lo amemos?

12 Una razón para amar a Jehová es que nos pide que imitemos sus cualidades, y él es la fuente y ejemplo máximo del amor. Como bien indicó el apóstol Juan por inspiración, “Dios es amor” (1 Juan 4:8). Dado que él nos creó a su imagen y semejanza, estamos dotados con la capacidad de amar. Además, él ha fundado su propia soberanía en el amor. Desea que sus súbditos le sirvamos porque lo amamos y porque apreciamos su justo gobierno. En realidad, el amor es esencial para que reinen la paz y la armonía en el universo.

13. a) ¿Por qué tenían que obedecer los israelitas el mandato: “Tienes que amar a Jehová tu Dios”? b) ¿Por qué es natural que Jehová espere que lo amemos?

13 Otra razón para amar a Jehová es que agradecemos lo que ha hecho a favor nuestro. Recordemos lo que dijo Jesús a los judíos: “Tienes que amar a Jehová tu Dios”. No tenían que amar a una divinidad distante y desconocida, sino a la Persona que les había demostrado amor. Jehová era el Dios suyo, el Dios que los había sacado de Egipto y llevado a la Tierra Prometida, los había protegido y cuidado tiernamente, y los había disciplinado con cariño. Hoy, de igual modo, Jehová es el Dios nuestro, el Dios que entregó a su Hijo como rescate para que tengamos vida eterna. Por lo tanto, es muy natural que él desee que le correspondamos. Así, nuestro amor nace en respuesta al de Jehová; tenemos que amar al Dios que nos ama, sí, a quien “nos amó primero” (1 Juan 4:19).

14. ¿En qué sentido es el amor de Jehová comparable al de los padres cariñosos?

14 El amor de Jehová por la humanidad es comparable al que muestran los padres cariñosos. Aunque son imperfectos, luchan durante años para cuidar a sus hijos, lo cual les exige sacrificios materiales y de todo tipo. Los educan, animan, apoyan y corrigen porque quieren que sean felices y les vaya bien en la vida. ¿Qué esperan a cambio? Que los amen y que tomen muy en serio las lecciones que les dan para su bien. ¿No es, entonces, natural que nuestro Padre celestial, perfecto como es,  espere que le demostremos amor y gratitud por todo lo que hace por nosotros?

Cultivemos amor a Dios

15. ¿Cuál es el primer paso para cultivar el amor a Dios?

15 Lo cierto es que ninguno de nosotros hemos visto a Dios ni escuchado su voz (Juan 1:18). Aun así, él nos invita a ser sus amigos (Santiago 4:8). ¿Cómo es posible lograrlo? El primer paso para amar a alguien es ir conociéndolo, pues difícilmente vamos a querer a alguien del que sabemos poco. Pues bien, Jehová nos dejó su Palabra, la Biblia, para que adquiramos conocimiento de él. Por este motivo, nos anima mediante su organización a ser constantes en su lectura. En sus páginas aprendemos de Dios, sus cualidades, su personalidad y su relación con su pueblo a lo largo de milenios. Si meditamos en todas estas cosas, llegaremos a comprender y amar a Jehová cada día más (Romanos 15:4).

16. ¿Cómo contribuye la meditación sobre el ministerio de Jesús a que crezca nuestro amor por Jehová?

 16 Para seguir cultivando el amor por Jehová, es fundamental meditar sobre la vida y ministerio de Jesús, quien reflejó a tal grado la personalidad de su Padre, que pudo decir: “El que me ha visto a mí ha visto al Padre también” (Juan 14:9). Así, al pensar en la compasión de Jesús cuando resucitó al hijo único de una viuda, nos embarga la emoción, ¿no es cierto? (Lucas 7:11-15.) Y al recordar que él —siendo como era el propio Hijo de Dios y el hombre más grande de todos los tiempos— tuvo la humildad de lavarles los pies a sus discípulos, ¿verdad que quedamos admirados? (Juan 13:3-5.) Igualmente, al examinar el hecho de que el hombre más importante y sabio de la historia estaba dispuesto a atender a todo el mundo, sin excluir a los niños, nos sentimos conmovidos (Marcos 10:13, 14). Cuando reflexionamos con aprecio en estas cosas, llegamos a ser como los cristianos acerca de los cuales escribió Pedro: “Aunque [a Jesús] ustedes nunca lo vieron, lo aman” (1 Pedro 1:8). Y al ir creciendo el amor por él, también crece el amor por Jehová.

17, 18. ¿En qué amorosas dádivas podemos meditar a fin de cultivar el amor a Jehová?

17 Otra forma de cultivar el amor a Dios es meditar en las innumerables dádivas que amorosamente hace para nuestro disfrute, como la hermosa creación, los variados y deliciosos alimentos y la grata compañía de los buenos amigos (Hechos 14:17). Cuanto mejor conozcamos a Jehová, más razones tendremos para agradecerle su infinita bondad y generosidad. Pensemos en todo lo que ha hecho por cada uno de nosotros. ¿Verdad que merece que lo amemos?

18 Entre las incontables dádivas divinas figura también la oportunidad de dirigirnos al “Oidor de la oración” en cualquier momento, con la seguridad de que seremos escuchados (Salmo 65:2). Jehová ha delegado en su Hijo amado las labores de rey y juez, pero no ha dejado a nadie —ni siquiera a su Hijo— a cargo de las oraciones, sino que las atiende él mismo. Sin duda, el afectuoso interés de Jehová por cada uno de nosotros nos atrae irresistiblemente a él.

19. ¿Qué promesas de Jehová nos atraen a él?

19 También nos sentimos más cerca de Jehová cuando meditamos en todo lo que tiene preparado para el hombre. Promete eliminar la enfermedad, la tristeza y la muerte (Revelación [Apocalipsis] 21:3, 4). Cuando la humanidad recupere la perfección, nadie padecerá desánimo ni depresión, ni tampoco habrá hambre, miseria, guerra ni tragedias de ningún tipo (Salmo 46:9; 72:16). Y la Tierra se convertirá en un paraíso (Lucas 23:43). Jehová no nos dará estas bendiciones porque esté obligado a hacerlo, sino porque nos ama.

20. Según Moisés, ¿cómo nos beneficia amar a Jehová?

20 Por lo tanto, tenemos poderosas razones para sentirnos cada día más apegados a Dios. ¿Seguiremos cultivando amor por Jehová y dejando que él nos dirija? Es una decisión que compete a cada uno de nosotros. En la antigüedad, Moisés señaló los beneficios de fortalecer continuamente este amor cuando exhortó al pueblo de Israel: “Tienes que escoger la vida a fin de que te mantengas vivo, tú y tu prole, amando a Jehová tu Dios, escuchando su voz y adhiriéndote a él; porque él es tu vida y la longitud de tus días” (Deuteronomio 30:19, 20).

¿Recuerda usted?

• ¿Por qué es esencial que amemos a Jehová?

• ¿Cómo demostramos amor a Dios?

• ¿Qué razones tenemos para amar a Jehová?

• ¿Cómo cultivamos el amor a Dios?

[Preguntas del estudio]

[Ilustración de la página 20]

Lo que más valora Jehová es algo que todos podemos darle: nuestro amor

[Ilustraciones de la página 23]

“El que me ha visto a mí ha visto al Padre también.” (Juan 14:9)