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 OBSERVANDO EL MUNDO

Hablemos de Europa

Hablemos de Europa

A pesar de su pasado profundamente religioso, en Europa la religión ya no ocupa un lugar importante en la vida de la gente. Sin embargo, noticias recientes de este continente tienen una asombrosa relación con la Biblia.

La voz de la madre

Investigadores en Milán (Italia) descubrieron que la salud de los bebés prematuros mejora mucho al escuchar la voz materna. Mientras unos recién nacidos estaban en el hospital, les colocaron un dispositivo en la muñeca que reproducía las voces de sus madres. Esto permitía que los bebés sintieran la voz de su mamá como cuando estaban en el vientre. La conclusión de este estudio fue que “la exposición temprana a la voz materna tiene un efecto positivo en los bebés prematuros”.

LO QUE DICE LA BIBLIA: “Me he calmado; me he tranquilizado como se tranquiliza un niño cuando su madre le da el pecho” (Salmo 131:2, Traducción en lenguaje actual).

Niños creídos

Según un estudio con 565 niños de los Países Bajos, los niños a quienes sus padres describieron como “mejores que otros” y que merecen “un trato especial” son más arrogantes y se creen superiores a los demás. “Los niños les creen a sus padres cuando les dicen que son mejores que otros —comenta uno de los autores del estudio—. Eso no les hace bien ni a ellos ni a la sociedad.”

LO QUE DICE LA BIBLIA: “Ninguno se crea mejor de lo que realmente es. Sean realistas al evaluarse a ustedes mismos” (Romanos 12:3, Nueva Traducción Viviente).

Optimistas a los 100 años de edad

A pesar de los achaques y las limitaciones propias de la edad, las personas que llegan a los 100 años tienen un fuerte deseo de vivir. Así lo informan investigadores de la Universidad de Heidelberg (Alemania). En una encuesta que llevaron a cabo con personas centenarias, 3 de cada 4 se aferraban a la vida y trataban de sacarle el máximo provecho. Alcanzaban sus objetivos, eran optimistas, creían que la vida tiene sentido y conservaban sus valores religiosos y éticos.

PARA PENSAR: En vista de lo que dice Eclesiastés 3:11, ¿qué demuestra nuestro deseo natural de seguir viviendo?