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Los beneficios de buscar los valores espirituales

Los beneficios de buscar los valores espirituales

 Los beneficios de buscar los valores espirituales

“Un simple amador de la plata no estará satisfecho con plata, ni ningún amador de la riqueza con los ingresos.” (Eclesiastés 5:10.)

TRABAJAR en exceso puede producir estrés, el cual genera a su vez problemas de salud que en ocasiones provocan la muerte. En muchos países, el divorcio divide a las familias. Con demasiada frecuencia, este tipo de tragedias son fruto de una preocupación excesiva por los bienes materiales. En vez de disfrutar de lo que tiene, la persona que vive absorta en adquirir posesiones siempre quiere más, cueste lo que cueste. Un libro de autoayuda indica: “No ser menos que el vecino es el deporte nacional, sin importar que el vecino sea un adicto al trabajo que corre el peligro de padecer un ataque al corazón en cuanto pase de los 40 años”.

El afán de acumular bienes puede volverse insaciable y robarnos la alegría de vivir. Hay una fuerza poderosa que a menudo se aprovecha de nuestras debilidades humanas: la publicidad. Los programas de televisión están saturados de anuncios que insisten en que compremos artículos que probablemente  no necesitemos y que quizás ni siquiera podamos permitirnos, con todas las repercusiones negativas que ello suele acarrear.

Satisfacer nuestros caprichos de forma incontrolada puede afectarnos de un modo sutil pero devastador, tanto en sentido físico como moral. Por ejemplo, el sabio rey Salomón hizo la siguiente observación: “Un corazón calmado es la vida del organismo de carne” (Proverbios 14:30). En contraste, el esfuerzo excesivo, la ansiedad y las presiones de obtener prosperidad económica quizás logren acabar con la salud y la felicidad. Si el materialismo domina a la persona, sus relaciones con los demás se ven afectadas, y cuando su entorno social y familiar se deteriora, también disminuye su calidad de vida.

La superioridad de los valores espirituales

Mucho tiempo atrás, el apóstol Pablo dio esta amonestación: “Cesen de amoldarse a este sistema de cosas” (Romanos 12:2). El mundo ama a quienes se rigen por sus valores (Juan 15:19). Busca apelar a nuestros sentidos —vista, tacto, gusto, olfato y oído— a fin de que adoptemos un estilo de vida materialista. Da énfasis al “deseo de los ojos” para que todos vayamos en busca de las ganancias materiales (1 Juan 2:15-17).

Pero hay valores mucho más importantes que el dinero, la prominencia y la riqueza. Hace siglos, el rey Salomón acumuló todo lo que el mundo ofrecía en sentido material. Construyó casas y tuvo jardines, huertos, sirvientes, ganado, cantores y cantoras, además de oro y plata en abundancia. La fortuna de Salomón superó con creces la de cualquiera de sus antecesores. Decir que era rico es quedarse corto: fue un hombre que tuvo prácticamente todo lo que pudiera desearse. Sin embargo, tras repasar sus logros dijo: “Todo era vanidad y un esforzarse tras viento” (Eclesiastés 2:1-11).

Gracias a la sabiduría superior que Salomón tuvo el privilegio de obtener, supo que el mayor logro proviene de la búsqueda de valores espirituales. Por ello escribió: “La conclusión del asunto, habiéndose oído todo, es: Teme al Dios verdadero y guarda sus mandamientos. Porque este es todo el deber del hombre” (Eclesiastés 12:13).

Más valioso que el oro o la plata es el tesoro que se puede hallar en las páginas de la Palabra de Dios, la Biblia (Proverbios 16:16). En su interior hay verdades profundas, semejantes a joyas, a la espera de que usted las descubra. ¿Las buscará y desenterrará? (Proverbios 2:1-6.) Nuestro Creador, la fuente de los auténticos valores, lo anima a hacerlo y lo ayudará. ¿Cómo?

Jehová suministra verdades valiosísimas mediante su Palabra, su espíritu y su organización (Salmo 1:1-3; Isaías 48:17, 18; Mateo 24:45-47;  1 Corintios 2:10). Examinar estos singulares tesoros de valor incalculable nos da la oportunidad de decidir inteligentemente cuál es el mejor modo de vivir y el más gratificante. Dicha elección no será difícil, pues Jehová, nuestro Creador, sabe lo que necesitamos para ser verdaderamente felices.

La Biblia fomenta los valores más elevados

Los sabios consejos de la Biblia no tienen comparación. Las normas morales por las que aboga son insuperables. Sus recomendaciones son siempre provechosas, y han resistido la prueba del tiempo. Algunos consejos bíblicos sensatos son trabajar duro, ser honrado, usar el dinero sabiamente y no ser perezoso (Proverbios 6:6-8; 20:23; 31:16).

