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Las cumbres del clima. ¿Pura palabrería?

Las cumbres del clima. ¿Pura palabrería?

 Las cumbres del clima. ¿Pura palabrería?

“El mundo debe unirse para hacerle frente al cambio climático. Pocos científicos discuten el hecho de que si no hacemos algo, enfrentaremos más sequías, hambrunas y desplazamientos masivos que generarán más conflictos durante décadas.” (Barack Obama, presidente de Estados Unidos)

EN OPINIÓN de algunos científicos, la Tierra está enferma. Tiene fiebre. La temperatura del planeta está acercándose a un punto crítico, llegado el cual —dice el diario británico The Guardian⁠—, el más leve aumento podría “provocar un cambio drástico en el medioambiente que por sí solo desencadene un incremento mucho mayor en las temperaturas del globo”.

¿Cómo se ha llegado hasta aquí? ¿Será irreversible la situación? ¿Tiene el hombre la capacidad para poner remedio al calentamiento global, y no digamos ya a las muchas otras crisis que enfrenta el género humano?

Muchos científicos creen que un factor principal detrás del cambio climático es la acción del hombre, especialmente a partir de la revolución industrial, que trajo aparejado un aumento del consumo de combustibles fósiles, como el carbón y el petróleo. Otro factor es la deforestación incontrolada. Los bosques son los pulmones del planeta y absorben una parte de los gases de efecto invernadero que ocasionan el calentamiento global; pero al talarse grandes extensiones, aumenta la concentración de estos gases en la atmósfera. Con el fin de emprender acciones para combatir el problema, los líderes mundiales han convocado las cumbres del clima.

El Protocolo de Kioto

El Protocolo de Kioto, acuerdo internacional adoptado en 1997, fijó límites a las emisiones de dióxido de carbono. Con su firma, los países de la Unión Europea y otros 37 países industrializados se comprometieron a reducir sus emisiones en un 5%, como promedio, por debajo de los niveles de 1990 durante el lustro comprendido entre 2008 y 2012.

Con todo, el Protocolo de Kioto presentaba graves fisuras. Por ejemplo, Estados Unidos nunca ratificó su adhesión, y grandes países en desarrollo, como China y la India, no quisieron asumir un compromiso concreto. Téngase en cuenta que tan solo Estados Unidos y China son responsables del 40% de las emisiones mundiales de dióxido de carbono.

La Cumbre de Copenhague

El objetivo de esta reunión cumbre, también llamada COP 15, era sustituir el Protocolo de Kioto y fijar nuevas metas de carácter obligatorio a partir de 2012. * Con el fin de hallar maneras para mitigar el problema del cambio climático, los representantes de 192 naciones —incluidos 119 jefes de Estado⁠— se dieron cita en Copenhague (Dinamarca) en diciembre de 2009. Allí se enfrentaron a tres grandes retos.

1. Llegar a acuerdos jurídicamente vinculantes. ¿Aceptarían los países industrializados  los límites de emisión establecidos, y reducirían los grandes países en desarrollo el aumento de sus emisiones?

2. Financiar perpetuamente una solución. Los países en desarrollo necesitarían miles de millones de dólares durante muchos años para mitigar los efectos cada vez más acelerados del calentamiento global y para generar tecnología limpia y respetuosa con el medioambiente.

3. Acordar un mecanismo para la verificación de emisiones. Dicho mecanismo contribuiría a que cada país se mantuviera dentro de los límites fijados. También garantizaría el uso adecuado de los fondos donados a los países en desarrollo.

¿Se cumplieron estos tres retos? Las negociaciones tropezaron con obstáculos tan formidables que incluso parecía imposible llegar a un acuerdo mucho menos ambicioso. A última hora, los líderes de veintiocho países redactaron un documento final llamado Acuerdo de Copenhague, el cual fue aceptado con una fórmula bastante vaga: “La conferencia [...] toma nota del Acuerdo”, según informó el servicio noticioso Reuters. En otras palabras, quedó a la discreción de cada país llevar a cabo su compromiso.

¿Qué sigue ahora?

Se han celebrado más conferencias y se están proyectando otras, pero el escepticismo es generalizado. “El planeta seguirá cocinándose”, escribió en The New York Times Paul Krugman, premio Nobel de Economía. Muy a menudo, los beneficios políticos y económicos a corto plazo pesan más que los factores ambientales de largo plazo, lo que alimenta la actitud de “aquí no pasa nada”. “Si se quiere entender el porqué de la oposición a las medidas sobre el cambio climático, basta con seguir el rastro del dinero”, dijo Krugman. Y añadió que lo que acabó con las iniciativas en su país fueron “los sospechosos de siempre: la codicia y la cobardía [política]”.

El calentamiento global se parece mucho a un huracán. Los meteorólogos pueden medir la intensidad y prever el curso de un huracán con bastante exactitud para beneficio de quienes se hallan en su camino; pero las acciones conjuntas de todos los científicos, políticos y líderes económicos del mundo no pueden detenerlo. Lo mismo parece suceder con el calentamiento global. Este hecho nos trae a la mente las palabras de la Biblia recogidas en Jeremías 10:23: “Al hombre terrestre no le pertenece su camino. No pertenece al hombre que está andando siquiera dirigir su paso”.

El calentamiento global acabará, pero a la manera de Dios

La Biblia nos dice que “el Formador de la tierra y el Hacedor de ella [...] no la creó sencillamente para nada” (Isaías 45:18). También nos asegura que “la tierra permanece para siempre” (Eclesiastés 1:4, Reina-Valera Contemporánea).

En efecto, Dios no permitirá que la Tierra quede en un estado inhabitable. Intervendrá en los asuntos y pondrá fin al fracasado gobierno del hombre y a quienes no tienen consideración por el planeta. Al mismo tiempo, conservará vivos a todos aquellos que lleven una vida moralmente recta y le sirvan con sinceridad. Dice Proverbios 2:21, 22: “Los rectos son los que residirán en la tierra, y los exentos de culpa son los que quedarán en ella. En cuanto a los inicuos, serán cortados de la mismísima tierra; y en cuanto a los traicioneros, serán arrancados de ella”.

[Nota]

^ párr. 10 La Conferencia de las Partes (COP, por sus siglas en inglés) es organizada periódicamente por la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.

[Recuadro de la página 13]

Los gases de efecto invernadero son componentes de la atmósfera que absorben la radiación térmica emitida por la superficie terrestre. Muchos de los gases vertidos a la atmósfera por los procesos industriales modernos son de este tipo, como el dióxido de carbono, los clorofluorocarbonos, el metano y el óxido nitroso. Cada año se liberan más de 25.000 millones de toneladas tan solo de dióxido de carbono. Los informes indican que desde el principio de la era industrial, las concentraciones de dióxido de carbono de la atmósfera han aumentado en un 40%.

[Reconocimientos de la página 12]

Tierra: NASA/The Visible Earth (http://visibleearth.nasa.gov/); Barack Obama: ATTILA KISBENEDEK/AFP/Getty Images