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 Los jóvenes preguntan

¿Por qué mis padres no me comprenden?

¿Por qué mis padres no me comprenden?

IMAGINA LA SIGUIENTE ESCENA

Son las seis de la tarde de un viernes. Daniel, de 17 años, se dirige a toda prisa hacia la puerta de la casa. “¡Vuelvo en un rato!”, les dice apresuradamente a sus padres, esperando que olviden hacerle la pregunta de siempre.

Ya debería saber que eso nunca ocurre.

—¿A qué hora vuelves, Dani? —le pregunta su madre.

Daniel frena en seco. “Mmm... no sé... —dice titubeando— pero no hace falta que me esperen despiertos, ¿eh?” Abre la puerta y está a punto de escaparse cuando su padre le dice: “¡Alto ahí, Daniel!”.

Daniel se queda congelado de nuevo y escucha a su padre decir con voz severa: “Te quiero de vuelta a las diez en punto. Esa es la regla y sabes que no hay excepciones”.

—¡Pero, papá! —rezonga Daniel—. ¿Sabes la vergüenza que me da decirles a mis amigos que tengo que estar tan temprano en casa?

—¡Diez en punto! —repite su padre, inflexible—. ¡Y no hay pero que valga!

¿HAS estado alguna vez en una situación así? Trátese de la hora de llegada, la música, los amigos o la ropa, tus padres han impuesto las reglas y no están dispuestos a ceder. Mira estos casos:

“Cuando mi madre se casó, mi padrastro me prohibió toda la música que me gustaba. ¡Tuve que tirar todos mis CD!” (Brandon.) *

 “Mi madre me critica por no tener amigos. Pero cuando le pido permiso para salir con alguien, me dice que no porque no conoce a la persona. ¡Es desesperante!” (Carol.)

“Mi papá y mi madrastra no me dejan usar camisetas a menos que sean una talla más grande que la mía. ¡Y mi papá insiste en que los shorts son demasiado cortos si me quedan por encima de la rodilla!” (Serena.)

¿Qué puedes hacer si tus padres y tú ven un asunto de manera distinta? ¿Podrías hablar del tema con ellos? “Por lo general, mis padres no quieren escucharme”, asegura Joanne, de 17 años. Amy, de 15, dice: “Si veo que no me están entendiendo, me callo”.

No te rindas tan rápido. Es probable que tus padres estén más dispuestos a escucharte de lo que te imaginas.

Piensa en esto: incluso Dios escucha a las personas cuando le exponen un asunto. Por ejemplo, cuando Moisés le habló en representación de los rebeldes israelitas, atendió su caso (Éxodo 32:7-14; Deuteronomio 9:14, 19).

“Sí, pero mis padres no son como Dios”, dirás tú. Hay que reconocer, además, que no es lo mismo hablar con Jehová sobre el futuro de toda una nación, como hizo Moisés, que tratar de negociar con los padres de uno la hora de llegada. Sin embargo, el principio es el mismo:

Si los argumentos son válidos, es más probable que la autoridad —en este caso, tus padres— esté dispuesta a prestar oído.

La clave está en la manera de presentar los argumentos. Sigue estos pasos y verás lo efectivos que son:

  1. Identifica el problema. Anota el asunto sobre el que tus padres y tú no logran ponerse de acuerdo.

  2.   Reconoce tus sentimientos. Escribe una palabra que describa cómo te hace sentir la actitud de tus padres: enojado, triste, avergonzado, desconfiado... (En la situación imaginaria del comienzo, Daniel dijo que la regla tan estricta de sus padres sobre la hora de llegada lo hacía sentirse avergonzado delante de sus amigos.)

  3. Ponte en el lugar de tus padres. Imagínate que tienes un hijo adolescente que está pasando por la misma situación que anotaste en el punto 1. Si fueras padre, ¿cuál sería tu principal preocupación, y por qué? (En la escena del inicio, es probable que los padres de Daniel tuvieran miedo de que le pasara algo.)

  4. Reevalúa la situación. Hazte las siguientes preguntas:

    “¿Tendrán algo de razón mis padres?”

    “¿Qué puedo hacer para calmar su preocupación?”

  5. Habla del tema con tus padres y busquen soluciones juntos. Si sigues estos pasos y analizas el recuadro “ Cómo comunicarse”, tal vez descubras que puedes tener una conversación madura con ellos. Ese es el tipo de relación que tiene Kellie con sus padres. “Con discutir no ganas nada —asegura ella—; al contrario: siempre sales perdiendo. Mi secreto es hablar del problema con mis papás. Por lo común, encontramos un punto medio que nos deja contentos a todos.”

^ párr. 12 Se han cambiado algunos nombres.