Siguiendo esa misma línea, Jesús recomendó: “Dejen de acumular para sí tesoros sobre la tierra, donde la polilla y el moho consumen, y donde ladrones entran por fuerza y hurtan. Más bien, acumulen para sí tesoros en el cielo, donde ni polilla ni moho consumen, y donde ladrones no entran por fuerza y hurtan” (Mateo 6:19, 20).

Ese oportuno consejo es tan válido hoy en día como lo fue hace dos mil años. En vez de vernos entrampados por el afán de conseguir riquezas, tenemos la posibilidad de beneficiarnos de seguir un modo de vida superior. La clave está en acumular tesoros espirituales, que llevan a una vida de verdadera felicidad y satisfacción. ¿Cómo lograrlo? Leyendo la Palabra de Dios, la Biblia, y poniendo en práctica sus enseñanzas.

Los valores espirituales y sus recompensas

Cuando nos regimos por valores espirituales, obtenemos beneficios físicos, emocionales y espirituales. Tal como la capa de ozono de la atmósfera terrestre nos sirve de escudo contra los rayos solares dañinos, los principios morales sólidos nos protegen al exponer los efectos peligrosos del materialismo. El apóstol cristiano Pablo escribió: “Los que están resueltos a ser ricos caen en tentación y en un lazo y en muchos deseos insensatos y perjudiciales, que precipitan a los hombres en destrucción y ruina. Porque el amor al dinero es raíz de toda suerte de cosas perjudiciales, y, procurando realizar este amor, algunos han sido descarriados de la fe y se han acribillado con muchos dolores” (1 Timoteo 6:9, 10).

La persona materialista pretende conseguir más dinero, posición y poder. Con mucha frecuencia recurre a medios tortuosos y fraudulentos para lograr dicho objetivo. La búsqueda de riquezas le roba tiempo, fuerzas y aptitudes, e incluso el sueño (Eclesiastés 5:12). No hay duda de que el afán de tener más supone un obstáculo para el progreso espiritual. El hombre más grande de todos los tiempos, Jesucristo, señaló claramente cuál era el mejor camino: “Felices son los que tienen conciencia de su necesidad espiritual” (Mateo 5:3). Sabía que las riquezas espirituales producen recompensas permanentes y son mucho más importantes que las ganancias materiales pasajeras (Lucas 12:13-31).

 ¿Sirve realmente de algo?

“Mis padres trataron por todos los medios de convencerme de que los valores espirituales no eran prácticos —recuerda Greg—; sin embargo, las metas espirituales me han proporcionado una enorme serenidad, pues no sufro el estrés de competir por la riqueza.”

Además, los valores espirituales sirven para mejorar las relaciones interpersonales. Los amigos verdaderos se sienten atraídos a uno por lo que es, no por lo que tiene. La Biblia afirma: “Quien con sabios anda, a pensar aprende” (Proverbios 13:20, Traducción en lenguaje actual). Además, el éxito de la vida familiar se basa en la sabiduría y en el amor, no en las posesiones (Efesios 5:22–6:4).

Los valores no son innatos; debemos aprenderlos de nuestros semejantes o de una fuente superior. Por eso, la educación bíblica puede transformar toda nuestra perspectiva con respecto a los bienes materiales. Don, que anteriormente era banquero, asegura: “Aprendí a replantearme mis valores y a estar contento con lo básico”.

Busque riquezas espirituales duraderas

Los valores espirituales ponen de relieve las recompensas a largo alcance, no la gratificación a corto plazo. Pablo escribió: “Las cosas que se ven [las materiales] son temporales, pero las que no se ven [las espirituales] son eternas” (2 Corintios 4:18). Es cierto que las metas materialistas pueden satisfacer deseos momentáneos. Pero mientras que la codicia no tiene futuro, los valores espirituales son eternos (Proverbios 11:4; 1 Corintios 6:9, 10).

La Biblia condena el enfoque materialista que tanto abunda en estos tiempos. Nos enseña  a controlar los apetitos egoístas mediante mantener el ojo sencillo, fijando la vista en lo más importante: las riquezas espirituales (Filipenses 1:10). Revela que la codicia es pura egolatría. Cuando ponemos en práctica lo que aprendemos en la Palabra de Dios, somos más felices. Dejamos de pensar en recibir para concentrarnos en dar. ¡Qué incentivo tan poderoso para reemplazar la autocomplacencia por los valores espirituales!

Es verdad que, hasta cierto grado, el dinero puede ser una protección (Eclesiastés 7:12). Pero la Biblia asegura de forma realista: “En un abrir y cerrar de ojos se disipa [el dinero]; de pronto le nacen alas y vuela como el águila hasta el cielo” (Proverbios 23:5, Biblia del nuevo milenio). La gente ha sacrificado muchas cosas en el altar del materialismo: salud, familia, incluso una buena conciencia, con desastrosas consecuencias. Por otra parte, la espiritualidad satisface nuestras necesidades más importantes como son amar, tener propósito en la vida y adorar al Dios amoroso, Jehová. Además, nos conduce hacia el camino a la vida eterna en perfección en una Tierra paradisíaca, la esperanza que Dios nos brinda.

Pronto, el anhelo humano de prosperidad se verá completamente satisfecho en el nuevo mundo de Dios (Salmo 145:16). En ese momento, toda la Tierra estará “llena del conocimiento de Jehová” (Isaías 11:9). Los valores espirituales florecerán, y tanto el materialismo como sus secuelas serán completamente erradicados (2 Pedro 3:13). Entonces, las cosas que hacen que la vida merezca la pena muchísimo más —salud perfecta, trabajo satisfactorio, entretenimiento sano, relaciones familiares cálidas y amistad duradera con Dios— traerán verdadera felicidad a la humanidad para siempre.

[Ilustración y recuadro de la página 6]

Emplee su dinero sabiamente

Reconozca cuáles son sus verdaderas necesidades. Jesús nos enseñó a orar: “Danos nuestro pan para el día según la necesidad del día” (Lucas 11:3). No permita que los deseos de hoy se conviertan en las necesidades de mañana. Recuerde que la vida no depende de lo que uno posee (Lucas 12:16-21).

Elabore un presupuesto. No ceda al impulso de comprar. La Biblia advierte: “Los planes del diligente propenden de seguro a ventaja, pero todo el que es apresurado se encamina de seguro a la carencia” (Proverbios 21:5). Jesús aconsejó a quienes lo escuchaban que calcularan el costo antes de emprender cualquier proyecto financiero (Lucas 14:28-30).

Evite las deudas innecesarias. Siempre que sea posible, ahorre el dinero que necesita para sus compras, en vez de recurrir al crédito. Un proverbio lo expresa de esta manera: “El que toma prestado es siervo del hombre que hace el préstamo” (Proverbios 22:7). Si ejerce autodominio y se atiene a su presupuesto, incluso podrá planear compras grandes.

Procure no malgastar. Cuide bien de lo que tenga para que dure más, y así reducirá el gasto. Jesús demostró que se preocupaba por no desperdiciar los recursos (Juan 6:10-13).

Establezca prioridades. La persona sabia ‘comprará el tiempo’ para poder dedicarse a metas más importantes (Efesios 5:15, 16).

[Ilustración y recuadro de la página 7]

Algo mejor que aprender por experiencia propia

Las experiencias personales, tanto buenas como malas, pueden enseñarnos lecciones valiosas. Pero ¿es verdad que, como reza el dicho, la experiencia es la madre de la ciencia? No, existe una guía superior. El salmista la identificó cuando dijo en oración: “Tu palabra es una lámpara para mi pie, y una luz para mi vereda” (Salmo 119:105).

¿Por qué es mucho mejor dejar que Dios nos instruya, en vez de aprender por experiencia propia? En primer lugar, porque aprender solo por experiencia, es decir, a fuerza de equivocarse, puede costar caro y a la vez ser doloroso, además de innecesario. Dios dijo a la antigua nación de Israel: “¡Oh, si realmente prestaras atención a mis mandamientos! Entonces tu paz llegaría a ser justamente como un río, y tu justicia como las olas del mar” (Isaías 48:18).

Otra de las razones por las que la Palabra de Dios se destaca como fuente de instrucción es que contiene el relato más antiguo y preciso de la experiencia humana. Probablemente reconozca que aprender de los triunfos y los fracasos de los demás es preferible a pasar por la dolorosa experiencia de repetir sus errores (1 Corintios 10:6-11). Más importante aún, Dios nos suministra en la Biblia un magnífico conjunto de leyes y principios guiadores que son totalmente confiables. “La ley de Jehová es perfecta [...]. El recordatorio de Jehová es fidedigno, hace sabio al inexperto.” (Salmo 19:7.) De seguro, la mejor manera de aprender es recurriendo a nuestro sabio y amoroso Creador.

[Ilustraciones de la página 4]

El mundo quiere que usted adopte su estilo de vida materialista

[Ilustración de la página 5]

El tesoro que se puede hallar en la Biblia es de mucho más valor que el oro o la plata